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Los nuevos auriculares de Skullcandy son lo más cerca que he estado de irme de fiesta desde que llegó el coronavirus

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: Julio Cerezo

Al igual que mucha gente de mi generación, me pasé la adolescencia pegado a unos auriculares. Tuvimos la suerte de vivir una corta época que coincidió con el boom de los Mp3 y los iPods donde las pantallas y los smartphones no lo habían dominado todo todavía. Aquellos dispositivos, en los que cabían apenas un puñado de canciones, —y los programas P2P, todo sea dicho— ayudaron a que descubriésemos infinidad de canciones y le cogiésemos gusto a eso de escuchar música.

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Prometo que este ataque de nostalgia y ñoñería millenial no es del todo gratuito. La cosa es que estas últimas semanas he estado probando los nuevos auriculares Crusher Evo de Skullcandy, y no he podido evitar pensar cómo los hubiese disfrutado de adolescente.

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Con esto no quiero decir que sean los mejores auriculares del mercado. No son los más cómodos, los que mejor aislan, ni su sonido es perfecto, pero tienen un pequeño detalle que los diferencia del resto y que los hace tremendamente atractivos: un pequeño deslizador que sirve para controlar la potencia de los graves. No pude evitar viajar mentalmente al pasado y acordarme de todas esas horas escuchando las canciones machaconas de Cypress Hill, Wu-Tang Clan o Headhunterz con los auriculares a todo volumen para vibrar con el sonido de los bajos.

¿Pero unos bajos rompedores y la capacidad para retrotraernos a la adolescencia son argumentos suficientes para comprarlos? ¿Qué mas cosas ofrecen los nuevos auriculares de Skullcandy que justifiquen su precio? Aquí va mi humilde opinión sobre los auriculares más divertidos que he probado en mucho tiempo (y sin más batallitas, palabra).

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Diseño y sonido

A simple vista no hay gran cosa que diferencie a los Crush Evo de otros tantos auriculares. Tienen unas almohadillas gruesas de espuma para las orejas, una banda metálica recubierta de plástico y ligeramente acolchada en la parte superior, y un acabado negro mate bastante discreto. Resultan cómodos, aunque quizás algo más pesados (312 gramos) y aparatosos de lo que me gustaría.

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En uno de los laterales tenemos tres botones cuya construcción plasticosa deja algo que desear, aunque cumplen con su cometido. Con ellos podemos controlar el sonido, cambiar de canción o convocar al asistente virtual del teléfono. Pero es en el otro lado donde se encuentra la magia de estos auriculares.

Con ese pequeño deslizador que ves ahí abajo, puedes controlar la potencia de los graves, y he de reconocer que jugar con él es una experiencia realmente divertida. Subir la palanca hasta arriba del todo para ver hasta donde llega el suculento sistema de “Haptic Bass” que incorporan, es bastante tentador, aunque acaba siendo poco práctico, ya que los graves se comen por completo al resto de frecuencias. Sin embargo, con apenas subir la pequeña palanca un poco, los resultados son espectaculares y es casi como tener un subwoofer detrás de la oreja. Si buscas unos auriculares para escuchar rap o techno, tienes que probarlos.

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Aparte de su potente sistema de graves, Skullcandy ha añadido una función interesante bautizada como “Personal Sound”, a la que podremos acceder a través de su app homónima. Cuando entres y emparejes tus auriculares la aplicación te pedirá permiso para realizar un test de audición. Si aceptas, comenzará a emitir una serie de pitidos en cada oreja y tendrás que indicar cuáles oyes y cuáles no. La app ecualizará el sonido en función de tus respuestas.

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He de reconocer que me falta oído para saber cuál es el truco detrás de esta función y cómo hace Skullcandy para que la música suene mejor, pero el caso es que el invento suele funcionar. Aparte de poder guardar tu perfil de sonido particular, también tendrás la posibilidad de elegir entre tres modos de ecualización predeterminados: películas, música o podcast

Lo malo: la aplicación de Scullcandy tiene problemas para encontrar los auriculares, incluso a pesar de que ya los hayas emparejado en el pasado. Este tipo de fallos son especialmente frustrantes, así que al final se quitan rápido las ganas de usarla. Ya lo hemos dicho en otras ocasiones: aquí todavía hay mucho trabajo por hacer.

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A la izquierda una de las pruebas de sonido que podemos hacer en la app de Skullcandy; a la derecha nuestro perfil guardado.
A la izquierda una de las pruebas de sonido que podemos hacer en la app de Skullcandy; a la derecha nuestro perfil guardado.
Imagen: Julio Cerezo

Batería y extras

Pocas pegas se le pueden poner a los Crusher Evo en el apartado de la batería. Pueden aguantar con 40 horas de reproducción a sus espaldas con una sola carga, y tras 10 minutos conectados a un enchufe tendrán energía suficiente como para resistir otras tres horas sin problema alguno.

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Otro añadido curioso es que cuentan con un dispositivo Tile en su interior. Básicamente, se trata de un rastreador que te permite ver dónde fue el último lugar en el que usaste tus auriculares y que también te puede emitir un pitido desde ellos que facilitará la tarea de encontrarlos. No es que sea una función imprescindible en unos auriculares, pero tenerla ahí tampoco está de más.

Para terminar de redondear el pack, Skullcandy ha incluido una bolsa de tela donde puedes guardar los auriculares y así estén a salvo de rayaduras y golpes innecesarios. Me parece una opción más cómoda para guardarlos y llevarlos conmigo que los estuches fijos que incluyen otras marcas, como los que vienen con los Sony WH–1000XM3.

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Si algo se echa en falta en estos auriculares es que no tienen conexión multidispositivo, por lo que si quieres alternar la reproducción entre tu móvil y tu ordenador, por ejemplo, tendrás que desconectarte manualmente de uno y conectarte después con el otro. Pero bueno, este es un problema que tienen incluso auriculares de un rango de precio mucho mayor.

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Hay que reconocer que discretos, lo que se dice discretos, no son. Bueno, y que posar no es lo mío.
Imagen: Julio Cerezo
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Conclusión

Sin duda, estos no son unos auriculares para audiófilos. Si mantenemos la barra de graves al mínimo, el sonido puede parecer algo plano. Y si la subimos demasiado, los bajos ahogarán muchos de los demás sonidos. Pero la verdad es que todo eso da igual. Cuando notas el retumbar de canciones como Territory, Facing The Sun o The Look  en tu cabeza, te olvidas de todo lo demás. Y estando como estamos... ¿A quién no le vendría bien un momento así?

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En resumen

  • Buen sonido, aunque no perfecto.
  • Los bajos son absolutamente rompedores. Los auriculares tienen un deslizador desde el que se pueden controlar la potencia de los graves que resulta tremendamente divertido.
  • Batería estelar con 40 horas de reproducción y carga rápida.
  • Son algo pesados y aparatosos.
  • La botonera podría estar mejor construida.
  • No tiene conexión Bluetooth multidispositivo.
  • La aplicación de Skullcandy sigue fallando más de lo que debería, aunque ofrece algunas opciones interesantes.
  • Vienen con una bolsa de tela perfecta para transportarlos.

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