Si visitas la localidad inglesa de Stockton-on-Tees puedes sacarte una foto con la estatua que homenajea al inventor de las cerillas de fricción, el químico John Walker. O quizá no, porque en realidad el busto no corresponde al de ese personaje, y lleva así 40 años.

En realidad, la imagen no corresponde al químico que inventó las cerillas que se encienden al frotarlas, sino a un actor británico con el mismo nombre pero que murió más de 20 años antes del descubrimiento y que, de hecho, nunca visitó la ciudad. Al parecer, el error se debe a que existen muy pocas imágenes del químico, y se remonta a un retrato atribuido erróneamente por historiadores locales ya en el siglo XIX.

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El busto se inauguró en 1977 y costó alrededor de 1.400 libras de la época. La mayor parte del dinero para su creación provino de fabricantes de cerillas. El error no se descubrió hasta 20 años después, cuando el ayuntamiento consultó con la National Portrait Gallery de Londres. Sin embargo, decidió ocultar el problema para evitar más polémica porque no era el primer monumento fallido. En 1893, la ciudad inauguró una placa en la que se decía erróneamente que John Walker era el inventor de las Cerillas Lucifer. En 2001, el ayuntamiento erigió una cerilla gigante de plástico pero tuvo que ser retirada porque los habitantes la encontraron antiestética.

Retrato del auténtico John Walker.

Un genio no reconocido

John Walker (1781 - 1859) inventó las cerillas de fricción por casualidad cuando experimentaba en su laboratorio tratando de crear un explosivo. Una pequeña cantidad de una mezcla de sulfuro de antimonio, clorato de potasio, goma y almidón se secó en la punta de un palito. Cuando Walker la frotó para retirarla, esta prendió.

En realidad, la mezcla era un poco inestable. Explotaba de forma demasiado violenta, y desprendía un fuerte hedor. Fueron otros inventores posteriores como el francés Charles Sauria o el húngaro János Irinyi los que fueron perfeccionando la fórmula. Como concepto, la cerilla data de mucho antes. En China, en el siglo X ya se utilizaban ramitas de pino empapadas en azufre para prender fuego.

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En 1827, John Walker comenzó a vender sus cerillas en la farmacia que regentaba en pequeñas cajitas con un papel de lija en un lateral. El inventor Michael Faraday instó a Walker a que patentara sus cerillas, pero este se negó explicando que prefería que toda la humanidad se beneficiara de su creación. Dos años después, un químico londinense llamado Samuel Jones patentó exactamente la misma fórmula con el nombre de Cerillas Lucifer. [vía Daily Mail]

Foto de portada: The Independent

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