En la Tierra, las auroras polares (boreales en el hemisferio norte y australes en el hemisferio sur) ocurren cuando las eyecciones de masa solar impactan contra el campo magnético de la Tierra, lo que se conoce como magnetosfera. Cuando ese mismo proceso ocurre en Júpiter, sus consecuencias desconciertan a los científicos.

Las similitudes con nuestro planeta, sin embargo, acaban ahí. El tamaño de Júpiter implica que estas auroras ocurren en su atmósfera a menudo son más grandes que incluso la propia Tierra. Algunas particularidades, además, no hacen más que acentuar el misterio y el espectáculo.

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En concreto: ocurren cada un determinado tiempo, normalmente 45 minutos, lo que implica que el polo norte de Júpiter se encienda y se apague como si fuese una descomunal bombilla titilando. Para poder apreciar el efecto es necesario escudriñar el espectro de los Rayos X, por lo que no son visibles a simple vista. Cuando los datos captados se superponen con una imagen del planeta captada por el Hubble lucen así:

En los últimos meses, algunos de esos pulsos se han acelerado hasta solo 26 minutos. El por qué de ese tiempo concreto y por qué siguen un patrón para empezar forma parte de los enigmas que los científicos esperan resolver cuando la misión Juno de la masa alcance el planeta este mismo verano.

Aparte de por puro espectáculo ¿Por qué importan las fascinantes tormentas solares de Júpiter? Pues sobre todo porque suponen una nueva a aproximación a cómo funcionan los campos magnéticos en otros planetas. El de la Tierra, la ya mencionada magnetosfera, juega un papel clave en la preservación de la vida y el mantenimiento de diversas constantes biológicas y geológicas.

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Entender cómo se comporta en otros astros y en otros lugares del universo puede que acabe llevándonos a ese exoplaneta en el que, por fin, encontremos vida. [vía Journal of Geophysical Research]


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