Aunque para muchos sea el pan de cada día los fines de semana, la mezcla de alcohol y cannabináceos (marihuana o hachis) es un tema bastante poco explorado por la ciencia. Lo poco que sabemos es que, ambas drogas se complementan para llegar en tromba al cerebro. Así funciona.

Alcohol y marihuana son dos drogas completamente diferentes en cuanto a sus efectos sobre el organismo. El alcohol funciona como un depresor del sistema nervioso. Nubla el juicio, ralentiza el cuerpo a nivel físico y entorpece las habilidades motoras. El THC, por su parte, activa ciertos neurorreceptores del cerebro que provocan efectos a nivel cognitivo. Entre esos efectos están el déficit de atención, distorsión del sentido del tiempo o la paranoia.

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Ambos efectos no solo se combinan, es que se amplifican mutuamente. Uno de los pocos investigadores que ha estudiado la combinación de alcohol y marihuana es el Doctor Scott Lukas, de la Escuela Médica de Harvard. En un estudio de 2011, Lukas descubrió que la ingesta de alcohol multiplica la velocidad con la que el THC llega al cerebro. Consumir una dosis equivalente a dos chupitos después de haber consumido cannabis multiplica por dos la concentración de THC en la sangre.

Foto: Eskymaks / Shutterstock

El orden de los factores sí altera el producto

La sabiduría popular recomienda consumir marihuana antes de empezar a baber. No al revés, y hay una buena razón para ello. Consumir alcohol antes de fumar marihuana incrementa las posibilidades de sufrir una de las desagradables crisis producidas por intoxicación de cannabis (lo que se conoce popularmente como una pálida). Aunque no se ha descubierto el proceso fisiológico exacto que lo causa, las estadísticas confirman este punto. Beber alcohol antes de consumir marihuana puede causar este desvanecimiento acompañado de mareos, nauseas y vómitos.

Hablando de vómitos, Un estudio de la Universidad Northeastern apunta a un efecto colateral de la marihuana que puede resultar peligroso. El THC es un inhibidor del vómito. Puede parecer una ventaja, pero lo que hace es precisamente impedir que el organismo se deshaga del exceso de alcohol de forma natural cuando la persona está demasiado aturdida para juzgar si esta bebiendo demasiado. A la postre eso aumenta las posibilidades de sufrir un coma etílico.

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El principal problema de juntar ambas sustancias es que la mayor parte de los efectos no se han estudiado y hay un altisimo grado de variabilidad según la persona que lo consume. En algunas personas, la combinación de alcohol y cannabis produce ataques de ansiedad, pánico o paranoia. Otros sufren fuertes ataques de mareos y náuseas. Otros... simplemente lo disfrutan.

Finalmente, hay toda una plétora de posibles efectos a largo plazo relacionados con la memoria. La ingesta excesiva de alcohol interfiere con los receptores del hipocampo que transmiten glutamato. Durante estas interferencias, el alcohol impide que estos receptores funcionen correctamente. El proceso hace que las neuronas creen esteroides que a su vez dificultan la comunicación neuronal. Esto afecta a lo que se conoce como potenciación a largo plazo, un proceso necesario para el aprendizaje y la memoria.

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Esta es la causa de las famosas lagunas de memoria tras una borrachera monumental. Nuevos estudios apuntan a que la marihuana tiene también efectos nocivos sobre la memoria a largo plazo. Mezclar ambas sustancias de manera regular quizá no sea la mejor idea para la integridad de nuestro cerebro. [vía Popular Science, Medical Daily y ZME Science]