War for the Planet of the Apes es intensa e increíble. Imágenes: Fox

Cuando War for the Planet of the Apes terminó, me quedé paralizado. Inmóvil en mi butaca y estupefacto frente a lo que acababa de presenciar: una película fantásticamente construida, llena de emoción, que desafía todo lo que supuestamente debería ser un blockbuster de gran presupuesto. Y trata sobre un planeta de simios.

La historia de la película no es demasiado compleja, pero cada personaje tiene tu propio papel y arco. Las relaciones entre ellos son realmente importantes, las escenas tienen consecuencias que no se limitan al simple espectáculo y los personajes conducen la historia (y no se dejan arrastrar por ella). La película hace todo lo que un gran largometraje debería hacer, y lo hace con simios que caminan en dos patas y conversan que fueron creados con el asombroso trabajo de muchas personas, desde los fantásticos artistas de efectos especiales de Weta Digital hasta los actores humanos debajo del CGI (imágenes generadas por computadora). Estos actores dan tanto de sí que puedes sentir sus emociones debajo de la piel digital de cada uno de los simios; brindando a cada momento, ya sea humano o simio, un toque personal.

Advertisement

Ambientado dos años después del final de Dawn of the Planet of the Apes, vemos que César (Andy Serkins) y sus simios han pasado un largo tiempo luchando contra los soldados convocados al final de la película. Sin embargo, justo cuando parecen haber encontrado una salida, un coronel malvado (interpretado por Woody Harrelson) se las ingenia para intentar derrotar a los simios, y César se ve obligado a superar ese desafío.

Pero no se equivoquen: a pesar de la historia sencilla, War for the Planet of the Apes no es el típico blockbuster de verano. No es divertida. Es una película sombría, oscura. Los personajes mueren, sufren y son torturados. Se evoca el genocidio, la esclavitud, el egoísmo, el heroísmo; aunque también todas las buenas cosas que permiten a la gente —o, a veces, a los simios— sobrevivir y superar esas atrocidades.

César y sus chicos.

En medio de todo está César, de nuevo magistralmente interpretado por Andy Serkis. En War for the Planet of the Apes vemos un aspecto distinto del personaje, uno que no habíamos conocido en las películas anteriores: su lado malvado. Aquí, su egoísmo desencadena muchas adversidades, y se hace cada vez más difícil estar de su parte. A medida que la historia avanza, el público no siempre simpatizará con César. Es más, la película busca que te cuestiones cuán diferente es él del coronel. Este es uno de los elementos que hacen compleja la historia del film.

Advertisement

Esa complejidad es conducida de manera brillante por el director Matt Reeves. Desde las primeras escenas, las que recapitulan breve y poéticamente las dos primeras películas, Reeves está en completo control del tono del film, de los personajes, de la historia en general. Su precisión es notable: domina tanto las escenas tranquilas como las secuencias de acción. Incluso puede hacer que tengas miedo de tus propios pensamientos. El director explica la trama de manera orgánica y sutil en las escenas, o también puede transmitirte todo lo que necesitas saber sin que sea necesario decir ni una sola palabra.

Mucho del éxito de Reeves proviene del uso espléndido de la banda sonora del compositor Michael Giacchino. La película avanza rápidamente, pero la música ayuda a que todo se sienta cohesionado, fluido y conmovedor.

Woody Harrelson luce aterrador en War for the Planet of the Apes .

Aunque brillante y poderosa, War for the Planet of the Apes es mucho más un drama histórico que una película de acción. Del mismo modo que tienes que estar en un estado de ánimo adecuado para digerir películas como La lista de Schindler o 12 años de esclavitud, War for the Planet of the Apes tiene el mismo tono. Rara vez la película se torna “divertida” (si es que alguna vez lo hace).

Pero aunque la película no es divertida, esto no es un problema. Se supone que tiene que ser así. War for the Planet of the Apes tiene la intención de hacernos sentir emociones, dolor y regocijo, y lo hace de una forma grandiosa y dramática, con algunos de los efectos visuales más asombrosos que jamás hayas visto. Es una película especial, una secuela maravillosa y, definitivamente, unas de las mejores películas del año.