El Jet Lag es una de las molestias más temidas a la hora de viajar. Puede arruinarnos el primer día de vacaciones, o dejarnos hechos polvo al volver a casa. ¿Cómo se produce el Jet Lag? ¿Por qué unas veces nos afecta más y otras menos? y, lo más importante, ¿se puede evitar?

Un problema de reloj interno

Nuestro organismo dispone de un reloj interno alojado en en el núcleo supraquiasmático, un grupo de neuronas del hipotálamo. Ese reloj controla, entre otras cosas, la producción de varios tipos de hormonas. El reloj regula los períodos de sueño y vigilia de la persona en un patrón conocido como ritmo circadiano.

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El problema es que el ritmo circadiano depende de factores ambientales como los ciclos de noche y día, y necesita un tiempo para adaptarse si esos factores cambian demasiado rápido. Cuando volamos largas distancias, el patrón de noche y día cambia. Nuestro organismo no tiene tiempo de adaptarse, y el resultado son síntomas como fatiga, problemas digestivos, alteraciones del ciclo de sueño y vigilia, apatía, irritabilidad o confusión.

Foto: CandyBox Images / Shutterstock

¿Cuánto tarda el reloj interno en ponerse de nuevo en hora?

En general, el cuerpo necesita alrededor de un día por cada zona horaria que atraviese. Puedes calcular la diferencia en horas. Si el horario de destino tiene una diferencia horaria de tres horas respecto al lugar de dónde has partido, tardarás algo más de tres días en volver a la normalidad. Si está a seis horas, tardarás unos seis días.

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A medida que se avanza en husos horarios, la recuperación no lo hace en la misma medida. Es un poco más rápido. Recuperarse de un vuelo con un cambio horario de 12 horas lleva alrededor de 9 días.

Es peor volar hacia el este

Hay un pero a esta norma general. Volar hacia el este provoca más Jet Lag que hacerlo hacia el oeste. La razón es que, según un estudio de 2016, el reloj biológico del ser humano opera en períodos de 24,5 horas, no de 24 exactas. A resultas de ello, es más sencillo adaptarse a vuelos que alargan el periodo de vigilia (hacia el oeste), que adaptarse a los que la reducen (este).

Recuperarse de un vuelo que cruza tres zonas horarias hacia el oeste lleva algo menos de cuatro días, pero cuando lo hace hacia el este lleva algo más de cuatro. La diferencia no es muy radical, pero está ahí.

No solo se sufre al volar

Cualquier cambio de agenda que afecte a los ritmos circadianos produce síntomas similares a los del Jet-Lag sin necesidad de haber viajado en avión. A esto se le denomina Jet Lag Social, y aunque dura menos, sus efectos son igual de perjudiciales.

Cuidado con dónde duermes y lo que comes

Viajar lejos embutido en un asiento de clase turista cansa, nos pongamos como nos pongamos. El cansancio de un vuelo largo no solo puede atribuirse al Jet Lag. De hecho, un estudio de la Universidad de Brown constató que dormir en un lugar extraño, como un hotel, provoca en el cerebro un estado de alerta que dificulta el descanso. Lo llaman Efecto Primera Noche.

Lo que comes, y cuándo comes también influye. Un estudio publicado en Current Biology encontró que los niveles de azúcar en sangre contribuyen a modificar el ritmo circadiano. Ajustar poco a poco el horario de comidas al horario de destino y evitar las comidas copiosas ayuda al organismo a adaptarse más rápido.

Illustración: Jim Cooke

Adaptarse al horario de destino

En definitiva, tratar de adaptar las horas de sueño y de comidas al horario de nuestro destino ayuda un poco. También ayuda disfrutar de entornos con mucha luz durante la vigilia. Un estudio de The Journal of Physiology confirmó que la exposición de los ojos a la luz natural ayuda a liberar hormonas que combaten el Jet Lag.

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Eso sí, el estudio solo se realizó en ratones. Aún es necesario investigar más en seres humanos. De momento, el Jet Lag no se cura con ninguna pastilla. Tan solo se pueden reducir sus efectos manteniendo un horario de sueño y comidas lo más ordenado posible, y descansando. [vía Live Science]