No es una frase hecha. Las personas que más creen en teorías de la conspiración realmente ven el mundo de manera diferente gracias a una peculiaridad en su sistema perceptivo. Esa es la sorprendente conclusión a la que ha llegado un equipo de psicólogos después de examinar a 264 voluntarios.

Hay miles y miles de personas que creen en teorías de la conspiración, pero la gran mayoría ni están locas ni son idiotas. ¿Qué lleva a una persona normal a dar por buenas teorías que a los demás les parecen un completo absurdo. Uno de los factores que influye es lo que se conoce como percepción ilusoria de patrones.

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Todos los seres humanos tendemos a buscar establecer conexiones con significado cuando encontramos una serie de patrones aleatorios. Así es como funciona nuestro cerebro. Esa cualidad nos permite razonar y explicar el mundo, pero también nos lleva a establecer relaciones de correlación o causalidad en fenómenos que se producen por puro azar. Es, por así decirlo, la base del razonamiento, pero también de la superstición.

El ejemplo más claro de esto a nivel perceptivo es la percepción ilusoria de patrones, que es cuando encontramos conexiones y somos capaces de percibir figuras en dibujos o formas completamente aleatorios, como cuando vemos un dragón en una nube, o una cara en una mancha de la pared.

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Un equipo de psicólogos británicos y holandeses decidió poner a prueba la relación entre esta iusión perceptiva y la tendencia a creer en teorías conspiranoicas. Para ello, seleccionaron a 264 voluntarios y les sometieron a un test para comprobar hasta qué punto creen en teorías de la conspiración muy populares como: la llegada del hombre a la Luna nunca tuvo lugar o el ébola es un virus diseñado en laboratorio. El test también servía para valorar las creencias en lo sobrenatural de cada voluntario.

Después, los voluntarios se sometieron a un test puramente visual en el que había que intentar encontrar patrones en figuras completamente aleatorias como monedas arrojadas al suelo o cuadros de artistas como Victor Vasarely o Jackson Pollock.

El resultado del estudio ha sido sorprendente por lo claro de la correlación. Las personas que creen en teorías de la conspiración perciben patrones ilusorios de manera mucho más consistente y frecuente que el resto. Por decirlo de una forma escueta pero muy ilustrativa, los teóricos de la conspiración realmente ven el mundo de una forma diferente, y a veces esa percepción les lleva a ver conexiones donde no las hay. [Journal of Social Psicology vía Science Alert]