En Uncharted 4: A Thief’s End vimos el final de la historia de Nathan Drake, un personaje al que habíamos acompañado en sus aventuras durante una década. Ahora es momento de conocer el futuro de la saga, y Uncharted: The Lost Legacy es la prueba de que no hace falta tener a Nate para contar una historia genial.

En el año 2007 los estudios de Naughty Dog publicaron Uncharted: Drake’s Fortune quizás sin saber el éxito que sería. Fue el nacimiento de una saga épica que durante cuatro juegos principales y un spin-off (Golden Abyss) nos contó las aventuras, hazañas y problemas en los que se metía un tipo llamado Nathan Drake y aquellos que lo rodean. En 2016 Uncharted 4: A Thief’s End puso un fin a su historia, pero eso no significa que era el final de la saga.

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Uncharted: The Lost Legacy es el primer juego de la saga que se desarrolla con otro protagonista que no sea Drake, Sully o nadie del grupo de Nathan. Esta vez controlaremos a Chloe Frazer, una cazadora de tesoros que ya conocimos en las primeras tres entregas de Uncharted, quien está acompañada de Nadine Ross, una mercenaria que conocimos en A Thief’s End. Nathan no tiene nada que ver en esta historia, y tampoco hace falta.

El juego, que se desarrolla pocos meses después de los acontecimientos de Uncharted 4, lleva a Chloe y Nadine a la India en búsqueda de un tesoro llamado “el colmillo de Ganesh”. Todo el juego se desarrolla entre diferentes regiones de la India, incluyendo una serie de templos asombrosos. En resumen, The Lost Legacy luce tan impresionante y precioso como se espera de un Uncharted.

El hecho de que esta saga lleve 10 años con el mismo protagonista me despertaba muchas dudas. ¿Podrá Uncharted sobrevivir sin Nathan Drake? La respuesta, al menos en The Lost Legacy, es sí, y tiene que ver con sus dos mejores aspectos: la historia y las protagonistas.

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En primer lugar, todo el relato de la búsqueda de un tesoro mítico en la India se siente tan Uncharted como cualquier otro juego de la saga, y eso es genial. Estamos ante otra película de acción y cazadores de tesoros hecha videojuego, un relato al mejor estilo de Indiana Jones mezclado con un gran misterio, puzzles divertidos de resolver y una ambientación asombrosa.

Al sumar todo esto con la química de las protagonistas resulta en un gran juego. Y es que Chloe no será Nathan Drake, pero sí que nos recuerda a él. Es bocazas, atrevida, graciosa y un poco molesta, lo que se mezcla a la perfección con el mal humor de Nadine, su afán por hacer el trabajo rápido y sin problemas y lo obstinada que es la mercenaria. Sus conversaciones siempre son épicas.

Quizás la única desventaja del juego es que en cuanto a jugabilidad y mecánicas no innova en prácticamente nada. Chloe tiene que saltar, escalar, cubrirse y disparar a sus enemigos, usar una cuerda para balancearse entre rocas, escalar un poco más y conducir un todoterreno. Es, básicamente, lo mismo que hicimos en Uncharted 4 (comprensible, dado que usa el mismo motor), con la excepción de los nuevos puzzles un poco más complicados y el escenario de mundo abierto al que llegas después de la primera hora de juego, el cual es enorme pero con pocas cosas por hacer.

Al final, Uncharted: The Lost Legacy ofrece una nueva aventura desde el punto de vista de un protagonista completamente nuevo, y funciona. Su historia engancha, escuchar hablar a las protagonistas mientras las llevas de un lugar a otro en el coche da más contexto para conocerlas y tenemos más escenas épicas de acción, esas en la que todo el escenario se derrumba en un glorioso caos.

Nathan Drake tiene el mayor mérito de todos: el de haber dado vida a una saga divertida y memorable, pero The Lost Legacy demuestra que hay más Uncharted después de Nate, por más que siempre lo vayamos a extrañar.