Sobre el papel parecía mágica. Una pulsera inteligente con pantalla de tinta electrónica, con una duración de batería mejorada y que se integraba con la única aplicación para wearables que hace algo más que contar pasos y medir calorías, Sony Lifelog. El resultado, por desgracia y más allá de unas cuantas funcionalidades interesantes, es decepcionante. No merece la pena. Esta es la razón.

Qué es

Es un wearable fabricado por Sony con micrófono, altavoz, pantalla de tinta electrónica y que se empareja con un smartphone Android (idealmente, un Sony Xperia) para mostrar notificaciones, llevar un registro de nuestra actividad y permitirnos contestar llamadas de teléfono hablándole a la muñeca.

Por qué (no) importa

Todos los fabricantes Android continúan con la intención, infatigable según parece, de dar con la fórmula perfecta para construir un wearable que pueda dominarlos a todos. La intención no es mala, es loable de hecho, pero los resultados comienzan a cansar.

Y parte de la culpa la tiene el proceso. Hasta ahora cada fabricante ha intentado acercarse a dicha fórmula con su manera particular. El procedimiento para llegar hasta dicha fórmula, sin embargo, parece ser una serie de variables mezcladas al azar que no tiene como consecuencia algún avance satisfactorio.

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Eso da como resultados productos que no son malos, per se, pero sí que no acaban de dar con ese dispositivo ideal que muchos llevamos un tiempo buscando. Algunos tienen pantalla, otros no, otros la tienen pero de tinta electrónica, algunos llevan SIMs, otros no, algunos duran un día en el mejor de los casos, otros una semana y otros sólo 3. Es absurdo.

La SmartBand Talk de Sony es el mejor ejemplo de todo esto. No es un mal producto, ni muchísimo menos, y tiene algunas ideas interesantes, pero después de probarla durante un par de semanas las sensaciones que me causan se acercan al sopor profundo. Es un producto mediocre, sin más. Un buen intento.

Y no es lo que estamos esperando.

Nos gusta

Entrando en materia, y habiendo dejado las cosas claras desde un principio, vamos con una de cal y otra de arena. Creo que con el SmartBand Talk Sony ha completado un camino que comenzó hace ya algún tiempo: convertirse en el fabricante con mejor diseño industrial de todo Android. Seguido muy cerca, quizá, por HTC.

Sobre el papel, y dejando momentáneamente la teoría a un lado, la SmartBand Talk tiene cosas que me encantan. La pantalla de tinta electrónica le confiere un aire de elegancia y de unidad con el resto del cuerpo de la pulsera que resulta sobrio y efectivo. Los materiales son buenos y el diseño de la esfera del reloj que viene por defecto es excelente también.

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La pulsera se carga mediante microUSB. En un mundo donde cada wearable lleva su propio conector propietario a cada cual más estrambótico y original, esto es digno de mención y de halago.

Como punto a favor adicional, la SmarBand Talk se puede usar con cualquier dispositivo Android mientras bajemos Lifelog de Google Play, una consideración interesante si tenemos en cuenta que otros fabricantes como Samsung capan a terceros el acceso a sus wearables.

Hay algún que otro añadido interesante, como utilizar la SmartBand para localizar el teléfono, que también se agradece pero no te cambia la vida. Sin más.

No nos gusta

Por suerte o por desgracia, hasta ahí llega lo bueno. El resto es una sucesión imparable de "Y si".

¿Y si las transiciones con la pantalla de tinta electrónica no fuesen tan lentas?

¿Y si tuviese iluminación de modo que no fuese completamente inusable si no hay suficiente luz en la sala?

¿Y si el método de control con un único botón no fuese tan sumamente impráctico?

¿Y si la batería durase algo más? (3 días - vs. 7 del Pebble, 9-10 de la Fitbit Charge y 5-6 de la Garmin Vivosmart).

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¿Y si resulta que no quiero hacer llamadas de teléfono hablándole a mi muñeca? (¡¿Y quién sí?!)

Eso es, en esencia, la Sony SmartBand Talk. Un mix relativamente acertado de funcionalidades, características y detalles aquí y allá, que como casi todos los demás wearables antes que ella da como resultado un producto que consigue levantar un par de cejas al inicio pero que más tarde no convence. Aburre, incluso.

Las notificaciones no se leen cómodamente en la pantalla (hay que girar el cuello). La manera de pulsar el dispositivo para interactuar con él nunca queda clara: a veces hay que dar fuerte, a veces hay que dar flojo y a veces le des como le des no funciona. Tener un ecosistema de aplicaciones hubiese sido interesante pero viendo cómo está el panorama se me hace poco menos que impensable.

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Y por último, la funcionalidad que le da nombre al producto: hablar por teléfono. No, gracias. En las escasas ocasiones en las que me interesa mantener una conversación telefónica con manos libres, como conducir por ejemplo, ya tengo resuelto el problema de manera más eficientes (conectar el smartphone al audio del coche, sin ir más lejos). En el resto de situaciones, si quiero contestar una llamada levanto el teléfono y me lo acerco a la oreja. Simplemente.

¿Me lo compro?

No. Creo que llegados a este punto es palpable lo brutalmente sincero que estoy siendo. Así que no. Si quieres un wearable por el interés, genuino, de medir tu actividad física hay mejores dispositivos en el mercado que se enfocan en hacer sólo eso, Fitbit y la Vivofit de Garmin son los dos primeros que me vienen a la cabeza. Aunque tienen sus fallos importantes también, aciertan en lo que la SmartBand y tantos otros no: en lugar de tocar mil palos tocan sólo uno pero intentan hacerlo lo mejor posible.

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¿Qué me gustaría que hubiese sido la SmartBand Talk? Un producto con una pantalla de tinta electrónica (esto lo veo un acierto, de hecho), que me permitiese leer mis notificaciones de manera cómoda y sin temor a una tortícolis crónica. Con una duración de batería que durase, como mínimo, una semana. Que se dejase de funciones que yo siento como superfluas, como llamar por teléfono y se enfocas en otras realmente productivas.

Para algunas de esas cosas, como mejorar sus aplicaciones prácticas, la SmartBand Talk ya tiene el potencial necesario. Por ejemplo: es técnicamente posible apagar y encender las luces de casa con ella, llamar un taxi, poner una cuenta atrás o recibir alertas basadas en nuestra ubicación, eso es. Es posible pero no se puede, ni creo que se vaya a poder hacer nunca. Un potencial que pasa desapercibido y desaprovechado. Es ahí, y no en puñado de funcionalidades medianamente interesantes, donde me gustaría ver los verdaderos avances.

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