Rinocerontes, elefantes, tapíres, hipopótamos, cebras... Muchos de estos grandes hervíboros se encuentran amenazados o en peligro grave de extinción, pero ¿qué pasaría si de verdad se extinguieran? Un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford ha estudiado ese hipotético futuro, y la respuesta corta es: nada bueno.

El equipo, dirigido por el biólogo Rodolfo Dirzo ha analizado las consecuencias para el ecosistema si desaparecieran 73 especies de grandes hervíboros. La mayor parte de ellos son propios de África, pero también hay animales de ecosistemas en el sudeste asiático, Latinoamérica, Norteamérica o Europa.

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Independientemente del lugar en el que viven, la desaparición de estas especies de grandes hervíboros tras una primera conclusión: su muerte arrastra consigo a muchos grandes carnívoros que se alimentan de ellos.

Por si una extinción en cadena no fuera suficiente, la desaparición de animales que devoran grandes cantidades de biomasa también conlleva efectos para el equilibrio del ecosistema vegetal. Muchas especies de plantas utilizan a los grande hervíboros para diseminar sus semillas. Su ausencia limitaría mucho la extensión de ciertas especies vegetales y las pondría también en riesgo de desaparición, alterando completamente la estructura del ecosistema.

Las especies de grandes hervíboros también llevan a cabo una labor casi de “jardineros” del ecosistema en el que viven. Su desaparición supondría un aumento de maleza y una concentración de biomasa no consumida que aumentaría el riesgo y la gravedad de los incendios forestales. Finalmente, la falta de competencia y de grandes depredadores supondría un boom en la población de pequeños mamíferos, fundamentalmente roedores como las ratas, que son conocidos portadores de enfermedades también para el ser humano.

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Existen consecuencias directas para las comunidades de seres humanos que viven de cazar y consumir animales salvajes en algunos lugares, pero las peores consecuencias son a nivel más global y en un plazo más largo. [Universidad de Stanford, vía Science]

Fotos: Universidad de Stanford y Lara Zanarini / Shutterstock

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