Existe la creencia muy difundida de que, si uno está triste o de mal humor pero se obliga a sonreír, su estado de ánimo mejora. Parece una de esas cosas que nos diría nuestra abuela, pero tiene una cierta base científica, o la tenía. Un nuevo estudio acaba de descartar la idea.

El estudio original se basaba en un experimento psicológico llevado a cabo en 1980 que pedía a una serie de participantes calificar lo graciosas que encontraban unas tiras cómicas mientras sostenían un bolígrafo con los labios o los dientes, lo que obligaba a la cara a adoptar una postura de enfado o de sonrisa. El estudio puede parecer poco riguroso, pero sirvió de base para que el psicólogo alemán Fritz Strack, de la Universidad de Würzburg, planteara la hipótesis de la respuesta facial. La teoría no tardó en llegar al imaginario popular ávido de soluciones caseras milagrosas para mejorar su estado de ánimo.

Ninguno de los experimentos que trataron de replicar las observaciones del original tuvieron éxito, así que 17 laboratorios en todo el mundo han unido fuerzas para realizar en un estudio masivo con 1.894 personas y un objetivo: corroborar o desmentir la hipótesis de Strack. La metodología de este estudio ha sido mucho más exhaustiva. Se retiraron del estudio los sujetos que dedujeron el objetivo del mismo. Se comprobó que las tiras cómicas fueran universalmente graciosas y hasta se grabó con cámaras la postura facial de los voluntarios y se descartó a los que no lograban adoptar una sonrisa forzada perfecta al sujetar el bolígrafo.

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Nada de eso ha servido. No han encontrado ningún indicio de que forzar a la cara a sonreír tenga un efecto de ningún tipo sobre el estado de ánimo de una persona. El coordinador del estudio es el psicólogo Eric-Jan Wagenmakers, de la Universidad de Amsterdam. Wagenmakers explica que ni siquiera han logrado registrar un efecto del 30%, que hubiera bastado para, al menos, dejar una puerta abierta abierta a la esperanza sobre la existencia de la hipótesis de la respuesta facial.

Por supuesto, la psicología es ese campo de estudio en el que los estudios tienden a no poder replicarse y el hecho de que uno falle no implica para nada que la hipótesis esté muerta para los que la defienden. De momento, quizá sea sano dejar de dar consejos tóxicos y plantearse hacer otras cosas para mejorar nuestra vida más allá de estirar las comisuras de los labios a ver si hay suerte. [vía LiveScience]