Rebuscar en la basura nunca fue tan provechoso como para los egiptólogos Bernard Grenfell y Arthur Hunt en 1896. Estaban haciendo senderismo cuando descubrieron el yacimiento de Oxirrinco, 160 km al sur de El Cairo. Enterrados en la arena les esperaban más de 500.000 fragmentos de papiro de un vertedero del Antiguo Egipto.

116 años después, sólo se había traducido un 2% de los documentos. Hacía falta un auténtico trabajo en equipo para avanzar. Entonces el departamento de física de la Universidad de Oxford y la organización The Egypt Exploration Society crearon Ancient Lives, el mayor proyecto arqueológico del mundo. A través de Internet, 250.000 voluntarios se sumaron a la ardua tarea de transcribir los papiros: mayores y niños ayudaban a reconocer las letras griegas a través de la web y un algoritmo comprobaba sus respuestas. Este tipo de investigación colectiva se conoce como ciencia ciudadana.

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Al permitir el acceso del público a uno de los mayores proyectos arqueológicos sin terminar en el mundo, hemos sido capaces de pasar de un académico con un papiro y una lupa a transcribir entre 100.000 y 200.000 textos, algunos de los cuales habían sido comidos parcialmente por gusanos, utilizados para envolver pescado o peorexplica Dirk Obbink, el director de Ancient Lives. Los textos datan de los siglos 1 a. C. a 7 d. C. y están en griego porque se escribieron en la época en que Egipto había sido ocupada por los griegos y los romanos.

Bernard Grenfell y Arthur Hunt en Oxirrinco, 1896

Obras de teatro, cartas privadas, recibos, listas de la compra, declaraciones de impuestos, testamentos y cartas del gobierno. Ennegrecidas y rasgadas, las anotaciones que los egipcios tiraron a la basura son a veces difíciles de interpretar, pero nos ofrecen mucha información sobre el día a día de los ciudadanos de Oxirrinco, la tercera ciudad más grande del Antiguo Egipto.

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Los documentos van desde esta receta para curar la resaca:

“Para el dolor de cabeza de la embriaguez: atarse varias hojas del arbusto Chamaedaphne de Alejandría”

Hasta el trágico informe de un médico del siglo 3 d. C. sobre la muerte por ahogamiento de una esclava de 12 años:

“De Aurelio Philantin (...) hijo de Neoptólemo Aurelio (...) yo (...) certifico que una niña esclava, por muerte accidental después de quedar atrapada en una acequia (...) mientras nadaba con sus amigos (...) cuerpo deforme y sin vida (...) por ahogamiento”

Con la destrucción de la Biblioteca de Alejandría y las 28 bibliotecas públicas de la Roma Imperial se perdieron incontables cantidades de información sobre las civilizaciones antiguas. Oxirrinco no sólo nos cuenta cómo vivían los egipcios hace 15 siglos, también recupera parte de esa literatura perdida, como las obras de autores famosos de la época clásica: los cantos de Safo, la comedia de Menandro y las elegías de Calímaco que imitaban los poetas romanos.

Un fragmento de lo que se cree que es una novela romántica

Entre los documentos transcritos por los voluntarios se encontró un fragmento perdido de una traducción del Éxodo, el segundo libro de la Biblia. Se escribió en el siglo 2 a. C. al estilo de una tragedia griega por un autor poco conocido llamado Ezequiel. “Sabíamos sobre este trabajo porque había sido citado por Eusebio de Cesarea en el siglo 4 d. C., ahora tenemos una copia real” explica el profesor Obbink. En el texto, un largo discurso de Moisés cuenta la historia de su vida, desde que fue descubierto siendo un bebé de entre los juncos del Nilo.

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Gracias al vertedero, ahora sabemos más acerca de Oxirrinco que de muchas de las ruinas más conocidas de Egipto. Sabemos dónde vivía Thonis el pescador, Aphynchis la bordadora, Aniceto el tintorero y Filemon el verdulero. Sabemos cuánto tenían que pagar los agricultores cuando traían dátiles y aceitunas y calabazas al mercado. Sabemos que el 2 de noviembre de 182 d. C. el esclavo Epafrodito de ocho años se asomó por una ventana de la habitación para ver a los tocadores de castañuela en la calle de abajo, se deslizó, cayó y murió. Y todo esto lo sabemos por haber mirado en la basura. [vía The Independent, Daily Mail, Culture24]

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