Uno de los casos en Uganda. Christine Kihembo/ASTMH & AJTMH

La imagen refleja el problema que sufren algunas personas. Piernas, pies y dedos que se hinchan tanto que no pueden caminar. La piel se espesa y se abre creando úlceras e infecciones. Resulta que un pueblo de Uganda focaliza gran parte de la dolencia. Cuando hallaron la solución se encontraron con un problema más grande.

Ocurrió en el mes de abril de este año: una desconcertante oleada de agricultores de Uganda fueron diagnosticados con una condición dolorosa de la piel. Descrita por la mayoría como una auténtica pesadilla, la zona afectada pedía a gritos la intervención de algún equipo que pudiera encontrar una solución.

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Hasta allí se acercó un equipo de expertos del Ministerio de Salud de Uganda, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Después de revisar la historia médica de 52 de las víctimas, los científicos concluyeron que estaban sufriendo una forma de elefantiasis podoconiosis, lo que también significaba que no se trataba de un brote repentino. Según dijo la investigadora Christine Kihembo, investigadora principal que acudió a la zona:

Imagen: Kihembo

Creemos que las personas pueden haber estado sufriendo la podoconiosis durante décadas. Muchas de las personas afectadas en Uganda occidental probablemente la habían estado sufriendo silenciosamente sin ayuda durante más de 30 años.

El equipo explicó que el “germen” que da origen a la enfermedad es un gusano minúsculo que se aloja dentro de los ganglios linfáticos. Lo más grave de todo es que la podoconiosis se producía por la única forma de subsistencia que tenían la mayoría de ellos. Se trata de una enfermedad causada por caminar repetidamente descalzo en suelos volcánicos.

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Estos espacios contienen diminutos cristales minerales afilados que pueden penetrar en las plantas de los pies. Para muchos de ellos, una vez que estos cristales están bajo la piel, provocaban ciclos repetidos de inflamación. Con el tiempo, la inflamación produce una acumulación de tejido cicatricial que eventualmente bloquea los vasos linfáticos y produce una hinchazón dramática e incapacitante que finaliza en llagas abiertas en las piernas.

La solución y un nuevo problema

Caso de Podoconiosis. Wikimedia Commons

Finalmente, la OMS comunicó que este tipo de elefantiasis está típicamente asociada con la agricultura y años de trabajo descalzo en suelo recién convertido. En ese momento, Christine Kihembo comenzó a entrevistar a más de 40 personas para buscar una pista. Encontró que casi todos tenían algo en común: no usaban zapatos.

En la década de 1970, Ernest Price fue un cirujano británico que vivió en el este de Etiopía. El hombre notó que la gente tenía un alto riesgo para desarrollar una dolencia que producía pies hinchados, piel engrosada y úlcera cuando cultivaban descalzos en tierras de arcilla roja. Price fue el hombre que llamó a la enfermedad podoconiosis, y desde entonces los servicios de salud han focalizado el problema en tres continentes.

Por encima de todos, la enfermedad está muy extendida a lo largo del ecuador en África, con 10 países denunciando casos. Para que nos hagamos una idea, sólo Etiopía tiene al menos un millón de casos y Camerún medio millón.

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Gail Davey, epidemióloga y experta en podoconiosis, cuenta la historia de una niña de 16 años en Etiopía que intentó suicidarse porque sus pies no paraban de hincharse. En ese momento su vida cambió:

La niña sabía el enorme estigma que tendría sobre ella porque estaba desarrollando podoconiosis, que no podía casarse, ni podía ir a la escuela. En ese momento, pensó que no había nada que pudiera ayudar, así que trató de suicidarse. Sabiendo que el gobierno etíope no estaba haciendo nada formal sobre la podoconiosis, me di cuenta de que alguien tenía que hacer algo más.

Davey comenzó a trabajar con organizaciones no gubernamentales en Etiopía y finalmente lanzó Footwork, una organización sin fines de lucro enfocada en tratar y prevenir la enfermedad. Entre las estrategias que han seguido se han asociado con la marca de zapatos TOMS, quienes donan un par de zapatos gratis a los que sufren la enfermedad o similares, por cada par comprados.

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Sin embargo y como explica Davey, regalar un par de zapatos no es suficiente para prevenir esta enfermedad. No es un enfoque sostenible. Hay más de 40 millones de personas en riesgo de podoconiosis en todo el mundo. Y los zapatos se gastan. Los niños crecen, por lo que un par de zapatos por persona no va a detener la podoconiosis de golpe.

Imagen: Wikimedia Commons

La investigadora ha cambiado sus esfuerzos y ahora se centra en enseñar a los agricultores y a sus familias cómo pueden cuidar sus pies y prevenir la podoconiosis. De hecho, hay un paso simple: lavar los pies con agua y jabón cada día.

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Los científicos no están muy seguros de qué forma el suelo volcánico provoca la podoconiosis. Una hipótesis es que la sílice o algún otro mineral en el suelo crea pequeñas aperturas en la piel y hace su camino en el sistema linfático. Entonces el sistema inmune ataca al mineral, creando una respuesta inflamatoria masiva que eventualmente daña los vasos linfáticos.

Esto quiere decir que si se quita el suelo de la piel, se puede prevenir la podoconiosis. El método también puede mejorar la enfermedad una vez que ya ha comenzado, “lavarse los pies y luego envolverlos con vendajes, calcetines y zapatos conduce a una mejora palpable”, dice Davey, “y si ven que sólo lavándolos ya hay un cambio, entonces serán más propensos a poner los zapatos en su lista de necesidades”. [EurekaAlert, NPR]