Vídeo 3D artístico sobre el aspecto del sistema Trappist-1. Vídeo: NASA / JPL

Desde que investigadores del ESO y la NASA descubrieron el sistema Trappist-1, astrónomos y astrofísicos se han volcado en averiguar más detalles sobre sus siete exoplanetas en zona habitable. El último estudio al respecto llega a una conclusión interesante sobre la vida en Trappist-1.

Básicamente, lo que dicen Manasvi Lingam y Avi Loeb, de la Universidad de Harvard, es que si algunos de estos exoplanetas en zona habitable (y por tanto con la posibilidad de tener agua en estado líquido) tiene vida, es muy probable que los demás también tengan vida, aunque se trate simples microorganismos.

El dato detrás de este razonamiento es que los planetas de Trappist-1 están inusitadamente cerca unos de otros. En nuestro Sistema Solar tardaríamos alrededor de ocho meses en llegar de la Tierra a Marte en el mejor de los escenarios. La distancia de viaje entre los siete exoplanetas es de solo unos días en comparación. La tesis de Lingam y Loeb es que cualquier meteorito que impacte sobre uno de los planetas de este sistema tiene mil veces más probabilidades de diseminar partículas en las que puedan sobrevivir organismos extremófilos. Si sobreviven a los rigores del espacio, estos organismos podrían terminar cayendo sobre el planeta vecino y colonizándolo.

Aspecto hipotético de los planetas del sistema Trappist-1 en atención a lo que sabemos sobre su diámetro, masa y distancia a su estrella. Imagen: NASA/JPL-Caltech

Por supuesto, este no es un proceso que tuviese lugar de la noche a la mañana, sino a lo largo de miles o millones de años. De hecho, es muy probable que las diferentes condiciones de cada planeta hayan hecho evolucionar la vida de manera completamente distinta.

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La hipótesis de estos investigadores es eso, una hipótesis. Otros científicos como Lisa Kaltenegger, directora del Instituto Carl Sagan en la Universidad de Cornell matiza que cuantificar la idea de la panspermia (que los mismos microorganismos colonizan diferentes planetas) es interesante pero aún está muy lejos de poderse comprobar.

En nuestro Sistema Solar, de hecho, no tenemos aún pruebas de que haya vida en otros planetas distintos al nuestro, y mucho menos de que esa vida haya evolucionado desde la misma base. Antes de estudiar cómo ha evolucionado la vida allí debemos determinar si alguno de los planetas del sistema estelar tiene atmósfera, y para eso necesitamos telescopios más grandes. [Universidad de Cornell vía New Scientist]