1935 en el acuario Coogee de Sydney. El público se agolpaba para ver al tiburón tigre del que tanto hablaban. Al animal se le veía feliz, moviéndose con soltura frente a la gente congregada. Pero de repente parece encontrarse mal, el tiburón vomita y de su boca salen un pájaro, una rata y un brazo humano intacto.

Semanas antes de este extraño suceso aquel tiburón vivía en libertad, lo que tampoco explica cómo demonios fue a parar hasta su estómago un brazo humano intacto, sin mordedura alguna por parte del animal. ¿cómo pudo llegar hasta allí?

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Aquel vómito iba a ser el principio de una investigación policial legendaria. Una que muy probablemente sólo puede ocurrir en Australia.

El tiburón que escupió un brazo humano

Playa de Coogee a principios de 1900. Wikimedia Commons

A principios del mes de abril de 1935 un hombre captura a un tiburón tigre de 4 metros de longitud. Se trataba de Bert Hobson, un pescador local que se encontraba a tres kilómetros de la playa Coogee en Sydney. El tipo capturó al tiburón por casualidad, ya que el animal se quedó enredado en el hilo de la embarcación de pesca mientras trataba de comerse a otro tiburón más pequeño que Hobson había enganchado.

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Para el pescador no era la primera vez, aunque jamás había visto uno tan grande. El hombre decide llevárselo a la orilla para luego trasladarlo al Coogee Aquarium and Swimming Baths, un negocio que llevaba el hermano del pescador. Tras unos días de cuidados y mimos por parte de los cuidadores, el tiburón tigre parece sentirse a gusto y haberse adaptado a su nuevo hogar. Una semana después el hermano de Hobson decide que ya está listo para el gran público.

El 25 de abril de 1935 fue el día elegido. El acuario estaba lleno de público y se había anunciado la aparición de un enorme tiburón tigre que haría las delicias de los niños. A las 2 de la tarde las lonas que cubrían el tanque donde estaba el animal se sueltan y la gente comienza a aplaudir. El tiburón nada con elegancia de un lado para otro y desde el cristal los niños lo veían embelesados.

Los periodistas y reporteros de los principales periódicos también se habían acercado para contemplar el espécimen. Fueron diez minutos de contoneo en el agua hasta que algo comenzó a ir mal. El tiburón comienza a moverse violentamente, parecía muy irritado. Sus movimientos pasaron a ser erráticos y se estaba golpeando contra el cristal del tanque. Luego nada en círculos, al principio muy lento, luego cada vez más rápido.

Tiburón en un acuario. Getty

Finalmente comienza a vomitar y el público lanza un “¡ohh!”. Los presentes hablaban de una especie de espuma negra que salía de la boca, una espuma que dio paso en primer lugar a un pájaro, luego a una rata o algo muy parecido, y cuando parecía que el animal estaba recuperándose, escupe un brazo izquierdo humano con un pedazo de cuerda alrededor.

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Rápidamente desalojan el acuario y llaman a la policía y a un experto en tiburones. Cuando llegaron los profesionales no sabían muy bien como explicar lo que estaban viendo. Sí, era un brazo humano, pero era un brazo intacto, sin mordedura alguna del tiburón, no había ni una sola marca de dientes en ninguna parte y la extremidad parecía haber sido seccionada con un instrumento “limpio” y afilado, probablemente una espada, pensaron.

Aquello era sin ninguna duda el caso más extraño que había llegado a la policía de Coogee. ¿Cómo demonios podía tener el tiburón un brazo intacto? Basándose en conjeturas, nada serio aún, le dieron a la investigación carácter de homicidio. Un medio local tuvo acceso a los inicios de la investigación y pudo constatar el tatuaje que se encontraba en el bíceps del brazo. La idea, aunque pueda parecer surrealista, era que el periódico publicara la imagen con la esperanza de que, o bien el dueño del brazo, o bien algún conocido, explicara cómo pudo llegar hasta allí.

Recorte de periódico de la época

Y así fue. A los pocos días un tipo llama a la policía diciendo que ha reconocido el tatuaje (la imagen era dos boxeadores luchando en un cuadrilátero). Aquel hombre le dijo a la policía que el brazo pertenecía a su hermano James Smith, un corredor de apuestas aficionado al boxeo, además de un ladrón de poca monta e informante ocasional de la policía que llevaba en paradero desconocido varias semanas.

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Los investigadores ya tenían una pista. Acudieron a los familiares y amigos de Smith para intentar averiguar cuales fueron sus últimos pasos antes de desaparecer. La última vez que lo vieron vivo fue en un hostal de Cronulla, un suburbio de Sydney. Un conocido lo vio bebiendo y jugando a las cartas con su amigo Patrick Brady, otro pequeño delincuente fichado por la policía con numerosas penas por falsificación.

A medida que la investigación continuaba iba quedando más claro que aquella noche algo se torció para los dos amigos. El casero de Brady le dijo a la policía que su inquilino había desaparecido del apartamento poco después de que Smith desapareciera (y antes de que el alquiler terminara). Cuando los investigadores entraron con el casero en el apartamento se encontraron que el colchón y el baúl del dormitorio habían sido reemplazados, las paredes había sido limpiadas y un bote de remos que estaba incluido con el apartamento había sido fregado.

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Parece que ya tenían a un sospechoso, Brady. Ahora faltaba el motivo. Y no tardaron mucho en encontrarlo. Poco después un taxista le dijo a la policía que al día siguiente de que Smith fuera visto por última vez, él había conducido a Brady hasta el norte de Sydney y lo había dejado en una casa de un hombre de negocios llamado Reginald Lloyd Holmes. También le dijo a los investigadores que Brady parecía nervioso y muy sucio cuando se subió al coche.

Cronulla (Sydney). Wikimedia Commons

Reginald Holmes era un tipo temido de la época, un constructor de barcos y un empresario de éxito, pero también un hombre muy cercano al submundo criminal de Sydney en la década de 1930. Tirando del hilo la policía descubrió que tanto Smith como Brady trabajaban en el contrabando para Holmes. Ellos eran los encargados de sacar las lanchas para ir a buscar cocaína y cigarrillos arrojados anteriormente por barcos que trabajaban con el empresario.

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El tipo también orquestó estafas de seguros en los que Brady y Smith habían prendido fuego y hundido de forma intencionada varios barcos para luego obtener el dinero del seguro. Los detectives pensaron que después de que uno de estos fraudes hubiera fracasado y la compañía de seguros se hubiera negado a pagar, alguien relacionado con Holmes habría matado a Smith.

Brady y Holmes fueron detenidos e interrogados por la policía pero ambos se negaron a cooperar. Brady finalmente fue acusado de asesinato y ante las presiones de la policía inculpó también a Holmes. Este se vio acorralado y tomó una de sus lanchas. Más tarde se disparó en la cabeza y cayó al agua, con la mala suerte de que la bala simplemente rozó su frente.

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Holmes se recupera en el agua, vuelve a subir al barco, pone en marcha el bote, gira la cabeza y ve que se acerca una patrulla de la policía. Así comenzó una persecución peliculera muy al estilo Miami Vice (pero en Sydney) donde por alrededor de una hora y a través del puerto de la ciudad el público pudo admirar las peripecias de Holmes con su increíble lancha rápida frente a las algo más antiguas de la policía.

Zona donde tuvo lugar la escena “Miami Vice”. anathan.me

Pasados 60 minutos Holmes para los motores y se rinde. La policía lo detiene y lo lleva al hospital, el hombre estaba sangrando en la frente por el disparo fallido. Luego llegó el momento de dar explicaciones. Al principio Holmes trata de excusarse sobre el intento de suicidio y la huida en el barco diciendo que había sido atacado en su casa (confundiendo posteriormente a la policía con los agresores).

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Más tarde afirmó que Brady había asesinado a Smith en el apartamento del primero, luego lo troceó y enterró la mayor parte del cuerpo en el mar dentro del baúl que faltaba en la habitación. Sin embargo, y aquí viene por fin la explicación del brazo, se quedó con el miembro y lo llevó hasta la casa de Holmes, amenazando a este de que iba a terminar igual si no le pagaba un dinero. Después Brady ató un peso al brazo y lo arrojó al agua, donde presumiblemente ya sabemos a donde fue a parar: se lo tragó el tiburón tigre.

Lo cierto es que esta fue la versión de Holmes, la misma que tenía pensado repetir en el tribunal. Ocurre que el hombre fue asesinado la noche antes de que comenzara el juicio, le habían disparado tres veces en su coche. Aunque la escena del crimen y el comportamiento reciente del empresario podían hacer pensar que se trataba de un suicidio, su inminente testimonio apuntaba a un asesinato para mantenerlo callado.

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Con el tiempo muchos piensan que Holmes efectivamente se suicidó. Lo hizo para evitarle a su familia cualquier vergüenza sobre sus crímenes (saldrían a la luz en el juicio) y sobre todo, para permitirles recoger su seguro de vida. Con Holmes muerto el caso de Brady se vino abajo, su abogado argumentó que todas las pruebas eran circunstanciales y, quizás más importante, que “un brazo no es un cuerpo, y sin cuerpo no hay homicidio”.

El abogado se vino tan arriba que llegó a insinuar que es posible que en algún lugar del planeta existiera un James Smith con un solo brazo. El juez dio por buena la rocambolesca versión de la defensa y Brady fue liberado.

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Así que el asesinato de Smith jamás fue resuelto. Brady murió en 1965 y el pobre tiburón tigre que se tragó su brazo tatuado fue sacrificado poco después en busca de más partes del cuerpo de Smith. No encontraron nada más.

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Hoy han pasado más de 80 años desde aquella curiosa escena en la piscina de Coogee. Nunca, ni antes ni después, se pudo ver un espectáculo tan insólito en un acuario del planeta. La investigación sobre el asesinato de James Smith (y su brazo cortado) se cuenta como una de las más legendarias de la historia legal en Australia.