Imagen: Thomas Hawk, Flickr; editado

Cuando paseas por Lareina Drive en Austin, Texas, al principio parece que estás en una calle normal y corriente de Estados Unidos. No obstante, cualquier día de la semana puedes encontrar a personas de todo el estado, incluso de todo el mundo, en la calle, intentando visitar uno de los monumentos, por así decir, más peculiares del mundo: la Catedral de la Porquería.

El monumento, que mide poco más de 10 metros, está en el jardín de Vince Hannemann, un hombre modesto que realiza trabajos esporádicos para ganarse la vida y que tiene las palabras “JUNK KING” (rey de la porquería, en español) tatuadas en sus nudillos. Hannemann es el que le ha puesto el nombre “catedral” a su creación, a la que sigue añadiendo cosas.

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En realidad se trata de una estructura con varias plantas, escaleras y torres. Tal como dice su nombre, cada parte de la catedral está hecha de porquería: más de 60 toneladas de porquería. Algunos consideran que la catedral es una instalación de arte, otros piensan que es una gran colección de basura.

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Sea cual sea su denominación, hay una verdad de la cual no hay duda: se ha convertido en un monumento icónico de la ciudad de Austin.

“La gente me pregunta todo el tiempo por qué decidí hacer esto, como si tuviera un significado profundo”, afirma Hannemann. “Solo lo hice porque me gustaba. Cuando me deje de gustar, lo desmontaré”.

Imagen: That Other Paper, Flickr; editado
Imagen: Andreanna Moya Photography, Flickr, editado

Cómo llegó allí tanta porquería

Puedes encontrar un sinfín de cosas en la catedral, como viejas bicicletas, cubiertos de cocina, llantas de coche (algunas forman unas escaleras) y hasta los baúles de Volkswagen Beetles.

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Hannemann empezó a construir su catedral en 1989 con un carrito de la compra y algunos tapacubos. Poco a poco, añadió una torre, un arco y luego una habitación pequeña. Ha asegurado los miles de objetos que componen su creación con alambre de cobre, que ha mantenido a la catedral intacta a pesar de los fuertes vientos y tormentas.

Al principio, encontraba la porquería por su propia cuenta, pero cuando su proyecto se empezó a conocer, las personas comenzaron a llevarle las cosas que no querían para la catedral. La catedral actual, que ha ido creciendo a lo largo de los años, está construida con las cosas que las personas le han llevado.

Imagen: That Other Paper, Flickr; editado

Esto, por supuesto, tiene sus ventajas y desventajas. Según Hannemann, no le puedes decir a las personas qué traer. Contribuyen con lo que quieren. Por su parte, Hannemann siempre ha sido selectivo con lo que aceptaba, y sigue siendo así. Sus gustos cambian.

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“Yo cojo las cosas buenas”, comentó hace unos años.

Imagen: Inhabitat, Flickr; editado

¿Cómo saber que un objeto es digno? Una batidora, por ejemplo, forma parte de los objetos que han agradado a Hannemann y que ahora están en su creación. Una botella de sirope de la marca Mrs. Butterworth’s es otra de sus donaciones favoritas. Según el Wall Street Journal, Hannemann decoró la botella con joyas y la colgó en una pared.

El hombre detrás de la catedral

Algunos días Hannemann se queda en la puerta de la catedral bebiendo cerveza de la marca Lone Star, conocida como “la cerveza nacional de Texas”, e invita a las personas a explorar su creación. Aún así el mismo rey de la porquería no cree que la catedral es para tanto.

Aunque sea una estructura que provoca curiosidad y asombro, la catedral también tiene otra historia dentro de sus paredes, más difícil de conocer. Es la historia de la vida de Hannemann, con todos sus desafíos.

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“Es un viaje de fe. Es tener fe en cualquier cosa que te esté llamando, y el viaje no ha sido fácil”, declara Hannemann. “Ha sido jodidamente difícil. Mis dos esposas se divorciaron de mí y no querían tener nada que ver con esto. Esto representa mi dolor y sufrimiento por todos lados”.

Hannemann vive con sus dos perros, Smokey y Gina, aunque curiosamente, nunca están los tres solos. Siempre están con la catedral y con todas las personas que van a verla. Hannemann dice que eso es irónico ya que se considera a sí mismo un cabrón que no es muy bueno con la gente.

Aunque no le gusta mucho la interacción humana, sí le gusta ver a las personas interactuar con la catedral.

Desafíos de dentro y fuera

Imagen: Marie, Flickr; editado

La Catedral de la Porquería ha sobrevivido a varias tormentas. Algunos de los desafíos más grandes han venido del propio Hannemann y del Ayuntamiento de Austin.

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En 2000, su creador se enfrentó a un “momento de decisión” donde intentó derrumbar la catedral.

“Quería recuperar el control sobre ello”, dijo Hannemann. “Pensé ’¡Yo tengo una vida! ¡Yo tengo una vida! Estoy cansando de esto. Solo quiero salir de aquí.’ Pero no, no tengo control. No pude desmontarlo”.

No quiere decir que no lo intentara. Derrumbó una torre de tres plantas de la parte de atrás, pero no pudo continuar. Al final, decidió usar la porquería de la torre para añadir habitaciones a la catedral.

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También han surgido problemas con el ayuntamiento. En 2010, alguien realizó una queja anónima a la ciudad y cuestionó la seguridad de la estructura. El ayuntamiento le dijo a Hannemann que tenía que tener permisos para su catedral conforme a las normas de la ciudad. Si Hannemann no cumplía, el ayuntamiento declaró que podría derrumbarla.

Imagen: That Other Paper, Flickr; editado

Durante el periodo de la denuncia, la catedral tendría que pasar una inspección, así que algunos voluntarios le ayudaron a eliminar cuatro toneladas de porquería de la estructura (para cumplir con las normas) y a crear planos para conseguir el permiso adecuado.

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Al final, el proceso desanimó a Hannemann, que afirmó que las modificaciones habían erosionado su creación. En 2010, decidió que iba a derrumbarlo todo. No obstante, años después, su creación sigue allí. La decisión de derrumbar, recordemos, nunca ha sido una cuestión fácil para Hannemann.

Si tienes algo que ya no quieres, ya sabes a dónde ir

La catedral es mucho más de lo que parece. Es una fortaleza, una manifestación de la vida de un hombre y un lugar donde el valor de un objeto depende no de la sociedad, sino del artista. Visitar la catedral es gratis, aunque su creador acepta donaciones. Es mejor llamar antes de ir para asegurarse de que está en casa.

Para Hannemann, su creación también tiene otra función, la de inspirar a las personas que la visitan.

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“Es posible que te dé un poco de esperanza para hacer lo que sea que quieras hacer”, comentó. “Piensas, ‘ese señor loco hizo eso, así que quizá yo también pueda hacer algo’”.