Cuando vemos a un caballero medieval ataviado con una pesada armadura de acero que cubre todo su cuerpo a menudo lo imaginamos moviéndose despacio y blandiendo su espada pesadamente casi como si fuera un zombie. La ciencia, una vez más, nos demuestra hasta qué punto lo que vemos en el cine, las series o los videojuegos no tiene nada que ver con la realidad (salvo honrosas excepciones).

Los pocos textos medievales que se conservan hoy en día prueban un panorama muy diferente a lo que nos muestra el cine en lo que respecta a combates con armadura pesada. Un equipo de investigadores de la Universidad de Ginebra ha querido exprimentar de primera mano la realidad de moverse con una armadura que pesa alrededor de 30 kilos.

Para ello, lo que han hecho ha sido reproducir la curiosa rutina de ejercicios que realizaba Juan le Maingre “Boucicault”. Le Maingre fue Mariscal de los ejércitos de Francia bajo Carlos VI desde 1391. Aparte de sus victorias militares, este guerrero se hizo famoso por su impresinante forma física luchando con armadura de placas. El secreto de esa forma física no era otro que una bruta rutina diaria de ejercicios con la armadura puesta que incluía:

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  • Saltar a lomos de un caballo.
  • Correr largas distancias.
  • Ejercitar los brazos con un hacha o martillo.
  • Subir una escalera de mano valiéndose solo de los brazos.
  • Escalar paredes.
  • Hacer saltos con pirueta.

Los investigadores han pasado meses repitiendo los ejercicios de Boucicault recogidos en un manuscrito medieval conservado en la Biblioteca Nacional de Francia, y llevando una réplica exacta de la armadura (sin el casco) que pesa 26 kilos. No solo todos los ejercicios son posibles, sino que se pueden ejecutar con una sorprendente agilidad.

El problema de llevar armadura de placas no es tanto una cuestión de velocidad, sino de resistencia física. Un estudio similar realizado por biólogos británicos midió el consumo de oxígeno de la persona que llevaba la armadura y es 1,9 veces superior en carrera y hasta 2,3 veces mayor simplemente caminando con ella. El hecho de llevar casco empeora el rendimiento porque la entrada de oxígeno con el visor bajado suele ser limitada.

El estudio, que acaba de publicarse en la revista Historical Methods: A Journal of Quantitative and Interdisciplinary History no es concluyente porque no se ha realizado un estudio con u grupo de población lo bastante grande. Sin embargo, demuestra perfectamente que el uso de armaduras de placas de acero en la batalla no reducía la velocidad de movimiento tanto como se cree. Tan solo reducía la resistencia física del guerrero que la portaba. [Historical Methods: A Journal of Quantitative and Interdisciplinary History vía Medievalists.net]


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