Imagen: Pixabay

Antes de empezar a escribir estas líneas busqué todo lo que habíamos escrito sobre Stonehenge en el pasado. La lista de temas es interminable, lo que quiere decir que los investigadores llevan demasiado tiempo tratando de encontrar una respuesta. Si ahora se confirma lo que sugiere este nuevo estudio estoy seguro que muchos se sentirán decepcionados.

Lo primero que habría que decir es que, aunque los monolitos de Stonehenge sean únicos, no son exclusivos. De hecho, existen miles de sitios similares que presentan rocas gigantescas por toda Europa. El nuevo estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, podría haber resuelto muchas de las incórgnitas, y lo cierto es que tiene mucho sentido.

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Si existen muchos espacios similares repartidos por toda Europa es porque en uno de ellos empezó la historia. Y de ser así, y aquí viene la clave del trabajo publicado, todo se debía a una simple “moda” que se dio hace demasiado tiempo.

Este nuevo trabajo no es casual. Los investigadores llevaban una década en el proceso hasta publicarlo estos días. En el mismo se postula que la construcción de megalitos como los encontrados en Stonehenge, de aproximadamente 5.000 años de edad, podría haber comenzado en Francia hace unos 7.000 años y luego extenderse por el resto del continente gracias a los marineros prehistóricos.

Stonehenge, en la actualidad
Imagen: Claudio Accheri (Flickr bajo licencia Creative Commons)

El estudio con muestras y radiocarbono databa más de 2.000 sitios megalíticos en Europa para luego mapear los orígenes de las piedras. Esto incluye un sitio en el noroeste de Francia que alberga las famosas piedras de Carnac, las cuales se encuentran entre los megalitos más antiguos del continente.

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Las piedras de Carnac también presentan grabados de animales marítimos, lo que sugiere que la antigua cultura que construyó este sitio conocía bien los océanos. El noroeste de Francia también es la única región que cuenta con megalitos que se remontan a alrededor de 5000 a. C. Se cree, por tanto, que esto es evidencia suficiente de que una antigua cultura en Francia probablemente haya originado este estilo de construcción megalítica y luego la difundiera a través del viaje por el océano.

Desde allí, la tendencia de la construcción de rocas se extendió bastante rápido, sugiere el análisis, a lo largo de las rutas costeras hacia el sur de Francia, el Reino Unido, el Mediterráneo, España y Portugal, llegando a Escandinavia y otras partes de Europa. Según la autora principal del estudio, Bettina Schulz Paulsson, de la Universidad de Gotemburgo en Suecia:

Así, hemos podido demostrar que los primeros megalitos se originaron en el noroeste de Francia y se extendieron a lo largo de las rutas marítimas de las costas mediterránea y atlántica en tres fases principales sucesivas.

Los movimientos megalíticos deben haber sido poderosos para extenderse con tanta rapidez en las diferentes fases, y las habilidades marítimas, el conocimiento y la tecnología de estas sociedades deben haber estado mucho más desarrollados de lo que hasta ahora se había supuesto.

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Imagen: AP

Esto no significa que este grupo de antiguos franceses en realidad construyeron Stonehenge, sino que probablemente podrían haber inspirado el diseño del mismo. Los megalitos aparecen en sitios costeros y rara vez en el interior, lo que sugiere que estas ideas fueron difundidas por gente de mar en la prehistoria.

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De ser cierto, esto significaría que el transporte oceánico y las habilidades de navegación de las culturas durante este tiempo fueron mucho más avanzadas de lo que se suponía hasta ahora. De hecho, esto sugeriría que el avance de la navegación en Europa se produjo unos 2.000 años antes de lo que se pensaba. Para Park Michael Parker Pearson, un arqueólogo y especialista en Stonehenge en el University College London:

Esto demuestra absolutamente el origen del fenómeno megalítico europeo.

Sin embargo, el posible descubrimiento de megalitos aún más antiguos en toda Europa podría desafiar esta teoría. El tiempo confirmará una idea que, de ser realidad, pondría fin a toda la magia que el ser humano ha querido “invocar” a ese conjunto de rocas de Stonehenge. [Proceedings of the National Academy of Sciences vía ScienceAlert]