Un caza “Zero” como el que atacó a Bagget. Wikimedia Commons

En la lista de leyendas de los conflictos bélicos, tipos realmente duros como el acero, hay unos que ocupan los primeros puestos sin discusión alguna. Hombres hechos a sí mismos, capaces de luchar sin extremidades, o con una puntería que ya quisiera John Rambo. Este es el caso de Owen Bagget.

Adrian Carton de Wiart podía equipararse en “dureza” a Peter Freuchen. Freuchen, catalogado por muchos como el más duro entre los duros, se hizo un cuchillo de sus propias heces congeladas para sobrevivir en la nieve. Wiart, por su parte, decidió que no hacían falta tantos dedos en la mano para luchar.

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En cualquier caso, no hace falta perder extremidades para convertirse en una leyenda de la guerra. Audie Murphy, herido en una pierna, sacó fuerzas de flaqueza y se subió encima del tanque en llamas que apuntaba a seis blindados y un batallón entero de soldados enemigos. Desde allí, y durante una hora, él solo fue capaz de mantener a raya a los alemanes descargando toda la munición que llevaba encima.

Audie Murphy. Wikipedia Commons

O Mad Jack, el escocés indomable. El tipo aparecía entre las barreras enemigas en modo épico. Poco antes de su llegada, se escuchaba una gaita. Se llamaba John Malcolm Churchill, y se pasó la guerra matando nazis con una espada (y su gaita).

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No podemos olvidarnos en esta lista top de Simo Häyhä, el granjero finlandés que, ataviado con máscara y guantes blancos, el sólo fue capaz de acabar con 542 soviéticos. Fue el francotirador que más soldados ha matado en la historia bélica, y lo llamaron White Death.

A Owen J. Bagget no le hizo falta nada de esto para entrar en la lista de leyendas. Con un disparo se ganó un puesto para la eternidad.

Una carrera militar

Owen J. Bagget. Imagen: Seann McAnally’s

El soldado nació en 1920 en Texas. Después de terminar la escuela secundaria, Baggett se mudó a la ciudad de Abilene para inscribirse en la Universidad Hardin-Simmons y estudiar finanzas. Luego se mudó a Nueva York y comenzó a trabajar en Johnson and Company Investment Securities.

Mientras estuvo en la firma de inversiones, algo le hizo cambiar de opinión sobre su futuro. En diciembre de 1941 se ofrece como voluntario para el Cuerpo Aéreo del Ejército y comienza el entrenamiento básico de pilotos en la escuela New Columbus Army Flying.

Tras graduarse, Baggett fue destinado a la India, muy cerca de la Birmania ocupada por los japoneses. En este punto de la historia se convirtió en copiloto de un bombardero B-24 con el 7th Bomb Group, y alcanzó el rango de segundo teniente. Durante esta época, el trabajo de Baggett consistía principalmente en vuelos de bombardeos aéreos a Birmania y ayudar a defender las rutas de suministro aliadas entre India y China.

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Se podría decir que la carrera de Baggett fue, en su mayoría, sin grandes incidentes durante alrededor de un año, hasta que lo llamaron para participar en una serie de bombardeos el 31 de marzo de 1943. La misión en sí parecía bastante simple: Baggett y el resto del grupo debían volar a Birmania y destruir un pequeño pero vital puente ferroviario cerca de la ciudad maderera de Pyinmana.

Un acto para la historia

B-24 como el utilizado por Baggett. Wikimedia Commons

Sin embargo, poco después de despegar, los bombarderos (sin escolta alguna) fueron atacados por varias docenas de cazas japoneses. Durante la batalla, los disparos japoneses alcanzaron los tanques de oxígeno de emergencia del avión, dañando severamente el aparato.

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Evaluando la situación desesperada, el primer teniente Lloyd Jensen dio la orden para que la tripulación tratara de salvarse. Acto seguido, Baggett y el resto del grupo saltaron del avión.

Unos segundos después el grupo se da cuenta de la situación tan extrema que tenían. A lo lejos se acercaba un caza japonés que estaba descargando toda la munición sobre los cuerpos “flotando” de la 7th Bomb Group. Tal y como Baggett recordó más tarde, algunos de sus compañeros quedaron despedazados en cuestión de segundos por culpa de los disparos (en total, 5 de los 9 a bordo del bombardero derribado fueron asesinados).

Un caza “Zero” como el que atacó a Bagget. Wikimedia Commons

En cuanto a él, una bala rozó su brazo derecho desnivelándolo. De forma desesperada, el hombre trató de mantenerse colgando en el arnés de su paracaídas. Más o menos en este punto del relato, comienza la escena peliculera que llevó a este paracaidista a convertirse en leyenda.

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Baggett se había dado cuenta de que un piloto japonés no se había dado por vencido después de derribar el bombardero. El Zero enemigo estaba dando vueltas alrededor del paracaidista, abrió su carlinga para poder tener una visión más completa y luego comenzó a descargar munición una vez más sobre él y el resto de supervivientes.

El soldado decidió hacerse el muerto, pero al japonés parecía darle igual, quería asegurarse de acribillar a balazos los cuerpos del enemigo. El caza se pone de frente, a lo lejos, y comienza a acercarse a la posición de Baggett para tratar de acabar con el paracaidista.

Baggett dejó de jugar a hacerse el muerto e hizo lo único que podía hacer: sacó su pistola M1911 de su funda, apuntó al piloto como pudo y apretó el gatillo. Baggett no se dio cuenta de lo que sucedió después, cerró los ojos y cuando los abrió supo que no estaba muerto. Sólo sabía que el caza había desaparecido de su radar y estaba más preocupado por los otros combatientes y su tripulación.

pistola M1911. Wikimedia Commons

Unos segundos después el caza enemigo se estrellaba en alguna zona del suelo. El soldado había acertado con un disparo en la cabeza sobre el piloto japonés. Al llegar a tierra los tres supervivientes fueron capturados e interrogados.

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Tras contar al enemigo los acontecimientos, los japoneses le ofrecieron morir con honor a través del harakiri, pero Baggett rechazó la oferta. Pasó dos años como prisionero de guerra hasta su liberación el 7 de septiembre de 1945.

El hombre continuó sirviendo en el ejército durante varios años después de la Segunda Guerra Mundial, llegando a alcanzar el rango de coronel. Baggett fallecía el 27 de julio del 2006, moría el único hombre que había alcanzado a un piloto de un caza de un disparo, mientras saltaba en paracaídas a miles de metros de altura. [Wikipedia, AirForceMag, WarHistory]