Imagen: E. histolytica (Wikimedia Commons)

Uno de los últimos casos médicos publicados en BMJ Case Reports, donde un hombre llegó con un extraño parásito intestinal, nos recuerda la importancia que tiene llevar acabo cualquier tipo de relación o juego sexual de forma segura.

El estudio describe el diagnóstico de un hombre de 67 años con una infección de Entamoeba histolytica, la cual aparentemente se transmitió al tener relaciones sexuales. No es una infección extraña, de hecho, alrededor de 50 millones de personas en todo el mundo han sido infectados con esta forma potencialmente mortal de ameba, generalmente como resultado de ingerir alimentos o agua contaminados en una región donde el parásito es endémico.

La otra forma de infección suele darse porque los quistes del protozoo también pueden acampar en el suelo o debajo de las uñas sucias, encontrando su camino con aquellos desprevenidos que se meten las manos en la boca.

En cualquier caso, una vez dentro de nuestro organismo, el E. histolytica puede replicarse fácilmente en los intestinos antes de regresar al ambiente ubicado en las heces del huésped. En los casos más raros, las amebas deciden quedarse e invadir el revestimiento intestinal para dar un paseo por el torrente sanguíneo y visitar otros órganos, incluidos los pulmones, el cerebro y el hígado.

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Imagen: Ciclo de vida de la Entamoeba histolytica (W.C)

Afortunadamente para muchos países, el propio saneamiento público hace que el patógeno sea casi imposible de recoger de los suministros locales de alimentos y agua de los países desarrollados. Por eso el caso extrañó a los médicos.

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Se trataba de un paciente en Francia con diarrea con sangre, fiebre baja y abscesos hepáticos. Una prueba de patología posterior confirmó que la ameba causante de la enfermedad era la culpable. No obstante, presentó un raro ejemplo de paciente con formas intestinales y hepáticas de la enfermedad, algo que no es tan común en la literatura médica.

Además de ello, y posiblemente lo más extraño del caso, fue la forma de la transmisión: el paciente nunca había puesto un pie fuera de Europa. Estudiando el caso descubrieron que el hombre tenía una pareja sexual que había estado recientemente viajando por todos lados, desde Sudamérica hasta India, Birmania, Vietnam y Laos.

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Además, el caso detalla que los médicos supieron que la mujer a su vez había tenido una relación íntima con otro hombre diagnosticado con amebiasis intestinal (cómo lo supieron, o cómo lo supo ella, debería convertirse en otro caso de estudio).

Trofozoito de Entamoeba histolytica
Imagen: Yasser (CC BY 2.0)

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Ocurre que, en la literatura médica, no es inusual que la ameba se transmita entre individuos que se involucran sexualmente con parejas del mismo sexo. Una serie de estudios publicados en 2012 describe cómo el parásito se presenta como úlceras en el pene en hombres que tienen relaciones sexuales anales.

Sin embargo, los casos recogidos de una pareja heterosexual son extremadamente raros. Y aunque la mujer no había experimentado los síntomas, se consideraba que era la fuente más probable de la infección. Quedaba por responder la gran pregunta, ¿cómo demonios la ameba se abrió camino entre los anfitriones?

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El estudio parece dejar la puerta abierta a nuestra imaginación refiriéndose solo a la “relación sexual heterosexual”, por lo que si hubo algún tipo de juego previo, quizás extremadamente creativo, que pudiera permitir al parásito moverse de casa, de su “boca” (de los doctores) no ha salido.

En cuanto a la propia E. Histolytica, los investigadores del caso explican que:

Para las personas que han viajado a áreas endémicas, la amebiasis podría considerarse además de la sífilis, el VIH, la hepatitis B y la C cuando se analizan las infecciones de transmisión sexual.

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La buena noticia de este caso es que el paciente se recuperó sin problemas. Un afortunado si tenemos en cuenta que alrededor de 100.000 personas en todo el mundo mueren de amebiasis cada año, principalmente en países en desarrollo con programas de tratamiento de agua inadecuados.

El caso también es un ejemplo perfecto de la importancia que tiene llevar a cabo cualquier tipo de juego sexual de forma segura, o quizás simplemente aplicando el sentido común. [BMJ Case Reports vía ScienceAlert]