The Walking Dead se ha convertido en una nueva Juego de Tronos. Desde hace varias temporadas el mayor protagonista de la serie es la tragedia, y en el primer episodio de la séptima temporada no es excepción. The Walking Dead ha regresado por todo lo alto, con un episodio brutal y macabro del que tenemos que hablar.

Aviso: antes de leer recomendamos haber visto el primer episodio de la séptima temporada para evitar spoilers. Analizaremos los acontecimientos a continuación.

Tengo sentimientos encontrados con este episodio de The Walking Dead. Sí, ha sido una hora brutal y llena de tensión. Durante cada minuto estuve a la expectativa de qué sería lo siguiente en suceder, sobre todo después del segundo batazo. Pero la realidad es que no puedo dejar de pensar que esto debimos verlo al final de la sexta temporada, no ahora.

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No me malinterpreten, el episodio fue todo lo que esperaba, incluso cuando el resultado de la lotería de Negan fue predecible. Los creadores de la serie nos prometieron un episodio lleno de impacto, y así fue, pero no hubo una gran sorpresa si lo pensamos ahora.

Porque la serie tenía que matar a un personaje principal que realmente afectara a los espectadores y fanáticos, pero no demasiado. Eso quiere decir que personajes como Aaron, Sasha y Eugene estaban a salvo por ser secundarios y no haberse ganado el aprecio infinito del público, pero personajes como Rick y Carl eran intocables por ser parte del centro de la trama. Michonne y Daryl podían haber estado en peligro, pero son tan populares que dudo que los guionistas los hubiesen matado.

Eso deja a solo dos personajes en el limbo, casualmente los dos que murieron.

De todas formas, el episodio fue llevado a cabo a la perfección. Fue un paseo macabro con Negan de guía. La primera muerte, Abraham, nos afectó y se llevó a cabo después de una repetición completamente necesaria del conteo de Negan. Incluso la partida de Abraham fue digna de él, insultando a Negan e intentando volverse a levantar cada vez, algo a lo que Negan respondió con un “miren cómo lo aguanta, ¡como un campeón!”, lo que ya habíamos escuchado al final de la temporada pasada. Fue una muerte honorable que tomó por el equipo, como el macabro villano nos lo recordó luego.

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Pero fue la segunda muerte la que nos dejó con la boca abierta, por más necesaria que fuese. Porque uno de los problemas de que hayan dejado pasar casi seis meses entre el cliffhanger del episodio final y la revelación de que un personaje moriría es que estábamos a la expectativa de que justamente eso sucediera y la emoción había pasado. El primer batazo a Glenn fue un bombardeo de adrenalina que no nos esperábamos recibir. La sorpresa con la que intentaron matizar el hecho de tenernos esperando durante meses.

Su muerte fue macabra y explícita, además de un tributo tenebroso a los cómics. Porque sí, la víctima de Negan en los cómics de The Walking Dead es Glenn, e incluso se le sale un ojo con el primer batazo como vimos en la serie. Es algo horrible que no imaginé harían en la serie.

Este es Negan

Negan no es una amenaza menor, ni siquiera el Gobernador se compara a este hombre. El nuevo villano de The Walking Dead es todo lo macabro que podemos esperar. Sangriento, despiadado y sobre todo cínico.

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Porque siempre tiene una sonrisa despreciable marcada en el rostro, incluso cuando le dice a un padre que le corte la mano a su hijo... o cuando asesina a batazos a alguien.

Pero Negan es el villano que se merece el equipo de Rick, porque se lo han buscado por completo. Al final del episodio Maggie dice, con lágrimas corriendo por sus mejillas mientras se acerca al cadáver de su esposo con la cabeza hecha puré, que esto es “su culpa” por haber hecho salir al grupo para ayudarla a ella con su embarazo complicado.

Lo siento Maggie, tienes tus pecados, pero esto no es tu culpa. La culpa es únicamente de Rick.

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Negan es el villano que se merece este grupo porque en The Walking Dead no hay nadie inocente. Ni siquiera un niño como Carl. Los protagonistas han adoptado (por necesidad, supongo) una filosofía de vida basada en “comer o ser comido”. Ellos matan sin misericordia incluso cuando podían haber alternativas, y se buscan los problemas. Rick fue el que, creyéndose completamente invencible, llamó la atención de Negan al matar a docenas de sus secuaces. La respuesta de un sádico villano como Negan no podía ser otra más que golpear de vuelta, y golpear muy fuerte.

Lo que más me gustó del episodio fue la actitud de Negan junto con la impecable actuación del actor detrás del personaje y del actor que interpreta a Rick. Porque el líder del grupo protagonista (que sería incapaz de llamar “los buenos”) aún y cuando le acababa de matar a dos de los suyos no caía en cuenta de que estaba acabado. No aceptaba el ser sumiso, sino hasta que amenazó a su hijo. El cambio en la mirada que le pedía Negan es algo impresionante de ver. Rick nunca había sido sometido de tal forma.

The Walking Dead comienza su séptima temporada con más fuerza que nunca. Siendo macabra, violenta y tan explícita que era difícil ver las escenas. Daba náuseas.

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Sabemos que de algún modo u otro los protagonistas saldrán de este problema pero, ¿acaso merecen que deseemos su bien? ¿acaso Rick no es otro psicópata más que asesina supuestamente por el bien de los suyos?

Aquí ya no hay buenos ni malos. Solo hay supervivientes. Y Negan tenía razón en muchas cosas, sobre todo cuando le dice a Rick que es un iluso por creer que todos vivirían felices para siempre y comerían en una gran mesa familiar los domingos. ¿En qué mundo cree que vive? O más importante, ¿realmente cree que lo merece?


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