Hoy tiene lugar una reunion de la OMS que tratará de determinar el tipo de respuesta internacional para combatir el extraño virus de Wuhan. Quizás es el momento de poner en marcha el plan que lleva guardado bajo llave para erradicar una pandemia letal desconocida. Posiblemente también, en el encuentro se recordará lo ocurrido a comienzos del nuevo siglo.

Denominado como 2019-nCoV, el virus de Wuhan se describe como una dolencia con síntomas similares a la neumonía, tales como fiebre y dificultad para respirar. Se ha extendido a Beijing, Shanghai y Shenzhen, así como a Corea del Sur, Tailandia y Japón. También hay un caso en Estados Unidos. Los primeros comenzaron a aparecer el 31 de diciembre, cuando las autoridades chinas alertaron a la OMS de una serie de casos en Wuhan, una urbe de 11 millones de personas.

Las noticias comenzaron a sucederse desde entonces, nuevos casos, primeras muertes y un virus que comenzaba a saltar las fronteras elevando las alertas internacionales ante lo que podría convertirse en una pandemia mundial de proporciones desconocidas.

Imagen: Un miembro del personal del aeropuerto utiliza una pistola de temperatura para controlar a las personas que salen del aeropuerto internacional de Wuhan (AP)

Uno de los problemas para erradicar este tipo de virus que aparentemente surgen de la nada, es su origen y evolución. Mientras se analizan los primeros casos y las fases que siguen a la enfermedad, se buscan pistas que ayuden a entender cómo se pudo formar, enlaces con el pasado que ofrezcan similitudes con las que combatirlo.

Las autoridades sanitarias han explicado que la mejor protección para aquellos que puedan estar expuestos es el mismo consejo que se le puede dar a una persona con gripe, “lavarse las manos, no tocarse la cara y usar una máscara cuando estés en público”, cuentan expertos en salud pública de China. Según explicaba hace unas horas el Dr. Gabriel Leung, Director Fundador del Centro Colaborador de la OMS para Epidemiología y Control de Enfermedades Infecciosas:

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Cada temporada de gripe, es exactamente el mismo consejo: higiene de manos. Lávese las manos con frecuencia, no se frote la nariz y la boca. Así que, por favor, tenga cuidado si está enfermo. Si vas a un lugar lleno de gente, ponte una máscara incluso si no estás enfermo porque otros pueden estarlo. Si tiene algún síntoma, especialmente si tienes antecedentes de viajes a Wuhan, entonces busca atención médica y se honesto y abierto con los médicos. Cuéntales tu historial de viaje. No oculten ningún historial a sus médicos porque temen: “Oh, si digo esto, podría ser puesto en cuarentena”. Sea honesto para ayudarse a sí mismo y a los demás.

Imagen: El personal médico transfiere pacientes al hospital Jin Yintan el 17 de enero de 2020 en Wuhan, China (Getty)

Hace unas horas se daba un nuevo paso buscando alternativas que frenen el brote de virus similar a la neumonía. Zeng Guang, el epidemiólogo jefe del CDC de China, instó a los habitantes de Wuhan a evitar salir de la ciudad, añadiendo que aquellos que tengan la intención de acudir a la urbe deberían evitarlo si pueden, según contaba The Washington Post.

Por si existían dudas y ante el temor de alarmar más a la población, Zeng, quien lidera los esfuerzos del gobierno chino para responder al brote, dejó claro que su recomendación no era una cuarentena impuesta por el gobierno. “Esta no es una llamada de los funcionarios, sino una sugerencia que hacemos el equipo de expertos”.

Mientras, los científicos del Imperial College de Londres que trabajan en colaboración con la OMS sugieren que el número real de personas infectadas por el virus puede ser de 1.000 a más de 2.000, cifras significativamente más altas que las publicadas por el gobierno chino hasta ahora. Además, la situación se puede disparar con la llegada del Año Nuevo chino, a menudo descrito como la “mayor migración humana del planeta”, lo que podría acelerar la crisis a medida que millones de personas se preparan para viajar al país.

Imagen: El equipo de respuesta a emergencias de Wuhan conduce un vehículo cuando salen del mercado mayorista de mariscos de Huanan (Getty)

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Durante el día quizás conozcamos las medidas que adopte de manera oficial la OMS. Como explicábamos al comienzo, hace años que existe un plan para combatir una pandemia letal que ni siquiera existe, una bajo el nombre en código “Enfermedad x”.

Aunque suene misterioso, no lo es tanto. Se trata de un plan de acción y prevención ante lo que está por venir, un catálogo de epidemias futuras potenciales para las que las contramedidas actuales son insuficientes, o simplemente no existen.

De hecho, la X de su nombre en código indica precisamente eso, una especie de marcador de posición para un peligro contagioso que aún no hemos encontrado, pero que es prácticamente seguro que aparecerá. Según la OMS:

Imagen: Los pasajeros pasan junto a un escáner térmico a su llegada al aeropuerto de Narita el 17 de enero de 2020 en Narita, Japón (Getty)

La enfermedad X representa el conocimiento de que una epidemia internacional seria podría originarse por un patógeno que actualmente se desconoce que causa enfermedad en humanos. El Plan de I + D explícitamente busca habilitar la preparación de contramedidas contra la ‘Enfermedad X’ desconocida en la medida de lo posible. 

Dicho plan comenzó a desarrollarse en 2015, y desde entonces se revisa anualmente para priorizar los principales patógenos emergentes que pueden causar brotes graves en el futuro cercano, para los cuales existen pocas o ninguna contramedida médica.

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Y de entre esa lista a vigilar con atención, el denominado síndrome respiratorio agudo severo, más conocido como SARS. Si hay un virus que se parezca en su forma a lo que está aconteciendo en China, ese es sin duda SARS. Su origen tuvo lugar hace no tanto, también en China, y con unas consecuencias devastadoras.

El avance de un virus letal

Imagen: Peatones esperan para cruzar una calle en Hong Kong el 15 de abril de 2003 (AP)

Uno de los platos más exóticos que se puede degustar en las regiones del sur de China, como Guangdong, es la denominada sopa de “dragón tigre fénix”. Su receta ha pasado de mano en mano entre los locales desde hace siglos, y proviene de un antiguo plato de la cocina cantonesa.

Si te estás preguntando cómo demonios pueden hacerse con estos tres “ingredientes” para mantener semejante plato en el menú, la respuesta la encuentras en los múltiples mercados de animales que se encuentran en el sur de la región. Y por encima de todos, el de Guangzhou, una especie de zoológico alternativo donde se mezclan vísceras y sangre, tejones y ranas, gatos o serpientes, todo al por mayor. Con una excepción, si buscas ratas, la temporada solo ocurre en verano.

Volviendo al plato, su nombre, obviamente, proviene del uso de tres animales. El dragón está representado por la serpiente, el tigre está representado por el gato (o por la civeta de las palmeras enmascarada) y el fénix está representado por el pollo. En cuanto a la civeta, se trata de la única especie del género monotípico Paguma, y se distingue de otras por su barba blanca y ausencia de manchas o rayas en su cuerpo.

Imagen: Un hombre mira civetas enjauladas en el mercado de Guangzhou (AP)

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Por supuesto, este plato jamás iba a conocerse mundialmente de no ser por un evento que iba a tener lugar en los últimos meses de 2002.

En noviembre de ese año un paciente acude al Hospital Popular de Foshan (Guangdong, China). Se trataba de un agricultor aquejado con síntomas muy parecidos a la gripe. El hombre también era vendedor de serpientes y aves, y pasados unos días muere, aunque aparentemente, o al menos de forma oficial, no se le realiza un diagnóstico definitivo sobre su causa de muerte.

A los pocos días, la esposa del hombre fallecido junto a varios miembros del personal del hospital también contraen una neumonía severa. Cuando llega a oídos de las autoridades sanitarias de la ciudad saltan las primeras alarmas. Los síntomas indicaban un tipo de brote inquietante. Con todo, nadie informa a Guangdong.

Imagen: Un trabajador del Departamento de Higiene Alimentaria y Ambiental con un equipo de protección mientras participa en la eliminación de desechos de un complejo de apartamentos infectado (AP)

Unas semanas después aparece otro paciente, en este caso un cocinero y manipulador de alimentos de un mercado salvaje, al Hospital Popular de Heyua, al norte de Guangzhou. El hombre muere, y a las pocas horas parece haber infectado con el mismo tipo de neumonía a hasta ocho doctores. Tres días después, otro cocinero de un tercer mercado aparece hospitalizado con los mismos síntomas en la ciudad de Zhongshan, al sur de Shunde. Tres miembros del personal médico se infectaron rápidamente, quienes a su vez infectaron a otros 15.

En muy poco tiempo, apenas tres o cuatro meses (de noviembre a febrero de 2003) pacientes enfermos y asustados de pequeñas ciudades y pueblos comenzaron a viajar en éxodo a los hospitales más avanzados en la capital provincial de Guangzhou. Los casos comenzaron a multiplicarse.

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Muchos recuerdan el de un hombre muy enfermo que recorrió las salas de emergencia en Guangzhou debido a que el tratamiento no mejoró su condición, dejando a docenas de trabajadores del centro infectados.

Imagen: Un trabajador de un restaurante usa una máscara quirúrgica en un intento de protegerse del SARS (AP)

El 21 de febrero se produce un hecho reseñable en el avance del virus letal. Un médico, Liu Jianlun, un especialista en pulmones de 64 años del hospital Zhongshan, asiste a la boda de su sobrino en Hong Kong, y lo hace a pesar de tener fiebre. Hoy se sabe que Jianlun fue el portador que ayudó a cruzar las fronteras a SARS. El hombre se alojó en el Hotel Metropole y transmitió la enfermedad a decenas de huéspedes, entre ellos dos canadienses, un estadounidense y tres mujeres de Singapur.

Uno de los canadienses era una mujer que murió en un hospital de Toronto el 5 de marzo. Para entonces había infectado a su hijo y al menos a cinco médicos. Canadá tendría cientos de casos de SARS, decenas de ellos mortales.

De las tres mujeres de Singapur, solo una desencadenó una cadena de infecciones en el Hospital Tan Tock Seng, donde enfermaron más de 90 personas, lo que representa más de la mitad de los casos de Singapur.

Imagen: Tomando la temperatura de una mujer a su llegada al aeropuerto internacional de Chiang Kai-shek en Taoyuan, suroeste de Taipei (AP)

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El estadounidense era un empresario que cayó enfermo en un hospital de Hanoi. Allí infectó a otros 20 médicos, pero, ironías de la vida, este paciente y su transmisión del virus iba a ser más beneficiosa que cualquier otra actuación de las autoridades. Porque entre los infectados estaba el doctor Carlo Urbani, un investigador italiano que alertó a W.H.O. sobre un nuevo tipo de neumonía. Urbani también fallecería semanas después.

SARS era hasta entonces un “problema” del continente chino, pero la falta de pautas ante el brote desconocido habían convertido al doctor Jianlun en el hilo conductor de una crisis sanitaria que no se recordaba. El virus se desataba por todo el planeta y el problema era mundial.

Ahora existían pocas dudas, se había desencadenado un brote, pero nadie se había atrevido a dar la voz de alarma a las altas instancias chinas. De hecho, tuvieron que pasar varios meses para que los departamentos de salud de varias ciudades informaran a la provincia de Guangdong. Entonces sí, se concluyó que se enfrentaban a una neumonía altamente infecciosa causada por un agente previamente desconocido.

Imagen: Un paciente con SARS recibe tratamiento detrás de ventanas de vidrio de doble capa y medidas estrictas de cuarentena en el Hospital Ditan de Beijing, China (AP)

Pasaron otros dos meses antes de que la extraña neumonía tuviera un nombre, y otros cuatro antes de que los líderes de China admitieran que su país tenía una epidemia, tiempo para el que ya no había remedio. En Asia y Canadá comenzaron a aparecer pacientes portadores de un germen virulento y altamente contagioso, y lo peor de todo es que nadie sabía que se enfrentaban a una infección potencialmente letal.

Solo así se entiende que durante este período cientos de trabajadores de la salud enfermaran mientras colocaban a los pacientes con esa extraña mutación de neumonía en salas comunes (como lo harían con la neumonía ordinaria).

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Esos pacientes transmitieron la infección a cientos de personas más, y así siguió y siguió extendiéndose un virus convertido para entonces en pandemia. Entre noviembre de 2002 y julio de 2003, el coronavirus del SARS (SARS-CoV) causó 8.098 casos, lo que resultó en 774 muertes reportadas en 37 países.

No se han notificado casos de SARS en todo el mundo desde 2004.

La civeta, la sopa y la cueva de los murciélagos

Imagen: Se cierra un puesto de civeta en un mercado de Guangzhou (AP)

Y ahora tenemos que volver a ese plato exótico de la cocina cantonesa. Cuando la OMS comenzó a investigar los primeros casos, casi todas las pistas apuntaban a un mismo espacio: Guangdong. La razón: aunque los inicios del brote tenían a algunos agricultores entre las primeras víctimas, la gran mayoría eran manipuladores y cocineros de los mercados salvajes.

Tenía sentido. Pocos lugares podían servir de caldo de cultivo como las granjas que se amontonaban en estos espacios. Además, el resultado de las pesquisas confirmaba algo aún peor: los animales podían haber pasado la enfermedad a los humanos, pero las pruebas delataban que luego pasó de persona a persona.

Ahora bien, ¿de dónde vino? ¿Cómo comenzó todo? La pregunta había dejado perplejos a los científicos desde que el virus surgió por primera vez. Los virólogos que habían acudido para cazar el virus Sars creían que las fuentes más probables eran cerdos o pollos, pero los intentos de infectar a los animales con el virus tomado de humanos infectados fracasaron, lo que sugirió que debía venir de otra especie.

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Imagen: Una investigadora sostiene muestras extraídas de civetas en un mercado de Guangzhou (AP)

Finalmente, Yuen Kwok-Yung, un microbiólogo de la Universidad de Hong Kong, decidió examinar grandes cantidades de civetas y otros animales de caza. Descubrió que cuatro de las civetas de las palmeras enmascarada portaban un coronavirus que causó Sars. Los animales son comunes en China, India y Malasia.

El experto explicó que era poco probable que las personas se hubieran infectado al comer civetas. Sin embargo, el virus podía haber saltado a los humanos cuando los criaron, los mataron y los cocinaron para preparar la sopa de dragón-tigre-fénix.

Es decir, que aunque la comida se cocinara adecuadamente, eliminando así el virus, lo más probable era que, al entrar en contacto el cocinero con el animal salvaje infectado mientras se manipulaba aún vivo, este se habría infectado. Además, el investigador dejó claro que aquello era una advertencia para otras futuribles pandemias:

Si no se puede controlar el salto adicional de estos virus de animales a humanos, la misma epidemia puede ocurrir nuevamente, por lo que es muy importante que tengamos formas de controlar la cría, el sacrificio y la venta de estos animales salvajes.

Imagen: Un Rhinolophus sinicus como los analizados en la cueva (Libiao Zhang/Guangdong Institute of Applied Biological Resource)

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La duda, no obstante, seguía existiendo, ¿y si el virus saltó de otro animal a las civetas?

De hecho, tuvieron que pasar varios años antes de que en 2017, un grupo de investigadores chinos pudieran rastrear el virus a través de las civetas. Entonces sí, descubrieron por fin el origen del coronavirus: una cueva remota en la provincia china de Yunnan.

La noticia la publicó Nature explicando que los virólogos habían identificado una sola población de murciélagos de herradura que alberga cepas de virus con todos los componentes genéticos del que saltó a los humanos en 2002. Tal y como detallaban:

Imagen: Rhinolophus sinisés (Wikimedia Commons)

Un equipo dirigido por Shi Zheng-Li y Cui Jie del Instituto de Virología Wuhan en China tomó muestras de miles de murciélagos de herradura en lugares de todo el país. “El trabajo más desafiante fue localizar las cuevas, que generalmente se encuentran en áreas remotas”, explicó Cui. Después de encontrar una cueva en particular en Yunnan, suroeste de China, en la que las cepas de coronavirus se parecían a las versiones humanas, los investigadores pasaron cinco años monitoreando a los murciélagos que vivían allí, recogiendo guano fresco y tomando hisopos anales.

Secuenciaron los genomas de 15 cepas virales de los murciélagos y descubrieron que, en conjunto, las cepas contienen todas las piezas genéticas que componen la versión humana. Aunque ningún murciélago tenía la cepa exacta del coronavirus del SARS que se encuentra en humanos, el análisis mostró que las cepas se mezclan con frecuencia. La cepa humana podría haber surgido de tal mezcla, dice Kwok-Yung Yuen, un virólogo de la Universidad de Hong Kong que descubrió el virus del SARS: “Se debe felicitar a los autores por confirmar lo que se sospechaba”.

Así se ponía punto y final a una crisis de salud mundial que comenzaba en 2002 y parecía cerrarse más de un década después, en 2017. O casi, porque los investigadores que hallaron la cueva advertían que los ingredientes del virus estaban preparados para volver a surgir de una enfermedad similar.

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Nadie ha dicho que sea 2019-nCoV, y en realidad no hay evidencia alguna hasta ahora, pero seguramente China tiene en lo ocurrido la mejor lección sobre cómo manejar la crisis. 

Como declaraban los investigadores del SARS, “esta clase de virus, ¿mutará y se transmitirá más fácilmente? Que algo que comenzó en un lugar tan remoto pueda extenderse tan rápidamente por todo el mundo es simplemente aterrador”. [WHO, Nature, Wikipedia, New York Times, The Guardian, The Washington Post, CDC]