Medimos el tiempo cuando tocamos el piano, jugamos al tenis o cruzamos un semáforo en ámbar porque nos daba tiempo. Nuestro cerebro tiene una capacidad extraordinaria para medir el tiempo, pero los científicos no acaban de entender cómo lo hace. Un estudio con ratas arroja nuevas pistas sobre el misterio.

Del mismo modo que un satélite GPS sirve para calcular nuestra ubicación o saber la hora, las mismas células cerebrales que se encargan de informarnos de nuestra posición en el espacio podrían ser las encargadas de medir el paso del tiempo en nuestra mente. No es una idea nueva, pero los neurocientíficos tienen cada vez más pruebas de que el hipocampo y la corteza entorrinal (dos regiones del cerebro con un papel importante en la memoria espacial y la navegación) podrían actuar también como un cronómetro mental.

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En 2005, un grupo de investigadores descubrió que cierto grupo de células nerviosas (que se encuentran en el hipocampo) se activaban cuando una rata estaba en un lugar determinado. Les llamaron “células cuadrícula” y son las neuronas de tu cerebro que te informan de tu posicionamiento, es decir, el lugar donde se genera el mapa de la habitación donde te encuentras. Los descubridores de este “GPS del cerebro” ganaron el Nobel de Medicina en 2014.

En un estudio reciente, científicos de la Universidad de Boston demostraron que esas células cuadrícula también se encienden cuando las ratas miden el tiempo. Para el experimento pusieron a los animales a correr en una cinta y les ofrecieron una recompensa cada cierto lapso de tiempo (15 segundos). Tras repetir el ciclo una y otra vez, las ratas aprendieron a medir ese periodo.

Las neuronas del espacio-tiempo

Los investigadores se dieron cuenta de que, a medida que las ratas repetían el ciclo, ciertas neuronas se activaban en el segundo 1, otras en el segundo 2, otras en el 3 y así hasta llegar a los 15 segundos. “Cada célula se dispara en un momento diferente hasta que se llena el intervalo de tiempo” explica Howard Eichenbaum, autor principal del estudio. El código es tan preciso que los investigadores podían predecir cuánto tiempo había estado cada animal en la cinta de correr: sólo tenían que observar las células activas.

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Los encargados del experimento fueron variando la velocidad de la cinta para asegurarse de que las ratas estaban midiendo el tiempo y no la distancia. Algunas de las células hacían un seguimiento de la distancia, pero otras parecían estar vinculadas únicamente al tiempo. Sin embargo, estas aparentes células del tiempo pueden cambiar de función según el contexto: si en lugar de correr por la cinta, la rata está explorando un nuevo ambiente, las células se activan para mapear el espacio y guiarla por la habitación.

El hipocampo es un gran organizador de los recuerdos en el espacio y el tiempo comenta Eichenbaum. Su trabajo sugiere que el espacio-tiempo es una entidad entrelazada en el cerebro que sirve de marco para la memoria: un mapa en el que se organizan los recuerdos de experiencias pasadas. Cómo funciona sigue siendo un misterio, como muchas otras funciones del cerebro a las que todavía no hemos conseguido dar una explicación científica. [vía Quanta Magazine]

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