Hay un momento, nada más arrancar Super Mario Odyssey, en el que cuando haces correr a Mario este avanza levantando un poquito las manos como si fuese un avión. Es uno de esos pequeños gestos que, en este caso, es exactamente igual al que hace en Super Mario 64. Desde ese instante, el juego me atrapó irremediablemente.

Super Mario Odyssey es una obra maestra. Es, además, un juego de Super Mario, valga la redundancia, y en el valle entre esos dos términos se encuentra lo que le da identidad. Está hecho por un lado con la maestría y la genialidad de Nintendo, que pone cosas nuevas en la mesa al tiempo que respeta la esencia misma de un clásico, y además es por otro un juego perteneciente a una franquicia clásica e histórica. Un poco de nuevo y un poco de viejo, en el punto justo, eso es Super Mario Oddysey. El resto, claro, son los detalles.

Los detalles

Al contrario que títulos como Super Mario 3D World, más plataformeros, Odyssey regresa a los mundos abiertos y la exploración propias de otros grandes juegos de Mario como Super Mario Galaxy o el ya mencionado Super Mario 64. Hay unos 15 mundos en total (al momento de escribir estas líneas yo voy por el octavo), todos ellos muy diferenciados y con actividades radicalmente distintas relacionadas con la temática del lugar en el que se encuentran.

Verle los pezones a Mario y pasearlo por el juego en ropa interior cuesta 1000 monedas. (Lo sé porque fue en lo que invertí mis primeras 1000 monedas)

Con diferencia a otros títulos, que tienen lugares en mundos imaginarios y estrambóticos, todos los de Super Mario Odyssey guardan relación con sitios reales en diversos puntos del planeta. En algunos reinos la inspiración es clara, como en Nueva York, y en otros más abierta, como la selva, la playa o el periodo Jurásico. Lo importante es que cada uno es tan, pero tan diferente al resto que recorrerlos a veces casi se siente como un juego completamente nuevo, ya que abren y dan pie a un montón de interacciones distintas.

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Sobre las interacciones, lo fundamentalmente “nuevo” en Super Mario Odyssey es que puedes lanzar a tu nuevo compañero, la gorra Cappy, para interactuar con el entorno. Hay 53 tipos de interacciones diferentes, que te permiten desde meterte en una rana (para saltar más lejos), montar en una Bill Bala (para romper cosas, volar y recorrer el mapa más rápido) a convertirte en un Tiranosaurio Rex que arrampla con todo. Aunque el tradicional saltar y escalar sigue estando presente, casi todo en el juego tiene que resolverse usando a Cappy. Se entra a lugares con Cappy, se llega a lugares demasiado altos con Cappy, se mata a los goombas con Cappy (y se capturan).

Mario + Gorra + Rana = Mario, y su gorra, ahora son una rana.

Lo bueno

¿Repetitivo? No. Lo bueno es que, como cada mundo es tan diferente y las posibilidades que aporta la gorra son tan, pero tan extensas, cada rincón de Super Mario Odyssey se siente como algo genuinamente nuevo y entretenido. No hay un solo momento en el que sea aburrido. Esto último, que es una afirmación tan simple, es en realidad extremadamente difícil de conseguir, sobre todo cuando hablamos de un título, Super Mario, tan conocido y “gastado” después de 30 años y una veintena de entregas.

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Para hacerse una idea de la cantidad de posibilidades que Mario ofrece, en el menú, además de los clásicos “Opciones” y “Guardar” existe un apartado llamado “Guía” que resume en dos secciones todas ellas, una dedicada a los movimientos y otra dedicada a las capturas. Aunque parezca mucho, es todo tan intuitivo que, por supuesto, no hace falta memorizar nada. Como los mundos son abiertos, además, suele haber varias maneras de llegar a un mismo sitio y si no es de un modo, se puede conseguir de otro. No hay vidas, por cierto, solo monedas y pierdes 10 cada vez que mueres.

En Odyssey no hay que capturar ni soles ni estrellas, hay que capturar... lunas (je), muchas lunas, montones de lunas, cientos de lunas. Suele haber más de 50 por reino (más o menos, Tostarena tiene unas 69 por ejemplo) y están en los lugares más diversos. Algunas son muy fáciles de conseguir, y te las otorgan en el transcurso normal de la historia, y en otras hay que sudar y romperse la cabeza hasta encontrarlas. Al momento de escribir estas líneas y con unas 15 horas echadas en el juego, no tengo todavía ningún reino con todas las lunas (y he ido lento en la historia precisamente por ese afán coleccionista).

Mario + Gorra + Dinosaurio = Mario, y su gorra, ahora son un dinosaurio.

Eso sigue la línea clásica de Super Mario: pasárselo, terminar la historia y los reinos es muy asequible, pero completarlo es extremadamente arduo y satisfactorio al mismo tiempo. Para tamaña cantidad de lunas, los mapas de cada reino no son demasiado grandes lo que implica que hay una escondida en prácticamente cualquier esquina. Eso crea una dinámica tan adictiva como entretenida de “venga, solo una luna más” que te tiene pegado a la pantalla. Puesto que conseguir cada luna es tan distinto y a la vez tan original, el proceso resultante es sumamente divertido.

Sobre la historia, que mencionaba antes, no he dicho nada hasta ahora pero supongo que tampoco hace falta: Bowser rapta a Peach para casarse con ella y tú vas detrás, reino tras reino, intentando impedir que consiga diversos ítems que le hacen falta para la ceremonia (anillo, flores... etc).

Por último, pero no menos importante, Super Mario Odyssey tiene un modo cooperativo local (nada de internet) absolutamente genial. En él, uno juega como Mario y otro juega como Cappy. Como resultado, hay que coordinarse para que uno salte y “recorra” mundo mientras otro ataca, captura o se coloca en el lugar adecuado para hacer llegar a Mario a los lugares correctos. El cooperativo es tan bueno que, llegados a este punto de la reseña me toca confesar que hasta ahora, de esas 15 horas echadas hasta el momento, apenas una o una y media habrán sido en solitario. El resto han sido horas y horas mando con mando en el sofá gritándole a la TV en busca de esa puñetera luna que sientes que está cerca pero todavía se te escapa.

Lo malo

Sólo hay una cosa, que es menor pero importante mencionarla: hay algunos movimientos con Mario que solo pueden resolverse capturando los joycon por separado, uno en cada mano.

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Es “aceptable”, pero en una consola como la Switch diseñada para ser utiliza en portabilidad no poder realizar esos movimientos cuando voy en el autobús, por ejemplo, me molesta. Es importante notar que no son movimientos críticos y que siempre, siempre, se puede resolver lo que sea de otro modo, pero, igualmente y a mi modo de ver, debería haber una combinación de botones que los facilitase.

LÉEME:

  • Si vas a comprar un juego en 2017, que sea este.
  • Si te gustan los Super Mario, enhorabuena, este es uno de los mejores Super Marios de la historia.
  • El cooperativo es muy bueno.
  • En serio, es muy bueno.
  • La música, como siempre, también es genial.
  • Puedes verle los pezones a Mario (1000 monedas mediante).
  • En Gizmodo no ponemos nota en los análisis pero esta vez, por suerte, hay que hacer una excepción: 10/10.