¿Qué pasa si recreamos todas las conexiones neuronales del cerebro de un gusano mediante software, y cargamos ese software en un robot? Un investigador llamado Timothy Busbice ha llevado a la práctica ese experimento trasladando el cerebro de un gusano a un robot hecho con Lego. El resultado es fascinante.

El gusano nematodo o Caenorhabditis elegans es una criatura sencilla. Tiene solo 302 neuronas, por lo que su cerebro es relativamente sencillo de simular mediante software. La parte de crear un mapa de estas neuronas, de hecho, ya se ha completado como parte de un proyecto de código abierto llamado Project OpenWorm.

El objetivo de este proyecto es crear una simulación completa, mediante software, del gusano nematodo. La idea detrás de este proyecto, que se financió con éxito en Kickstarter el pasado mes de mayo y que está en pleno desarrollo, es tratar de entender mejor cómo funciona el cerebro. Los resultados de OpenWorm podrían ser útiles en multitud de campos, incluyendo la programación, la inteligencia artificial, e incluso la investigación sobre enfermedades que atacan el cerebro como el Alzheimer o el Parkinson.

Mientras los investigadores de OpenWorm completan su trabajo, Timothy Busbice decidió aplicar el mapa cerebral del gusano nematodo a un robot Mindstorms de Lego. Lo único que Busbice ha hecho es crear un modelo que simula estímulos nerviosos de una manera similar a la realidad. El robot tiene, por ejemplo, un sonar equivalente a la nariz del nematodo. Si el sonar se acerca a una pared, dispara una señal de software a las neuronas correspondientes. El sistema también cuenta con neuronas conectadas a los motores que simulan el sistema motriz del gusano.

Una vez cargado el software que simula el cerebro, el robot comenzó a comportarse de manera similar a como lo haría un gusano real, esquivando los objetos a su paso y deambulando en una serie de patrones bastante definidos. Lo fascinante del asunto es que Busbice no programó el robot con instrucciones sobre como debía moverse o un software que permitiera aprender de los estímulos recibidos. Los movimientos del robot han aparecido de manera espontánea. Busbice no está seguro de cómo o por qué aparece este comportamiento en un cerebro que, en teoría, está sin programar.

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De momento, el experimento no tiene una aplicación práctica, pero arroja multitud de nuevas preguntas sobre inteligencia artificial, y sobre el funcionamiento del cerebro. El proyecto OpenWorm sigue adelante, y algo nos dice que el humilde gusano nematodo tiene aún mucho que enseñarnos. [vía iProgrammer]

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