A finales del mes de septiembre Elon Musk lo volvió a hacer. Dejó a medio mundo asombrado (y al otro medio con la ceja fruncida) mientras proponía viajes en cohete alrededor del planeta “en tan sólo 30 minutos”. Suena genial pero, ¿qué experimenta un cuerpo humano con ese tipo de viajes?

Para ponernos en perspectiva, vamos a recordar primero la idea de Musk. El proyecto gira en base al Big Fucking Rocket (BFR), un mega cochete de SpaceX que levantará una enorme nave espacial en órbita alrededor de la Tierra.

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De esta forma, el ciudadano de a pie se puede sentir como en un película de ciencia ficción. Tomando un “vuelo” en cohete desde una lanzadera flotante en el agua que le llevaría, por ejemplo, de Nueva York a Shanghai en 39 minutos. Un sorprendente viaje donde ascenderíamos saliendo de la atmósfera terrestre y regresando a la ciudad destino a la hora indicada.

Imagen: SpaceX

Dicho esto, surgen algunas preguntas. Para empezar, ¿cómo reaccionará nuestro cuerpo a este tipo de vuelos? ¿Estamos preparados para ello? ¿Necesitamos algún tipo de clases antes? La respuesta la ofrece Leroy Chiao, astronauta de la NASA.

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Chiao ha viajado en tres lanzaderas espaciales de la NASA, una nave espacial rusa Soyuz a la Estación Espacial Internacional, y ha vivido casi 230 días en el espacio. Según ha contado a Business Insider:

Lo que Elon Musk está describiendo sería un medio vuelo suborbital alrededor del planeta. Los vehículos suborbitales no orbitan a la Tierra. En su lugar, realizan un arco rápido y elevado a través del espacio para luego desplazarse hacia la superficie.

El cohete BFR. Imagen: SpaceX

La propia NASA tiene un largo historial de lanzamientos de este tipo, y Virgin Galactic, la compañía aeroespacial de Richard Branson, ahora también está construyendo y probando un vehículo suborbital, el denominado SpaceShipTwo. También Blue Origin (de Jeff Bezos) con su nave New Shepard. Para Chiao:

El lanzamiento, la inserción y la entrada sería similar a una nave espacial de cápsula como la Soyuz, con la diferencia que estaría en la fase final del aterrizaje. Si nos centramos en el lanzamiento, al ser un cohete con motores líquidos el despegue es muy suave y uno realmente no puede sentirlo.

Tal y como explicó Musk, cuando el Big Fucking Rocket se queda sin combustible, la nave se separaría del cohete y pondría en marcha sus propios motores. Según el astronauta, en ese momento sentiríamos cierto movimiento, describiendo la experiencia en términos de fuerza g, el equivalente a la gravedad en la superficie de la Tierra multiplicado por una cierta cantidad:

El encendido de los motores de la siguiente etapa provoca un golpe momentáneo en la fuerza-g. A medida que se llega a la última parte del ascenso, los pasajeros sienten que parte de esa fuerza-g viene directa a través de su pecho, aunque no es algo realmente incómodo. Cuando los motores de la nave se interrumpen, se produce un estado de ingravidez, ocurre a medida que se recorre temporalmente el espacio.

En este punto, Chiao explica que nuestro cuerpo se siente como si estuvieras cayendo, ya que nuestro sistema de equilibrio “lucha por dar sentido a lo que está sucediendo, y a menudo estás muy mareado”. El astronauta compara la sensación con poner la cabeza hacia abajo en una pendiente. Obviamente, todo ello puede causar náuseas según Chiao.

Luego, a medida que empezamos a entrar en la atmósfera de nuevo, “sentirás que las fuerzas g vuelven lentamente”. Finalmente, la nave avanza hacia el suelo, sus motores se disparan para aterrizar en la barcaza flotante, “en este punto escucharemos y sentiremos los motores”, comenta.

Un último dato a tener muy cuenta. Según el astronauta, este tipo de viajes tan emocionantes no serán para todo el mundo, “no sería para aquellos que tengan un corazón débil”, finaliza Chiao. [Business Insider]