Resulta que la orina es una tremenda fuente de alimento para muchas bacterias. Estas bacterias generan energía y son el objetivo de varias investigaciones que tratan de desarrollar pilas de combustible que se recargan con orina. Un poco escatológico, pero si funcionan matarían dos pájaros de un tiro. Nos darían energía y una buena razón para reciclar nuestros propios desechos.

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Hidrocarbón y biocarbón

La carbonización hidrotermal es un proceso que convierte cualquier tipo de desecho orgánico en un tipo de carbón por el procedimiento de someter esos desechos a altas presiones y temperatura. Si el proceso añade agua, el material se conoce como hidrocarbón. Si no la añade, es biocarbón a secas. Después, este combustible puede ser utilizado directamente o convertido en gas. El problema del biocarbón es que se necesita secar la biomasa para producirlo. De ahí que el hidrocarbón sea una alternativa muy plausible. La Unión Europea ha puesto en marcha un programa de 30 meses llamado NEWAPP para estudiar sus posibilidades.

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Energía solar espacial

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En el espacio, la luz solar puede captarse en crudo, sin los filtros de la atmósfera. Eso ha llevado a los científicos a teorizar con construir enormes satélites con paneles solares que capten esa energía solar pura, y la transmitan a tierra mediante enlaces de microondas.

Grasa animal

La industria alimentaria produce toneladas de grasa que no se aprovechan. Científicos de Louisiana están estudiando el caso concreto de los caimanes, cuya carne ya se comercializa y son ricos en grasa desechable. Estos residuos podrían convertirse en una fuente más de biofuel.

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Texto realizado con la colaboración de Robert Coridan, Rachel Mitchell, y Jenna Lewein.

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