Larva del Angiostrongylus cantonensis. (Imagen: CDC)

Científicos de Florida han encontrado rastros de gusanos que habitan las arterias pulmonares de las ratas en cinco condados, hallazgo que refuerza la idea de que este parásito potencialmente mortífero está expandiendo su rango geográfico a causa del cambio climático (como habrán podido adivinar).

Si esto les suena familiar, probablemente estén pensando en la reciente erupción de infecciones causadas por estos parásitos en Hawái. En ese estado insular del Pacífico solo se han registrado dos casos de esta enfermedad conocida como agiostrongiliasis en los últimos 20 años, pero en los últimos meses se han registrado seis casos consecutivos.

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Este parásito, que se extiende gracias a una alianza maldita entre ratas y caracoles, es endémico de Hawái, pero se han detectado casos en California, Alabama, Luisiana y Florida. En este último estado, según un nuevo estudio publicado en PLOS One, la extensión geográfica de la enfermedad es mucho mayor de lo que se suponía. La investigación añade credibilidad a la idea de que el cambio climático podría estar jugando un papel importante en la expansión geográfica de este gusano subtropical.

Estos gusanos de las arterias pulmonares de las ratas representan un serio riesgo para la salud de los humanos y de otros animales que ingieren caracoles. Aunque las tasas de mortalidad de esta enfermedad son bajas, los parásitos pueden provocar una forma de meningitis, y una infección severa podría desencadenar en un coma o incluso la muerte. En los adultos, los síntomas de la infección se presentan como dolores de cabeza, rigidez en el cuello, fiebre, vómitos, náusea y parálisis facial o en las extremidades. Por otro lado, en los niños la infección se manifiesta a través de náuseas, vómitos y fiebre. Según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, no hay tratamiento para una infección por A. cantonensis.

El ciclo de vida de este malicioso gusano depende de dos especies: los caracoles y las ratas. Los primeros ingieren al parásito cuando comen las heces de las ratas infectadas, y estas, por su parte, comen caracoles infectados, lo que hace que continúe este ciclo. Mientras tanto, los humanos contraen la enfermedad al consumir caracoles infectados, o al comer ranas y crustáceos, los cuales también pueden infectarse con el parásito.

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El proyecto conjunto entre la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Florida y el Museo de Historia Natural de Florida halló rastros de estos gusanos en cinco de los 18 condados estudiados: Alachua, León, San Juan, Orange y Hillsborough. De las 171 ratas examinadas, 23 por ciento estaban infectadas con la enfermedad. Asimismo, en los condados en los que el parásito fue encontrado, cerca del 16 por ciento de las heces de rata recolectadas mostraron rastros de la enfermedad, al igual que casi el dos por ciento de los caracoles de tierra examinados.

Los condados marcados con un círculo negro son aquellos en los que se encontraron estos gusanos que habitan las arterias pulmonares de las ratas. Por otro lado, aquellos condados marcados con círculos blancos dieron negativo en el estudio sobre la presencia de estos parásitos. Finalmente, aquellos que no tienen un símbolo no formaron parte de este estudio. (Imagen: H D. S. Walden et al., 2017/PLOS One)

El nuevo estudio no solo revela el grado alarmante de propagación del parásito en el estado de Florida, sino también pone en discusión cómo el cambio climático puede estar contribuyendo a su expansión geográfica.

El parásito está aquí en Florida, y es un tema que necesita ser tratado con seriedad” dijo en una declaración Stockdale Walden, autor del estudio. “Lo cierto es que resulta probable que ya se encuentre en más condados de los que hemos podido hallarlo, y que se haya extendido en el sureste de los Estados Unidos incluso más de lo que creemos. La capacidad de este nematodo [de ambiente] históricamente subtropical para desarrollarse en un clima más templado es alarmante”.

John Slapcinsky, coautor del estudio, esperaba que el alcance del gusano estuviera restringido a solo una parte del estado, dada su preferencia por los ambientes tropicales. Sin embargo, declaró que “el estar en otro organismo podría significar que empieza a afectarle menos el impacto del clima frío”.

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Los caracoles son criaturas extremadamente lentas, pero pueden propagarse escabulléndose hasta los contenedores de carga o las plantas de las macetas. Suena perturbador, pero estos gusanos no discriminan cuando se trata de especies de caracoles. En este caso, el parásito fue encontrado en tres especies distintas, todas nativas de Florida.

Hay muchas especies de caracoles endémicas al sur de Florida que no existen en ningún otro lugar, y lo que menos se quiere es complicarles aún más la existencia” dijo Slapcinsky. “Estos gusanos de las arterias pulmonares de las ratas están encontrando una nueva piscina llena de animales a los que infectar. Mientras más especies infecte, mayor será su población, y más fácil su transmisión”.

Los científicos de Florida afirman que más de 2.800 casos de infecciones humanas han sido documentados a nivel mundial, pero esta cifra probablemente sea mayor, ya que esta enfermedad muchas veces no es diagnosticada o incluso detectada. Para reducir el riesgo de infección, aconsejan lavar productos como las lechugas, por ejemplo, pues entre sus hojas pueden esconderse fácilmente pequeños caracoles. Además, cualquiera que esté en contacto con un caracol (en especial niños curiosos) debe lavarse las manos.

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Finalmente, otra forma de limitar la expansión de esta enfermedad, según sugiere el estudio, es poner freno al calentamiento global. Sin embargo, dada la situación actual en Washington, probablemente lo más práctico será alejarse de los caracoles y seguir lavándonos las manos.

[PLOS One]