Evolución del color de la piscina olímpica de saltos. Imagen: Timothy Burke / Deadspin

El repentino enverdecimiento de no una, sino dos piscinas olímpicas ha sido sin duda el gran misterio de la semana. Gracias a nuestra soltura con el álgebra de secundaria pudimos comprobar que no era pis —como propusieron algunos—, y ahora por fin tenemos una explicación oficial de lo que ocurrió.

Las piscinas de trampolines y waterpolo se tiñeron de verde a causa de un vertido no planificado de peróxido de hidrógeno, según han informado los organizadores de los Juegos Olímpicos de Río. La empresa contratada para el mantenimiento de las piscinas añadió 160 litros de peróxido de hidrógeno al agua, lo que neutralizó el cloro y propició el crecimiento de las algas —entre otros “compuestos orgánicos” introducidos por los 120 atletas que hicieron uso de las instalaciones durante los entrenamientos y eventos deportivos.

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El peróxido de hidrógeno es un método “perfectamente plausible” para limpiar el agua de las piscinas, “pero no se debe combinar con el cloro”, explicó Gustavo Nascimento, director de gestión de Río 2016. Eso explica por qué los monitores electrónicos indicaban que había una cantidad adecuada de cloro en las piscinas: no pudieron recoger el hecho de que el cloro ya no funcionaba. “El sistema de monitoreo electrónico que mide la cantidad de cloro en el agua fue traicionado por la química”, dijo Nascimento.

Los organizadores intentaron densificar las algas para retirarlas más fácilmente, pero el tiempo jugaba en su contra para evitar retrasos en el calendario. La piscina de saltos, que empezaba a oler a pedo, fue cerrada el viernes para drenar el agua verde y reemplazarla por 3.725.000 litros de agua limpia. El sábado por la tarde, el agua de la piscina de waterpolo ya habían adquirido un tono azul claro, mientras que la de saltos mantenía un azul verdoso. Este domingo empiezan las pruebas de natación sincronizada, donde los competidores necesitan verse unos a otros debajo el agua.

Las piscinas están al aire libre, así que, para los saltadores, el color verde ayudó a distinguir el agua del cielo cuando daban varias vueltas sobre tu propio eje con los pies en la cara. Otros deportistas sufrieron picor en los ojos y admitieron que el agua estaba demasiado turbia para ver el fondo. [RTVE, NY Times]

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