¿Recuerdas el Galaxy Note original, el primer phablet? Tenía sólo 5,3 pulgadas. Una de las razones por las que hemos adoptado teléfonos más grandes es porque tienen baterías más grandes. Es la solución que nos dio el mercado a los usuarios que exigimos más autonomía. Pero hay otra solución cada vez mas popular: la carga rápida.

Qué es y cómo funciona la carga rápida

Cuando conectas el cargador al teléfono, la electricidad no circula sin control. Hay un regulador de carga en el móvil que evita que pase demasiada energía a la batería para que las celdas no se sobrecarguen. Cómo de rápido se carga tu teléfono depende de la limitación impuesta por el regulador. La carga rápida es simplemente subir el límite del regulador para dejar que fluya más corriente.

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La carga rápida depende tanto del teléfono como del cargador. Por ejemplo, el cargador del iPad es de 2,1 amperios y 5 voltios: si lo enchufamos a un iPhone 5, cuyo regulador de carga admite 1 amperio, la recarga será igual de lenta que con un cargador normal; pero si lo usamos en un iPhone 6, que admite 2 amperios, se cargará mucho más rápido con el cargador del iPad que con el normal.

La mayoría de terminales con carga rápida usan la tecnología Quick Charge de Qualcomm, que va por su tercera revisión. Quick Charge 3.0 utiliza un algoritmo conocido como INOV (Intelligent Negotiation for Optimum Voltage) para determinar la transferencia de potencia que necesita el teléfono en cada momento. Así es como se evita que la batería se deteriore con el estrés de los altos amperajes.

No hace falta que tu smartphone tenga un procesador Snapdragon para tener Quick Charge, es una tecnología que la compañía licencia aparte. El regulador de carga rápida de Qualcomm está disponible por ejemplo en el Galaxy S6, con procesador Exynos.

La creciente adopción de la carga rápida

La carga rápida empezó a llegar a popularizarse con la aparición de Quick Charge 2.0 de Qualcomm en 2013, pero los adaptadores de más de 2 amperios son caros, así que los fabricantes siguieron incluyendo cargadores de menor amperaje en sus cajas. Una excepción fue el Oppo 7, con su cargador ultrarrápido VOOC, que alcanzaba los 4,5 amperios. El secreto estaba en el conector USB, con 7 pines en lugar de los cuatro habituales. El teléfono sólo tardaba 1 hora y 22 minutos en cargarse, lo que acabó siendo su principal reclamo comercial.

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El panorama es completamente distinto dos años después. A falta de baterías con mayor densidad y capacidad, los fabricantes han apostado en masa por los cargadores ultrarrápidos para sus terminales de gama alta:

  • Samsung: Galaxy Note 4, Galaxy S6, Galaxy Note 5, Galaxy S6+
  • LG: G2 Flex, G3, G4
  • Sony: Xperia Z3, Z3 Compact, Z5, Z5 Compact, Z5 Premium
  • Motorola: Moto G, Moto X
  • HTC: One M8, One M9
  • OnePlus: One, 2
  • Xiaomi: Mi 3, Mi 4, Mi Note
  • Google: Nexus 6

Otros fabricantes como Huawei o Apple también experimentan con la carga rápida al margen de Qualcomm. Las baterías experimentales de Huawei prometen resultados sorprendentes y el Apple Pencil consigue 30 minutos de autonomía con una recarga de tan sólo 15 segundos.

Los inconvenientes de la carga rápida

El problema de los cargadores ultrarrápidos es que posiblemente los vayas a utilizar como a los normales: dejando el teléfono enchufado toda la noche. Si bien cargar el móvil durante mucho tiempo ya no degrada tanto la batería como pasaba antes, los cargadores ultrarrápidos generan más calor que los normales. El teléfono puede ponerse muy caliente y, a largo plazo, el calor excesivo reducirá la vida útil de la batería. Algunos fabricantes recomiendan usar directamente el puerto USB de 0,5 amperios del ordenador para no deteriorar el rendimiento de la batería con cargas rápidas.

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Otro problema de la carga rápida es que tanto el teléfono como el cargador tienen que ser compatibles. Si conectas un cargador rápido en un teléfono que no tenga un chipset de carga rápida, el regulador evitará la sobrecarga de la batería y el terminal se cargará a la velocidad de siempre. Si conectas un teléfono con carga rápida a un cargador normal, pasará lo mismo. Necesitarás llevar contigo un cargador con más potencia, que algunos fabricantes venden por separado. Y es importante que sea un buen cargador, porque con un mayor amperaje querrás que tenga todas las protecciones necesarias.

Por último, la carga rápida puede ser engañosa. Los fabricantes hablan de “cargar al 48% en 5 minutos” porque el otro 52% puede tardar horas en completarse. Cuando la batería empieza a llenarse, el regulador de carga tiene que encontrar nuevas celdas para evitar sobrecargar las anteriores, por lo que el comienzo es rápido pero después la velocidad se estabiliza. Otros fabricantes también imponen esta limitación para que los componentes de la batería no se degraden con el uso habitual de la carga rápida.

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