Fotograma de Pulp Fiction

Cinco, diez o incluso hay quien se toma 20 minutos. Una vez que has terminado el “trabajo”, tiras de la cadena y sigues con tu vida. Sin embargo, el sorprendente viaje de nuestra caca apenas acaba de comenzar. Agárrense los pantalones que vienen curvas.

¿Vives en una zona rural, de campo, o vives en una ciudad? Dependiendo de la zona donde se encuentre la vivienda, el viaje de las heces varía. Por ejemplo, en una zona rural las casas suelen estar conectadas normalmente a una fosa o tanque séptico.

Funcionamiento de una fosa séptica. Wikimedia Commons

Las cosas han cambiado mucho en algo más de 100 años. Antes del siglo XX, los “sistemas sanitarios” típicos vertían aguas residuales sin procesar directamente a los ríos, arroyos y, lo que es peor, a los océanos. Hoy es algo diferente.

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De hecho, si vives en una zona urbana lo más probable es que tu inodoro y el resto de elementos por donde pasa el agua de tu casa (fregaderos, duchas, bañeras, lavaplatos… ) estén enganchados a un sistema de alcantarillado que a su vez alimenta a una planta de tratamiento de aguas residuales.

Así que volviendo al comienzo del viaje de la caca, nada más “desaparecer” de nuestra vista, se mezcla por la tubería con el resto de las aguas residuales que salen de tu vivienda. Del encuentro no se tienen imágenes, pero sabemos que a partir de ahí, el “elemento” y el resto de compañeros pasan a ingresar a la red de alcantarillado que corre hacia el centro de tu calle.

No siempre es así, pero normalmente estamos hablando de un lugar a varios metros por debajo de la superficie de la carretera. En este punto es donde la caca y el resto de desechos de nuestro hogar se encuentran con sus homólogos provenientes de las casas de los vecinos. Un encuentro del que, existiendo imágenes, hemos preferido no mostrarlas por su “dureza”.

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A partir de este punto, la tubería del alcantarillado probablemente se una con otra alcantarilla para formar una todavía más grande. Es difícil hablar de cifras, ya que según la cantidad de veces que se encuentre en la planta de tratamiento de aguas residuales, la red de alcantarillado puede comenzar a unirse para formar tuberías cada vez más grandes.

Para que te hagas una idea, hay un momento donde la tubería podría llegar a tener un diámetro lo suficientemente grande como para pasar un camión.

Tratamiento primario

Imagen: Wikimedia Commons

Aquí nuestras heces tiene mucha compañía, especialmente en invierno y si algún desagüe de lluvias o tormentas se alimenta en el sistema de tu comunidad. Entonces cualquier cosa que pueda ser barrida en los drenajes de la tormenta (zapatos viejos, ramas de árboles, cajas de cartón, animales muertos… ) se puede dirigir a través de las tuberías gigantes hacia la denominada como planta de tratamiento.

No es exactamente igual, pero para que te hagas la idea, se trata de una sala muy parecida a la escena de Star Wars donde quedan atrapados Leia, Han Solo y Luke, el compactador de basura donde casi mueren aplastados.

Hay un problema. Toda esa inmensa basura flotante destruiría el equipo en la planta de tratamiento, por lo que el primer paso es eliminarla de las aguas residuales. ¿Cómo? Dejando que el agua fluya a través de una serie de rejas y barras verticales que atrapan los objetos realmente grandes, dejando que todo lo demás, incluido nuestro “elemento”, siga su curso. En esta fase, los desechos grandes suelen acabar en vertederos.

Un hecho revelador

Planta de tratamiento. Wikimedia Commons

Ahora el viaje comienza a ponerse realmente duro para nuestro “amigo”. Primero, el agua residual fluye a una especie de picadora que hace de gran depósito de basura. Ésta toma todo lo que todavía está en el agua, nuestra caca incluida, y lo tritura en una especie de mantillo licuado que es más fácil de tratar químicamente (y de eliminar). Nuestras heces han dejado de serlo, ahora forman parte de un todo junto al resto de materia sólida de las aguas residuales.

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De ahí parte a una cámara donde los materiales no orgánicos, los que no se pudren como la arena, grava o el sedimento, se depositan en el fondo de la mismas. Más tarde, se eliminan en un vertedero.

El agua residual fluye desde esta cámara a un tanque de sedimentación cerrado, donde se deja reposar por un tiempo para que la materia orgánica que todavía está en el agua pueda depositarse en el fondo de los tanques donde puede ser eliminada.

interior de una alcantarilla visto desde un pozo de acceso. Wikimedia Commons

Algunas plantas usan un tanque de flotación en lugar de un tanque de sedimentación. De esta forma fuerzan la entrada de aire presurizado en las aguas residuales, y luego bombean esta mezcla a un tanque abierto donde las burbujas pueden subir a la superficie.

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A medida que flotan, las burbujas transportan gran cantidad de materia orgánica a la superficie (incluido lo que queda de nuestra “amigo”), lo que hace que sea más fácil su eliminación.

En cualquier caso, cuando las aguas residuales se han procesado, bien a través del tanque de sedimentación, bien a través del tanque de flotación, entonces debería haberse eliminado un 75% de la materia sólida.

La caca reconvertida

Aquí llega un momento estelar del viaje. ¿Qué sucede con toda la materia sólida orgánica, como nuestras heces, que acaban de eliminarse del tanque de sedimentación? Se convierten en fertilizante.

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Este entra en un espesador donde se densa (o se hace más espeso). De ahí pasa a un tanque anaeróbico cerrado denominado digestor. Se trata de un contenedor cerrado, hermético e impermeable, dentro del cual se deposita materia orgánica con determinada dilución con agua.

Las enzimas descomponen la materia sólida en una forma soluble, luego las bacterias productoras de ácido lo fermentan, descomponiéndolo aún más en ácidos orgánicos simples.

Estas bacterias luego convierten los ácidos orgánicos en metano y gases de dióxido de carbono. Todo el proceso de descomposición puede tomar de 10 a 30 días, y durante ese tiempo se reducirá la masa de la materia orgánica en hasta un 60%.

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Finalmente, lo que queda del lodo digerido se bombea a una especie de camas de arena donde se deja secar. Parte del líquido en el lodo se filtra hacia la arena, el resto se evapora en el aire. Sorprendentemente y después de todo este proceso, el material orgánico seco que queda se puede usar como acondicionador del suelo o como fertilizante. Y sí, aquí tienes una prueba más de lo importante que es lavar las verduras antes de comerlas.

El tratamiento secundario

Diagrama del proceso completo. Wikimedia Commons

Hasta ahora hemos hablado del proceso que se ocupa de la materia orgánica, la parte conocida como tratamiento primario pero, ¿qué pasa con el líquido en los tanques de sedimentación y flotación? El proceso que cuida de ello se conoce como tratamiento secundario.

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Básicamente, la mayoría de las plantas de tratamiento bombean el agua a través de un filtro de goteo donde el líquido fluye sobre un lecho de material poroso que está cubierto con una película viscosa de microorganismos.

Los microorganismos descomponen la materia orgánica en dióxido de carbono y agua. Por último, las aguas residuales se procesan en algo llamado clarificador secundario, que elimina las bacterias antes de que sean devueltas al medio ambiente.

Planta de tratamiento de aguas residuales. Wikimedia Commons

La mayoría de las aguas residuales que han recibido tratamiento primario y secundario se consideran lo suficientemente seguras como para regresar al medio ambiente. Sin embargo, hay agua que requiere de un tratamiento adicional, especialmente si va a ser reutilizada por nosotros. Aquí entrarían procesos como la ósmosis inversa y electrodiálisis para eliminar sólidos “disuelto” (que pueden pasar por otro tipo de filtros).

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Si el agua va destinada a que la podamos beber, entonces también se trata con cloro o se desinfecta con ozono. De esta forma, ya tenemos agua “limpia”, incluso aunque una pequeña parte de ella provenga de donde ahora sabemos. [Forbes, AsapScience, Wikipedia, Wikipedia]