Durante décadas, los arqueólogos han tratado en vano de confirmar si la fabulosa construcción megalítica de Stonehenge formaba un círculo completo o no. Un verano especialmente caluroso en Inglaterra, unido a un descuido de los jardineros, ha aportado finalmente la solución: Stonehenge era circular.

Una simple manguera ha sido la clave para descubrir lo que años de excavaciones y análisis geofísicos del terreno en alta resolución no han sido capaces de hallar. Los jardineros que cuidan de la construcción megalítica riegan el césped durante las semanas más calurosas del verano, pero este año, la manguera era demasiado corta. A resultas de ello, el sector sudoeste, que es la parte en la que la construcción no está completa, quedó sin regar y la hierba se secó.

Según informa el diario inglés The Telegraph, uno de los cuidadores del monumento se percató de que la hierba se había secado formando grandes manchas. Al consultarlo con los arqueólogos, estos corroboraron que las marcas coinciden con la localización que deberían haber tenido las piedras que completan el círculo de Stonehenge.

Aunque un poco aleatorio, el fenómeno en la hierba se considera una prueba arqueológica fehaciente de la existencia de estructuras en esos puntos. Incluso miles de años después, los objetos de gran tamaño enterrados generan variaciones en el ritmo de crecimiento de la vegetación. El descubrimiento ha dado paso a un nuevo enigma más fascinante: ¿Dónde han ido a parar las piedras que completaban el círculo? [vía The Telegraph]

Fotos: SWNS.com vía Telegraph y AP Photo/Lefteris Pitarakis

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