Es solo una nanopartícula de platino y hierro, pero un equipo del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley ha logrado recrear un modelo 3D con todos y cada uno de los 23.000 átomos que forman la partícula. El modelo es la base del sistema de control de calidad definitivo.

Saber cómo están distribuidos los átomos de platino de una diminuta escama de metal puede parecer algo innecesario si hablamos del engranaje de un reloj o un motor, pero la cosa cambia, por ejemplo, si se trata de nanomáquinas que tienen que desempeñar alguna función dentro del organismo.

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El avance ha sido posible gracias a una nueva técnica que emplea uno de los microscopios electrónicos más potentes que existen y un superordenador. El proyecto comenzó a finales del año pasado cuando lograron cartografiar una aguja de tungsteno de 3.000 átomos.

La técnica es un salto brutal porque, a diferencia de otras ya existentes como la cristalografía de rayos x, no calcula una media de cómo son los átomos que componen el objeto. Toma una instantánea exacta de dónde está cada átomo y a qué elemento químico corresponde.

La técnica permite obtener una imagen del objeto en un determinado momento de su evolución, y eso es crucial para la tecnología de materiales. Analizar la posición de cada átomo y cómo evoluciona su estructura con cada reacción química permitirá ajustar los materiales para que tengan una estructura perfecta. Ello redundará en fármacos más eficaces, o materiales más resistentes. Es perfecta, por ejemplo para determinar estructuras magnéticas como las que forman los discos duros. [Berkeley Lab vía Engadget]