Ocho años después, la sucesora de la Xbox 360 (y la última apuesta de Microsoft para conquistar el salón) ya está aquí. Hemos probado a fondo la Xbox One, y la conclusión es doble: la espera ha merecido la pena pero, a la vez, es una consola aún por cocinar.

¿Qué es?

¡Es la Xbox One! La ambiciosa sucesora de la 360, una consola que arrasó y ganó la batalla de la anterior generación de consolas, al menos en cifras de ventas. Un equipo para jugar, pero también para trastear en el salón con el televisor.

¿Por qué es importante?

La Xbox One no solo es la heredera de un enorme imperio (léase negocio) de videojuegos, es también una ambiciosa apuesta para el futuro. Es una consola que funciona con Kinect, y está centrada también en los contenidos multimedia, no solo en los juegos. Hace muchas más cosas que cualquier otra consola hasta ahora, y las hace de forma admirable. Al menos, cuando funciona como debería.

Diseño

Consola

Lo primero que notarás sobre la Xbox One es que es enorme. Cómicamente enorme. Es como si la Xbox 360 se hubiera comido una Xbox 360 slim. Y eso sin contar el transformador de corriente externo que es como un enorme ladrillo. Me hace sentir nostalgia de mi antigua SEGA Saturn. ¡Ah!, y es muuucho más grande que la PlayStation 4. Pero si el espacio extra significa decir adiós, por ejemplo, a los problemas de sobrecalentamiento de la Xbox 360, bienvenido sea.

Más allá de su tamaño, el diseño de la Xbox One es muy sutil, pasa casi desapercibido. No hay ángulos pronunciados, no hay curvas, nada que realmente llame la atención. A diferencia de la 360, que aspiraba a representar una especie de X, la Xbox One es una caja. Simple y llanamente. Desde el frente, es un rectángulo negro, mate en un lado y brillante en el otro. La pondrás junto al televisor, o debajo, y se desvanecerá casi como si no existiera.

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El otro componente de la consola que vivirá al lado de tu tele es la cámara Kinect, que también es muy grande (mide casi 30 centímetros de largo). Lo bueno es que esta nueva versión no tiene partes móviles, no se podrá girar ni te saludará con un movimiento de cámara cuando la enciendas. Solo tiene un pie ajustable, por lo que no tendrás que andar levantándote para moverla, simplemente funciona.

Mando

El diseño y aspecto de la consola - con la que apenas interactuarás - no es nada comparado con el mando. Porque vaya mando. Aunque es más o menos del mismo tamaño que el mando de la Xbox 360, el de la One se siente mucho más compacto, un poco más pesado y más solido. Los puedes ver debajo comparados (el de la Xbox 360, a la derecha de la imagen):

El cambio más significativo es el nuevo pad direccional (D-pad), que es como tiene que ser, un pad direccional de verdad, y no un pad en forma de disco como en la 360. Destacan también los dos nuevos botones de "Start" y "Select": uno a la derecha con tres líneas horizontables, y el de la izquierda con un icono de menú. Curiosamente estos nuevos botones no tienen nombres concretos, aunque están en la misma posición que los anteriores "Start" y "Select", algo que se agradece.

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Los joysticks de este nuevo mando son algo más pequeños y fáciles de manejar que los anteriores de la 360. Pero lo mejor sin duda es su textura en los bordes, que los hace muy cómodos de utilizar, no resbalan ni cansan.

Luego están los gatillos, que vibran. Son también más suaves de apretar y comprobarás que son más silenciosos que los anteriores. La sensación es diferente, pero sigue siendo óptima. Justo encima están los botones LB y RB, que son un poco más largos, pero igualmente cómodos.

En general, no estamos ante un cambio tan claro como el de Sony al pasar del DualShock 3 al 4. La diferencia es que el DualShock 3 dejaba mucho que desear, mientras que el mando de la 360 ya era uno de los mejores mandos que se habían fabricado. No estoy seguro si el mando de la Xbox One es mejor que su antecesor, pero se acerca. Es difícil de decir a ciencia cierta, el mando de la Xbox 360 ha dejado el listón muy alto.

Utilizándola

Como hizo la PS4, la Xbox One va a dejarte boquiabierto la primera vez que la enciendas. Todos los juegos que probamos (Forza 5, Dead Rising 3, Crimson Dragon... y algunos otros títulos de los que todavía no podemos hablar) se ven espectaculares. Sin excepción. Puedes obtener los mismos gráficos en un PC, claro. Pero para el mundo de las consolas este nivel de texturas y nitidez es impresionante. También hay que decir que, después de ocho años, era lo mínimo que uno podía esperar.

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Algunos juegos, sin embargo, se han lanzado mucho más que otros a abrazar las posibilidades de la consola. Es desafortunado que Dead Rising 3, uno de los títulos claves en el lanzamiento de la Xbox One, funcione a 720p (escalado a 1080), pero fijo en 30fps. No está mal, pero no es el wowww que esperabas de una consola que cuesta 500 euros/dólares. Dicho esto, hay momentos de sobra en Dead Rising 3 que son impresionantes, como ver cantidades masivas de zombies a la vez en la pantalla. También es verdad que a veces el juego se ralentizaba un poco con tanta acción pero lo mismo ocurrió con Killzone: Shadow Fall en la PS4 (aunque en 1080p nativo).

A diferencia del mando de la PS4, con su función de compartir, su panel táctil y demás trucos, el de la Xbox One no tiene tanta parafernalia de la que presumir. Sentarte a jugar con la Xbox One es casi igual a hacerlo con la Xbox 360, al menos en lo que se refiere a las manos. Y eso es bueno. La experiencia de juego en la 360 era perfecta y los sutiles cambios que Microsoft ha añadido al mando se disipan y se olvidan. Bien.

Acciones básicas como mantener los joysticks hacia delante mejoran gracias a la nueva textura de los bordes, pero es algo de lo que ni te darás cuenta. La vibración de los gatillos sí sorprende más, pero tampoco vibran con mucha frecuencia (principalmente cuando estás conduciendo, en casi cualquier juego en el que puedas utilizar un coche). Está bien, pero siempre da la sensación de ser un añadido innecesario.

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En definitiva, jugar con la Xbox One es igual o más entretenido e intuitivo que hacerlo con la 360, pero es solo el comienzo. Y eso es lo difícil de analizar una consola en el lanzamiento. Al igual que ocurre con la PS4, la Xbox One, como iremos viendo, aún no está 100% cocinada. El potencial está ahí, en ambas plataformas, pero que la balanza se decante de una u otra va a depender de los grandes juegos que vengan después y de cómo los desarrolladores aprovechen el sistema de verdad. De momento, todo eso está por llegar.

Social

Si estás jugando con la Xbox, tendrás amigos que también hagan lo mismo. La Xbox One cuenta con algunos ganchos sociales para que conectar con ellos sea algo más sencillo. Para empezar, el límite de amigos es ahora mucho mayor: 1.000. Puedes incluso seguir a gente sin que ellos te sigan, y al revés, que alguien te siga sin que tú les sigas e ellos (y que no cuente en tu límite de amigos, claro).

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¿Y qué haces con todos esos amigos y conocidos? El nuevo menú de actividad te ofrece un montón de información sobre lo que han estado haciendo, si están viendo televisión, utilizando apps, jugando, ganado trofeos... Ninguna de esas funciones sociales son nuevas, pero es una ventaja verlas integradas en la Xbox One.

También puedes compartir vídeos de juego a través de la app Project Upload. En cualquier momento del juego, puedes decir "Xbox, graba eso", y los 30 segundos antes de esa orden se guardarán, o puedes decir "Xbox graba" antes de tiempo y el sistema grabará hasta 5 minutos de imágenes.

Una vez grabadas, puedes añadir voz, o comentarios escena a escena, incluso filtros, antes de enviarlo al feed de actividad para que lo vean tus amigos. Y por si eso no fuera suficiente, puedes guardar el contenido en SkyDrive y compartirlo con el resto del mundo mundial en Internet.

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Hay, sin embargo, una ausencia notable. Xbox tiene un acuerdo con Twitch, pero no se podrá utilizar hasta el próximo enero. Mientras, la PS4 tiene Twitch y Ustream ya funcionando desde inicio. Mejor un retraso que una app que no funcione, pero es una pequeña ventaja para la PS4 en el frente social.

Panel de inicio

El panel de inicio de la Xbox One es una gran evolución respecto a lo que estábamos acostumbrados en la Xbox 360. Es una alienación con el diseño e interfaz de Windows 8, pero a la vez es fresco, no se siente repetitivo respecto al PC, es una experiencia propia para una consola.

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Desde el momento en que se enciende la Xbox One, tienes todo a disposición de tus dedos. Apps, juegos, notificaciones... Al principio puede parecer bastante confuso, pero al cabo de un rato es muy sencillo navegar en los menús y seleccionar lo que necesitas.

Además, es rápido. Algunas apps pueden tardar un poco en cargar (entre 5 y 10 segundos dependiendo de cuántos datos necesiten), pero es posible navegar por el panel de forma completamente fluida. Aunque las baldosas aquí no son tan interactivas como en Windows Phone o en Windows 8 para PC (no se actualizan con información en tiempo real, por ejemplo), la estructura acomoda mucho contenido en la pantalla a solo un clic de distancia, ordenado y sin desperdiciar espacio.

Tuvimos algunos problemas con aplicaciones que se cerraban repentinamente (especialmente SkyDrive e Internet Explorer), pero nuestra unidad de prueba funcionaba con firmware previo al de lanzamiento y recibía actualizaciones al menos cada día, por lo que es de esperar que estos problemillas desaparezcan en las unidades finales.

Kinect

El interfaz de usuario de la Xbox One se completa con una serie de impresionantes comandos por voz. No importa qué desees seleccionar en la pantalla, cualquier cosa está a uno o dos gritos de distancia. No tienes por qué hablar a la tele si no quieres, o a Kinect, para ser más exactos, pero siempre estará ahí si lo necesitas. Ahí va una demostración:

Control por voz

Kinect es, lo primero, una cámara, pero sus capacidades de reconocimiento de voz son una gran propuesta, y funciona realmente bien (cuando funciona). Está claro que la capacidad de escucha activa de la Kinect, de estar siempre disponible para comandos de voz, ha sido una parte importante de la visión de Microsoft con la Xbox One, porque su nivel de integración es realmente profundo.

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En circunstancias óptimas, el reconocimiento de voz de la Kinect es fantástico. Hay pocas cosas que no puedas hacer con él. El único lugar con el que me encontré problemas fue en los ajustes de menú. Todo lo demás (cambiar entre apps, abrir juegos, personalizar tu avatar, mirar notificaciones, hacer llamadas de Skype...) puedes hacerlo a través de comandos de voz.

Hay que decir que tampoco es 100% intuitivo, hay cierta curva de aprendizaje. Cuando la Xbox está escuchando y puedes seleccionar cualquier icono iluminado en verde en la pantalla, es fácil. Pero comandos más generales siempre requerirán que digas primero "Xbox". Decir "Ir a Skype" no funcionará. Siempre tendrás que decir "Xbox, vete a Skype". ¿Y con los juegos? Siempre tendrás que soltar el nombre completo. Nada de "Xbox vete al Forza". No. "Xbox vete a Forza Motorsport 5".

Hay un tutorial para los comandos de voz que te podrás descargar de la tienda online de Xbox, y lo necesitarás. Pero incluso así, es aconsejable un poco más de tiempo para acostumbrarte.

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Kinect es muy buena escuchando comandos de voz, pero el problema viene con el ruido de fondo. En las mejores condiciones (sin nada de ruido alrededor), los comandos de voz funcionan con un 90 o 95% de acierto, incluso con mucha distancia entre medias. Sin embargo, cuando hay ruido de por medio, la Kinect es como si dejara de escuchar por completo. No es que Microsoft no haya tenido en cuenta el ruido de fondo. Cuando la configuras, la Kinect escucha el ruido de fondo para distinguirlo y cancelarlo. Pero luego, cualquier ruido inesperado hace que la Kinect se confunda y deje de escuchar más comandos. O vuelves a un nivel de ruido similar al de una biblioteca, o la cosa empieza a dejar de funcionar.

Conclusión: si tu zona de juego es relativamente silenciosa, más allá de los ruidos del juego para los que por supuesto no hay problema, la experiencia será algo parecido a Star Trek. Pero si tienes amigos en casa, perros, niños o música alrededor, o les pides a todo el mundo que se calle, o mal asunto. Y sí, es un mal asunto porque arruina la magia del invento.

Cámara

Kinect también es una cámara, en el sentido de que ofrece funciones de cámara bastante buenas si las circunstancias son óptimas. Lo mejor de Kinect es que reconoce automáticamente a los jugadores. Esta función está siempre activa en segundo plano, y funciona muy bien, aunque a veces muestra retrasos en el reconocimiento de entre 10 y 15 segundos.

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Hay pocas palabras para describir como se siente uno cuando se sienta frente a la consola y esta lo reconoce casi al instante. Es algo realmente asombroso y futurista.

Parte de lo que la hace tan sorprendente es lo sencillo que es de configurar. No hay que perder tiempo mirando fijamente a la cámara y moviendo la cabeza para que nos reconozca. Kinect simplemente muestra lo que ve y trata de adivinar quienes somos. Si hay más personas frente a ella, basta con que levantemos la mano para corregirla. Esa es toda la calibración que necesita. A veces habrá que corregir a Kinect un par de veces más, pero con cada corrección aprende.

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Existe una larga tradición entre los jugadores de molestar al dueño de una consola tocando los botones del mando secundario a propósito. Kinect exacerba esta tendencia e incluso posibilita que nuestros amigos interfieran en los controles por accidente. Para entendernos, Kinect es muy hábil diferenciando caras, sobre todo si ya tienen un perfil creado en la consola, pero no es tan hábil a la hora de saber quien está al mando en el control de los menús de la consola. La razón es que Kinect no diferencia la voz en estos menús, sino que detecta quien está moviendo los labios y lo asocia con su cara. Si dos personas hablan a la vez puede haber errores en el reconocimiento, incluso aunque estén separadas físicamente.

En términos de espacio, el nuevo Kinect no necesita tanta distancia para funcionar como su primera versión, al menos en lo que se refiere a movimientos básicos que no impliquen ponerse a bailar en mitad de la habitación. En nuestras pruebas pudimos controlar perfectamente el sistema a distancias de entre 60 y 180 centímetros.

Hay muchos gestos disponibles en Kinect para controlar la interfaz de usuario, pero eso no significa que sean mejores. De hecho, siguen siendo bastante bobos, y he acabado agitando las manos frente a la pantalla durante diez segundos para intentar activar un control supuestamente sencillo. Al final acabaréis usando la voz o el mando físico.

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En juegos basados en Kinect, la tecnología de reconocimiento es mejor que nunca. En juegos como Kinect Sports Rivals Preseasons, por ejemplo, el sistema es perfectamente capaz de leer cada pequeña inclinación o giro del cuerpo. Sin embargo, los problemas inherentes a una tecnología de reconocimiento de movimientos, como la falta de feedback, o la falta de una 'posición cero' siguen ahí. Son esos problemas los que siguen haciendo que los juegos específicos para Kinect sean bastante triviales.

En los juegos en los que Kinect no es protagonista, el sistema es completamente superfluo o se usa poco. Es cierto que estamos sólo en el lanzamiento, pero la integración nativa de Kinect suele limitarse a un puñado de comandos de voz y algún movimiento adicional no muy diferente a lo que se podía hacer con la plataforma Sixaxis de PS4. Gritarles a los Zombies para distraerlos en Dead Rising 3 es divertido, pero no esencial para el juego. Ese tipo de usos ya estaban presentes en el instante en el que se incorporó el primer micrófono en los videojuegos. Kinect no ha avanzado mucho en ese sentido, creativamente hablando.

Televisión

Una de las principales razones por la que podrías estar interesado en la Xbox One no son los juegos, sino su capacidad de ejercer como maestro de ceremonias absoluto en lo que a cine y televisión en el salón se refiere. En la práctica, la Xbox One es un excelente centro multimedia siempre y cuando tengas servicio de cable.

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Si no tienes servicio de cable, la funcionalidad está limitada. Gracias a su emisor de infrarrojos incorporado, la Xbox One puede funcionar como un excelente mando a distancia para el televisor. Tan sólo hay que especificar el fabricante y la consola configura todo el proceso casi automáticamente.

A partir de aquí, la Xbox One permite controlar las funciones básicas de la consola mediante el mando o incluso con controles de voz. No es algo revolucionario, pero poder silenciar el volumen simplemente diciéndolo, y no estirándote para alcanzar el mando es algo que pronto se convierte en parte imprescindible de tu relación con el televisor.

Si se tiene servicio de TV por cable, la Xbox One cobra todo el sentido como centro multimedia. La aplicación OneGuide reemplaza, si la dejamos, al menú tradicional de tu proveedor, y lo cierto es que funciona de maravilla. La configuración es tan simple como especificar nuestro proveedor de televisión por cable y la consola se encarga de obtener toda la información que necesita de la propia conexión.

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Lo mejor de OneGuide es que podemos personalizar el menú solo con nuestros canales favoritos. El primer pero es que la aplicación es lenta, muy lenta. Xbox no es un deco de televisión por cable, sino un intermediario. Eso quiere decir que hay un cierto retardo producido precisamente por la necesidad de la consola de emitir la instrucción al decodificador vía HDMI, y esperar a que este responda.

El segundo pero es que OneGuide sólo es útil si tenemos cable. Si no, tan solo podemos convertirla en el centro de nuestras aplicaciones de vídeo favoritas y poco más.

Smartglass

La Xbox One estrena aplicación de SmartGlass para Windows Phone 8, iOS y Android. El concepto es el mismo: controlar la Xbox desde un smartphone o tablet, pero tiene un nuevo diseño y algunos trucos nuevos.

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El primero de esos trucos es que está mucho mejor enlazada con nuestro perfil de Xbox Live. La pantalla de inicio en ambos dispositivos es muy parecida, y ofrece opciones similares de mensajería, aplicaciones recientes o redes sociales. Más importante es el hecho de que SmartGlass se convierte en un mando a distancia mejor que nunca. Desde el smartphone podemos gestionar las aplicaciones o realizar búsquedas de una manera bastante cómoda y útil.

SmartGlass no solo es una forma más de manejar la consola aparte del mando, de los controles de voz o de los gestos. También es, probablemente, el mejor teclado que podemos encontrar, de momento, para la Xbox One.

Aplicaciones multimedia

En el mercado estadounidense, Xbox One tiene todo lo que un consumidor de cine y series online puede desear, y algo más. Fuera del mercado americano, la oferta se reduce, pero aún hay aplicaciones que pueden resultar útiles en algunos otros países.

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Desde el punto de vista de funcionamiento, todas las aplicaciones son versiones completas del servicio, aunque la mayor parte de ellas no aprovechan funciones únicas de Xbox One, como la búsqueda por voz. No existe, por explicarlo de otra manera, la opción de decirle a la consola: 'Xbox, busca esto en Netflix'. Es difícil no ponernos un poco críticos con la plataforma multimedia de Microsoft, no por los contenidos en sí, sino por no haber aprovechado algunas de sus posibilidades únicas.

Netflix

Entrando a comentar aplicaciones concretas, la de Netflix, de hecho, es una versión bastante mala, al menos por ahora. Tan sólo muestra una página de inicio con lo más popular y deja explorar varias secciones por géneros, pero no hemos sido capaces de encontrar por ninguna parte la lista de reproducción de favoritos tradicional. Eso obliga a teclear penosamente un término de búsqueda cada vez. Tiene que mejorar, y mucho.

SkyDrive

Del streaming pasamos a la nube. SkyDrive no es nuevo ni mucho menos, pero su acceso desde la Xbox One es especialmente conveniente para archivos MPG, AVI o imágenes. Navegar por nuestra colección de series o películas es más cómodo que nunca, y los fotógrafos encontrarán muy asequible el acceso a sus imágenes. La mala noticia es que, de momento no hay soporte a vídeo en MKV. Hasta donde sabemos ahora mismo. Los vídeos en ese formato deben ser convertidos, o reproducidos desde un dispositivo externo y transmitidos mediante DLNA.

Lo bueno

La Xbox One es una máquina con futuro. Ejecuta juegos y lo hace bien, pero también ofrece mucho más. Los comandos de voz y las funciones de Kinect están muy integradas con la consola y hacen que parezca un dispositivo salido de una película de ciencia-ficción. Descubrir las posibilidades que ofrece el sistema ya es algo que se disfruta por si mismo.

Las funciones crecen exponencialmente si disponemos de cable. Incluso aunque no lo tengamos, las funciones básicas de televisión son una absoluta gozada. Aunque no siempre lo haga todo a la perfección, es sorprendente la cantidad de cosas que la Xbox One hace, y hace bien.

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Lo mejor es que, si los controles de voz te dan absolutamente igual, no tienes porque utilizarlos. Microsoft no te obliga a hablarle a la consola, o a agitar las manos si no te apetece hacerlo. Eso sí, te recomendamos encarecidamente que lo hagas, porque son fáciles de configurar y la sensación al utilizarlos es absolutamente futurista.

Lo malo

Como ya adelantábamos, Xbox One hace muchas cosas ya desde que la sacas de la caja, pero no siempre las hace a la perfección. Los errores en, por ejemplo, los comandos de voz son raros, pero ocurren, y cuando llegan rompen completamente la magia. Cómo suele pasar siempre, la posibilidad de que estos errores aparezcan es directamente proporcional al número de personas a las que quieres enseñar el sistema por primera vez. Kinect es perfecto, siempre y cuando no haya nadie más en la habitación.

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Por otra parte, Xbox One es un maquinón comparado con la 360, pero hay algunas excepciones preocupantes, como el escalado a 720p en juegos como Dead Rising 3, o Call of Duty: Ghosts. Ambos juegos siguen teniendo un aspecto excelente, pero resulta preocupante que un superventas como Ghosts ya tenga que ver limitado su rendimiento para Xbox One cuando la consola acaba de salir.

Xbox Live, y su sistema de suscripciones Live Gold también siguen siendo un jarro de agua fría, sobre todo para una consola que aspira más que nunca a ser el centro de nuestra vida digital en lo que a ocio se refiere.

¿Merece la pena comprarla?

La respuesta a esa pregunta es: 'Todavía no'. En líneas generales, es un error comprar una consola recien salida al mercado. Los usuarios de PS4 y su luz azul de la muerte pueden dar buena constancia de ello. Las tres luces rojas de la muerte de la 360 aún están en la mente de muchos usuarios, y ningún dispositivo está a salvo de sufrir errores en su debut. Por otra parte, el catálogo de juegos en el lanzamiento es bueno, pero no espectacular. Los juegos que harán que muchos se compren la consola (Watchdogs, TitanFall, Halo 5…) Aún están por llegar así que ¿por qué no esperar un poco?

Al software de la Xbox One también le quedan un par de hervores. No es raro encontrar errores y pequeños fallos que serán subsanados con el tiempo. Por ahora, la Xbox One es una máquina de salón realmente impresionante, y la calidad de Kinect, que está incluido en el paquete, compensa totalmente su precio. Sin embargo, nuestra recomendación es esperar un poco.

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Si Microsoft consigue pulir esos pequeños fallos de funcionamiento, la Xbox One es una máquina imparable que la PS4 no logra alcanzar por sus posibilidades de futuro. Espera un poco sí, pero, mientras tanto, ve haciendo un hueco en el salón.

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