Foto: NASA/Nathan Kurtz

En 2010 apareció una grieta en la Barrera de Hielo Larsen, una de las enormes placas de hielo flotante que rodean a la Antártida. Desde entonces, no ha parado de extenderse. En la última semana, su degradación avanza tan rápido que está a punto de liberar la madre de todos los icebergs.

Un reciente examen por parte de los científicos de Project MIDAS constata que a la grieta solo le quedan 13 kilómetros para alcanzar el mar. Cuando lo haga, liberará un iceberg de más de 6.000 kilómetros cuadrados y 350 metros de grosor. Por ponerlo en perspectiva, es casi dos veces el tamaño de Mallorca y tres veces el tamaño de Tenerife.

Foto: John Sonntag/IceBridge/NASA Goddard Space Flight Center

La grieta lleva extendiéndose años, pero en los últimos seis meses lo ha hecho a un ritmo vertiginoso. En diciembre de 2016 creció 20 kilómetros. En enero otros 10, y en la última semana apareció una segunda grieta de 17 kilómetros. Los científicos estiman que su escisión completa de la Barrera de hielo Larsen es irreversible.

No es la primera vez que se libera un iceberg de estas proporciones. En el año 2.000 se desprendió un fragmento de 11.000 kilómetros cuadrados desde la placa de Ross. Al evento se le conoce como Iceberg B-15. Más atrás, en 1998, se desprendió otro de 6.900 kilómetros cuadrados (denominado A-38) desde la plataforma de Filchner-Ronne.

El iceberg B-15 en el Mar de Ross, en 2001. Foto: Wikipedia

Los expertos en glaciares y en el comportamiento de las grandes masas de hielo descartan por completo que este nuevo megaiceberg tenga provoque ninguna subida repentina en el nivel del mar. Su preocupación actual es averiguar como afecta el fenómeno a la estabilidad de Larsen. Combinada con el retroceso de los glaciares en la zona, la rotura de la placa puede ser el comienzo de un deterioro importante en toda la región, y eso sí tendría consecuencias. [vía Project MIDAS]

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