Estados Unidos vive esta semana la resaca de su cuatro de julio con un encendido debate en torno a un concepto aparentemente contradictorio: los fuegos artificiales silenciosos. Para muchos, son el futuro de los espectáculos pirotécnicos. Otros los critican porque traicionan el bullicioso espíritu de los fuegos artificiales tradicionales.

Ni nuevos, ni silenciosos

En realidad, los fuegos artificiales silenciosos ni son nuevos, ni son silenciosos. Las empresas de pirotecnia llevan fabricándolos desde hace décadas y, en todo caso, lo que se puede decir de ellos es que son más silenciosos que los convencionales porque evitan el uso de proyectiles pirotécnicos explosivos de gran calibre.

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El sagaz lector habrá apreciado que usamos la palabra “evitar”. Esa es precisamente una de las claves que más molesta a los defensores de los fuegos artificiales tradicionales. No es que exista una tecnología de silenciador que haga que las estrellas de gran tamaño que llenan el cielo al explotar no retumben a 170 decibelios (50 más que el máximo permitido en la mayor parte de países). Es que en los fuegos artificiales silenciosos, esas estrellas no se lanzan en absoluto. En su lugar el espectáculo consiste solo en los elementos que generan estelas o estrellas de menor tamaño y que no hacen tanto ruido.

En su lugar, los fuegos artificiales silenciosos confían más en la coreografía (a veces acompañada de música) y el uso del color. Las detonaciones más controladas, de hecho permiten el uso de químicos que generen colores más intensos. Como siempre, una imagen vale más que mil palabras. Este es el aspecto que tiene una exhibición de fuegos artificiales que opta solo por su variante “silenciosa”.

Ventajas

Aunque para los puristas se trata de un espectáculo incompleto, lo cierto es que tienen ventajas. La principal es que hacen mucho menos ruido, por lo que generan menos estrés en los animales. El efecto negativo de los petardos o los fuegos artificiales sobre la fauna no son en absoluto la queja de una señora excesivamente preocupada por su perrito. Existen estudios científicos que conectan estos espectáculos con efectos de desorientación, abandono del nido e incluso muerte de aves salvajes.

En mamíferos con el oído más agudo que el nuestro, como los perros o los gatos, los fuegos artificiales generan trastornos de ansiedad en el 40% de los animales. Algunos casos especialmente graves se traducen en cambios permanentes en la conducta. Los ataques de pánico en días como el 4 de julio también se traducen en una mayor incidencia de accidentes de tráfico en los que un automóvil arrolla animales desorientados que huyen del ruido, tanto mascotas como animales salvajes.

Problemas con la fauna aparte, los fuegos artificiales tradicionales tampoco es que sean estupendos para el oído de los seres humanos, especialmente para el oído de los bebés. La Organización Mundial de la salud cifra en 120 decibelios el umbral máximo de ruido a partir del cual se pueden generar daños en el oído. Los cohetes pirotécnicos más potentes pueden superar fácilmente los 150 o 170 decibelios.

Un debate pendiente

La adopción de fuegos artificiales silenciosos es dispar. En Estados Unidos prácticamente no se usan. En Europa, sin embargo, cada vez son más comunes. En Gran Bretaña, los espectáculos de este tipo cerca de zonas resienciales o reservas naturales solo se permitan si son de tipo silencioso. El paso más decidido en esta dirección lo ha dado la ciudad italiana de Collecchio, en la provincia de Parma, que a finales de 2015 aprobó una ley que solo permitía los fuegos artificiales silenciosos en su localidad.

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El debate en torno a los fuegos artificiales silenciosos se ha avivado por la llegada del 4 de julio en Estados Unidos, pero a buen seguro volverá a aparecer a lo largo del verano. La época estival es temporada alta para este tipo de espectáculos, y cientos de localidades celebran sus fiestas llenando sus noches de luces de colores. Si además las llenan o no de estruendo es algo que aún está por decidir. [vía NYT e Inquisitr]


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