El LIGO ha detectado ondas gravitacionales por segunda vez en la historia. Imagen: LIGO / T. Pyle

El observatorio Advanced LIGO ha detectado ondas gravitacionales por segunda vez en la historia. En esta ocasión, los científicos han conseguido escuchar el baile de dos agujeros negros —más pequeños que los de la primera vez— que giraron el uno sobre el otro hasta colisionar hace 1.400 millones de años.

Cuando dos objetos tan energéticos se fusionan, generan fuerzas colosales que consiguen curvar el espacio-tiempo. Son las ondas gravitacionales que predijo Einstein en la teoría de la relatividad general y que pudimos detectar por primera vez el 14 de septiembre de 2015, poco después de que empezara a funcionar el observatorio de interferometría láser más preciso del mundo. En aquella ocasión, el LIGO se encontró con la colisión de dos agujeros negros de 36 y 29 veces la masa del Sol. No fue un golpe de suerte.

El 26 de diciembre de 2015, los mismos detectores de Luisiana y Washington (tienen que ser dos en distintas ubicaciones para descartar los falsos positivos) volvieron a escuchar estos “susurros cósmicos” que recorren el universo sin obstáculos. Hoy, un artículo publicado en la revista Physical Review Letters confirma que una señal llamada GW151226 se corresponde con la colisión de dos agujeros negros de 14 y ocho veces la masa del Sol. Estos objetos orbitaron lentamente el uno en torno al otro hasta estrellarse, creando un nuevo agujero de 21 veces la masa del Sol.

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Aunque la distancia del evento es similar (el anterior ocurrió a 1.300 millones de años luz), la masa más pequeña de los agujeros negros produjo ondas gravitacionales de mayor frecuencia que la primera vez. El Advanced LIGO recibió una señal de casi un segundo y los científicos fueron capaces de rastrear las últimas 27 órbitas de estos dos objetos antes de colisionar.

Ubicación de los dos eventos respecto a la Vía Láctea (LIGO)

Para Gabriela González, astrofísica de la Universidad de Luisiana y portavoz del observatorio, con la segunda detección de ondas gravitacionales queda justificado el objetivo del LIGO. “Nuestra intención no era detectar la primera onda gravitacional o probar si Einstein estaba en lo cierto: era crear un observatorio”. Nuevas observaciones permitirán a los científicos estudiar el origen de los sistemas binarios de agujeros negros y su frecuencia de choque.

“Esto es un comienzo prometedor para el mapeo de las poblaciones de agujeros negros en el universo”, explica Gabriela. Además de las colisiones de agujeros negros, desde el LIGO esperan detectar las ondas gravitacionales producidas por estrellas de neutrones: objetos pequeños extremadamente densos que se forman tras el colapso gravitacional de una estrella supergigante.

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Desde el principio de los tiempos hemos observado el universo a través de la luz. Casi todo lo que sabemos de él proviene de las ondas electromagnéticas, captadas a través de los telescopios que ven más allá de nuestros ojos. Ahora tenemos otra manera de estudiar el cosmos: escuchando sus susurros. [LIGO]


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