El mayor mito sobre el T-rex puede ser falso: sus pequeños brazos sí tenían un cometido, y era salvaje y sangriento

Los últimos años no han sido muy buenos para el Tyrannosaurus rex. No contentos con descubrir que tenía plumas y que en vez de rugir gorjeaba como las palomas, los paleontólogos han concluido que ni siquiera era capaz de correr. La racha de hallazgos bochornosos termina con un estudio sobre sus brazos.

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