Este es un clásico de las ilusiones ópticas. Se trata de una superficie cubierta de manchas de color en tonos muy suaves. Si fijáis los ojos en el centro de la imagen y mantenéis la vista unos segundos, podéis hacerla desaparecer ante vuestros ojos.

Para que el efecto sea perfecto, no hay que desviar la vista y tratar de no parpadear. Primero se desvanecen unos tonos, después otros, y finalmente desaparece prácticamente toda la imagen para volver a aparecer en cuanto se aparta la vista o se parpadea.

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La explicación a este fenómeno está, una vez más, en la estructura de las células de la retina. Hay dos tipos de células en esta zona del ojo: los conos, que captan el color, y los bastones, que captan mejor la luz, pero no el color. La máxima densidad de conos está en la fóvea, que es el punto de la retina que utilizamos, por así decirlo, para enfocar.

Al fijar la vista en el centro, perdemos sensibilidad a los colores en la visión periférica porque en el resto de la retina hay conos, pero no tantos como en la fóvea. Si unos colores desaparecen antes que otros es porque cada cono están especializado en un color concreto (rojo, azul y verde). El hecho de que los colores de la imagen sean tan suaves acelera el proceso.

Los bastones también contribuyen al efecto ya que están especializados en captar la luz en malas condiciones de iluminación, y cuando hay mucha luz, como en la superficie de una pantalla, tienden a saturarse. [The Map Picture]

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