Existe una corriente filosófica que indica que las leyes de la robótica de Asimov se sobrepasan en el futuro con una civilización post-humana. La creencia de que existe una posibilidad significativa de que un día nos convirtamos en esa civilización capaz de realizar simulaciones ancestrales es obviamente falsa, imposible de creer. A menos de que efectivamente estemos viviendo en ella.

Frente a esta idea, Asimov y Campbell compartieron con el mundo entero su visión ficticia de las normas sobre las que se diseñarían las inteligencias artificiales. En realidad líneas de códigos para la “mente” de un robot con la que los humanos nos podríamos proteger ante un intento de rebelión de la máquina ante su “creador”.

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De esta forma, las máquinas descritas por Asimov, más humanas que ninguna, serían incapaces de hacer daño a un humano, de obedecerlo siempre, e incluso de protegerse así misma mientras no entren en conflicto con la protección del propio ser humano. Más o menos y salvando las distancias, esa idea sería similar a la del T-800 de Cameron que protegía a John Connor. Unas leyes de la robótica que se remontan al relato Runaround de 1942, fecha desde la cual han surgido otras corrientes filosóficas que apoyan o desafían a la misma.

Imagen: Portada de I, Robot de Asimov

El mismo Turing lo dijo en 1951. El hombre tenía bastante claro después de formular su famoso test que en algún momento cabía esperar que las máquinas tomaran el control. Su “examen” validaría o no la capacidad de que una máquina lograra engañar al humano, pero más importante aún, se mediría la capacidad que tiene esa IA del futuro para generar respuestas más “humanas”.

De ahí que surja el tópico en la ciencia ficción de IA fuerte, esa inteligencia artificial capaz de igualar o incluso exceder a la inteligencia humana promedio, es decir, que llegue a ser capaz de realizar una tarea intelectual de un ser humano.

Llegados a este punto, el mismo John Searle, abanderado con su teoría de la Habitación China, refuta cualquier probabilidad de IA fuerte por una cuestión básica: de ser realidad, estaríamos asociando a la máquina una semántica, no sólo una sintaxis. De ser así también, les estaríamos dando a la IA cualidades innatas del ser humano como son la conciencia, el autoconocimiento o incluso la sensibilidad y la sapiencia.

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Searle decía en su teoría que cualquier argumento de una IA es falso porque en realidad el sistema no entendía (en este caso el lenguaje chino), lo que hacía era simular que lo entendía. Y es justo aquí, con la simulación, donde aparece la teoría de Nick Bostrom. ¿Y si esa simulación es parte de nuestro universo? ¿Y si yo y tú (lector) formamos parte de una simulación del futuro?

La teoría de la simulación

Imagen: Agsandrew / Shutterstock

Cuando hablamos del futuro partimos por norma general de una hipótesis, y eso es precisamente de lo que habla el filósofo de la Universidad de Oxford, de una proposición que podría ser tan válida como cualquier otra... si no es imposible. La idea o tesis de que nuestra realidad es una ilusión no es nueva. De esta hipótesis escéptica ya hablaba Platón y los mismos Mayas, aunque apoyado en la visión y conocimientos actuales Bostrom la ha llevado a debate dentro del campo del transhumanismo.

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Para Bostrom y otros escritores hay razones empíricas que postulan la hipótesis de la simulación. Según el autor, si pensamos en el futuro, de aquí a muchos, muchísimos años, podríamos dar por válido que una civilización post-humana madura llegara a desarrollar capacidades de cómputo enormes, inimaginables hoy. Si es así, en ese futuro habría sistemas capaces de realizar tareas tan titánicas y ciertamente ficticias en la actualidad como son las de simular todo un pasado de los antepasados. Y de ser válido esto, ¿por qué una única simulación? Bostrom habla de la posibilidad de llevar a cabo varias, tantas como esa capacidad de cálculo haya sido desarrollada.

De ser cierto, nosotros ahora mismo y en este momento, podríamos ser parte de esa simulación, o como mínimo, existe un alto porcentaje de que ese razonamiento sea válido. De ser cierto también, estaríamos a un 50% de probabilidades de estar dentro de la simulación (o de ser la civilización avanzada que la crea), aunque también sería válido decir que dependiendo del número de simulaciones que esa sociedad fuera capaz de desarrollar, los porcentajes bajarían pudiendo ser de menos del 1%.

Imagen: Kuda / Shutterstock

Por tanto Bostrom dice que si damos por válido que una civilización post-humana madura tiene esa capacidad de computación brutal, basado en ese hecho empírico el argumento de simulación mostraría que al menos una de las siguientes proposiciones sería verdad:

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  • La fracción de civilizaciones de nivel humano que alcancen un estado posthumano es muy cercana a cero.
  • La fracción de civilizaciones posthumanas que están interesadas en ejecutar simulaciones de ancestros es muy cercana a cero.
  • La fracción de todas las personas con nuestra clase de experiencias que están viviendo en una simulación es muy cercana a uno.

De esta forma, el académico sugiere lo siguiente:

Si la primera proposición es verdadera, entonces es casi seguro que nos extinguiremos antes de alcanzar la posthumanidad. Si la segunda es verdadera, entonces debe existir una fuerte convergencia en los destinos de civilizaciones avanzadas, de tal manera que virtualmente ninguna contenga individuos relativamente adinerados que deseen ejecutar simulaciones de ancestros y que sean libres de hacerlo. Si la tercera es verdadera, entonces es casi seguro que vivimos en una simulación. En el bosque oscuro de nuestra ignorancia actual, parece sensato distribuir el crédito igualmente entre la primera, la segunda y la tercera.

Bostrom finaliza con una obviedad dentro de su teoría, y es que a menos que realmente vivamos en una simulación, nuestros descendientes probablemente jamás ejecutarán una simulación de ancestros.

¿Nos creemos a Bostrom?

Imagen: RawPixel / Shutterstock

Posiblemente y aunque él mismo no lo definiría así, para mantenerse del lado de Bostrom hay que tenerle mucha fe y aceptar muchos supuestos. O quizá no tantos. Después de formular su teoría han sido muchos los escritores que se han mostrado a favor de la hipótesis de la simulación. El problema es que hoy es imposible desde la simple logística. Para que ese futuro (presente simulado) se de, deberán pasar demasiados años, tantos que nosotros posiblemente ya no estemos aquí para averiguarlo.

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Hace cuatro años, en el 2012, un equipo de la Universidad de Washington quiso dar un pasito más hacia la posibilidad de responder a la teoría de Bostrom. Según explicaban, para llevar a cabo simulaciones muy básicas y primitivas del Universo pasará mucho tiempo, pero actualmente ellos mismos han comenzado a desarrollar un serie de pruebas que conforme pasen los años y las décadas se mejorará y potenciará. Estos tests serían sensibles a las limitaciones impuestas en futuras simulaciones y por tanto serían capaces de detectar si vivimos o no dentro de una simulación por ordenador.

El simple hecho de crear un programa que pueda explicar si estamos dentro de otro programa produce vértigo, pero ahí está la propuesta. Los investigadores, con el profesor Martin Savage a la cabeza, explicaban que a través de los superordenadores actuales que hacen uso de la cuadrícula de cromodinámica cuántica (a partir de las leyes fundamentales de la física que rigen el Universo), pueden simular con más o menos éxito pequeñas porciones del mismo. Muy pequeña sí, a una escala enana, diminuta, pero es un logro que cada año se podrá mejorar con el avance de la tecnología a escalas cada vez más grandes, de un pedazo del Universo del tamaño de una molécula a uno más grande... hasta que sea posible la del propio ser humano.

Imagen: Agsandrew / Shutterstock

Savage y su equipo tienen claro que pasará tiempo, hasta que los superordenadores lo sean mucho más, para que puedan simular el Universo. Pero a la misma vez, explican que llegará el día en el que esos ordenadores serán capaces de simular mediante los tests y de entender las restricciones a las que necesariamente se verán sometidos los procesos físicos que conocemos. Justamente esas restricciones serán las pruebas irrefutables de esa posibilidad de vivir (o no) en una simulación informática y por tanto de la teoría de Bostrom. Savage terminaba su exposición con una pregunta inquietante:

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De ser cierto, de vivir en un Universo simulado por equipos, la pregunta sería clara: ¿podríamos comunicarnos con otros universos si estos se estuvieran ejecutando desde la misma plataforma?

Fascinante, aunque quizás es ir demasiado lejos cuando todo parte de la propuesta de Bolstrom, la cual no deja de ser un gran número de argumentos de probabilidad por los que el autor juega con esa línea de lo posible (aunque a día de hoy, altamente improbable).