Shibuya. Wikimedia Commons

Imagina poder desaparecer. No me refiero a nada que no tenga remedio, sino a eliminar nuestra identidad de un d√≠a para otro. Una opci√≥n donde el propio gobierno ofrece facilidades para ello, aunque necesitas un requisito: explicar cual es tu tragedia. Esto ocurre cada a√Īo con miles de ciudadanos en Jap√≥n.

En Tokio existe un distrito muy alejado al resto: Sanya. Está situado al sur, en los alrededores de Yoshino-dori. El barrio fue bastante famoso en los 60, pero con el tiempo fue cambiando (incluso de nombre) y se dividió en varios barrios.

Cualquiera que se adentre en esta zona percibir√° lo mismo: una regi√≥n con una cultura distinta a la capital, un √°rea llena de gente, pero donde casi nadie habla ni se conoce y, lo que es m√°s extra√Īo, parecen estar muy a gusto con esta situaci√≥n.

Esta peque√Īa zona de la urbe es una de muchas que podemos encontrar en Jap√≥n. All√≠ viven los denominados Johatsu (‚Äúevaporated people‚ÄĚ). Obviamente, no han desaparecido de la faz de la Tierra, pero su intenci√≥n guarda ciertas similitudes. Lo que un d√≠a fueron, ahora han dejado de serlo.

Advertisement

La mayor√≠a est√°n atormentados por la verg√ľenza de un trabajo perdido, o quiz√°s el fracaso repentino de un matrimonio, o una deuda que se hizo tan grande que era insostenible‚Ķ Sea como fuere, miles de ciudadanos nipones dejan atr√°s sus identidades y buscan refugio en el mundo an√≥nimo.

Sanya. Wikimedia Commons

Lo cuenta la pareja de periodistas y fot√≥grafos, L√©na Mauger y St√©phane Remael, en su libro The Vanished: The ‚ÄėEvaporated People‚Äô of Japan in Stories and Photographs. Una ventana de lo que ocurre con parte de la sociedad japonesa actual, aunque la historia de estas personas que huyen de la sociedad moderna por verg√ľenza se remonta a muchos a√Īos atr√°s.

Advertisement

Ichiro es una de esas historias. En los 80, él, maestro de artes marciales, y ella, dedicada por completo a su hijo, decidieron dejar Tokio, pedir un préstamo al banco y montar un restaurante a las afueras. Sin embargo, el mercado se vino abajo en muy poco tiempo, Ichiro se endeudó y decidieron hacer lo que hacen miles de japoneses: vendieron su casa, empaquetaron sus cosas y desaparecieron. Con una diferencia: lo hicieron para siempre.

Johatsu

Tokyo en la noche. Wikimedia Commons

Advertisement

Al parecer, desde mediados de la década de los 90, se calcula que al menos 100.000 hombres y mujeres japoneses desaparecen anualmente. Ellos son los arquitectos de sus propias desapariciones, desterrándose así de sus tragedias: divorcios, deudas, la pérdida de empleo, el fracaso de un examen.

Lo curioso de esta tendencia es que la gente puede desaparecer porque hay otra sociedad debajo de la propia sociedad japonesa. Seg√ļn Mauger:

Cuando las personas desaparecen, saben que pueden encontrar una manera de sobrevivir. Son almas perdidas pero, resulta que viven en ciudades perdidas de su propia creaci√≥n. La ciudad de Sanya es un ejemplo. Es una barriada dentro de Tokio, cuyo nombre ha sido borrado por las autoridades. All√≠, los Johatsu viven en min√ļsculas habitaciones de hotel, a menudo sin Internet o ba√Īos privados.

Advertisement

Los Johatsu han aumentado en Jap√≥n en momentos clave: con las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, cuando la verg√ľenza nacional estaba en su apogeo, y despu√©s de las crisis financieras de 1989 y 2008. En parte, la sombra de la econom√≠a ha surgido para servir a aquellos que quieren que nunca se les encuentre, aquellos que quieren hacer que sus desapariciones parezcan secuestros, o que sus casas parezcan haber sido robadas.

Cómo esfumarse

Gente acudiendo al trabajo en Japón. AP

Advertisement

Esfumarse es más parecido a una desaparición administrativa. Los Johatsu optan por cambiar sus nombres, direcciones y lazos de cualquier negocio. En Japón, este escape puede ser sorprendentemente fácil. Las leyes de privacidad japonesas dan a los ciudadanos libertad para mantener su paradero en secreto. De hecho, sólo en casos penales la policía puede extraer datos personales de las personas, y los familiares no pueden buscar en los registros financieros.

Se cree que todo empez√≥ a finales de los a√Īos sesenta. En la d√©cada de los 70 surgieron m√°s casos de j√≥venes trabajadores del campo y zonas rurales que hu√≠an de los empleos duros en las grandes ciudades. Mauger cuenta que Night-Time Movers es una de las compa√Ī√≠as encargadas de ‚Äúlimpiar‚ÄĚ una identidad.

Una pareja en un parque de Japón. AP

Advertisement

La compa√Ī√≠a se inici√≥ con un tipo llamado Shou Hatori, qui√©n dirig√≠a un servicio de mudanza hasta que una noche, en un bar de karaoke, una mujer le pregunt√≥ si pod√≠a hacer un arreglo para que ella ‚Äúdesapareciera, junto con sus muebles‚ÄĚ. La mujer le dijo que no pod√≠a soportar las deudas de su marido, que estaban arruinando su vida.

Hatori cobr√≥ 3.500 d√≥lares por esa primera mudanza. Desde entonces, su clientela ha crecido y hoy es enorme, pr√°cticamente con toda clase de personas y escalas sociales. Sin embargo y como cuentan los periodistas en su libro, cualquiera que sea la verg√ľenza que motiva a un ciudadano japon√©s a desaparecer, no es menos doloroso que el efecto boomerang que genera en sus familias, quienes a su vez est√°n tan avergonzadas por tener un familiar desaparecido, que finalmente optan por no denunciar a la polic√≠a.

Esta es la sorprendente historia de los Johatsu, otra v√≠a de escape a la presi√≥n japonesa, en este caso muy diferente a los karoshi, vocablo que sirve para definir a las personas que mueren por ataques card√≠acos u optan por el suicidio, en su mayor√≠a conducidos por el exceso de trabajo. [Time, NYPost, The Vanished: The ‚ÄúEvaporated People‚ÄĚ of Japan in Stories and Photographs]