Hay que reconocerlo. Eric Schmidt, el presidente de Google, le ha echado un par de narices.

Porque viajar a Corea del Norte para decirles allí mismo, en su propia casa, que se abran al mundo y dejen de censurar Internet es, cierto, algo interesado (después de todo Google es la puerta a la Red), pero ante todo tiene su mérito. Esta vez sí: bien por Schmidt.

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Las declaraciones las hizo a un grupo de periodistas durante su polémica visita a Pyongyang, la capital de Corea del Norte (en la foto, recién llegado al aeropuerto de esa ciudad). Según el directivo, el país debe permitir a sus ciudadanos utilizar Internet o se arriesgará a quedar relegado económicamente:

"A medida que el mundo está cada vez más conectado, su decisión [de Corea del Norte] de quedarse virtualmente aislados va a afectar bastante a su mundo físico, a su crecimiento económico y demás. El Gobierno tiene que hacer algo. Tiene que hacer posible que la gente use Internet. Es su decisión. Creo que tienen que empezar o, de lo contrario, quedarán relegados".

Poco que objetar, salvo quizás que a los oscuros oficiales de Corea del Norte les puede sentar como una patada. La diplomacia norteamericana debe estar temblando.

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Schmidt, que está de viaje por el país junto con el ex-gobernador de Nuevo México, Bill Richards, también pidió a sus dirigentes detener el lanzamiento de misiles y las pruebas nucleares recientes, que habían provocado sanciones de la ONU y una preocupante tensión en la zona con su vecino del sur.

Todo muy bien, aunque Schmidt está casi irreconocible. Que el jefazo de una de las mayores multinacionales privadas de EE.UU. haga estas declaraciones de tono político no deja de ser sorprendente. Salvo que esté pensando en su futuro... ¿como político? Meg Whitman, ahora en HP, le podrá dar unos cuantos consejos. [AP]