En algunos lugares del mundo como Europa, ocurrirá a las 2 de la madrugada, en otros como Latinoamérica hacia el final de la tarde. La cuestión es que en ese momento los relojes atómicos de todo el mundo sumarán automáticamente un segundo extra para sincronizarse con el Sol. ¿Por qué ocurre?

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La respuesta es, en realidad, bastante sencilla pero sus orígenes son fascinantes y tienen que ver con cómo el ser humano ha medido el tiempo a lo largo de la historia. En Grecia utilizaban clepsidras, relojes de agua que dependían de lo que tardaban dos recipientes de agua en vaciarse y llenarse alternativamente. Funcionaban, claro, pero eran muy poco precisos.

La medición del tiempo a través de los siglos

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Siglos más tarde, en el XIX, los países más ricos del momento se reunieron en Washington para determinar de una vez por todas un meridiano que reemplazase a los múltiples que había entonces. Dicho de otro modo: adoptar un meridiano único y una manera universal, estándar, de medir el tiempo entre los distintos países. El elegido fue el meridiano de Greenwich, debido al Real Observatorio de Greenwich, fundado dos siglos atrás, y uno de los más importantes del momento. La elección dejó fuera, curiosamente, a algunos países como Francia que siguieron utilizando el meridiano de París durante algunas décadas más.

De los acuerdos resultantes tras la Conferencia Internacional del Tiempo en Washington y la adopción del meridiano de Greenwich se planteó el Greenwich Median Time (GMT) y se acordó que sería la “Hora Universal” (UT, de Universal Time), también conocida como Hora Zulu en términos militares. Hacia la izquierda, por cada meridiano se quitaba una hora, hacia la derecha se sumaba.

Pero pasó el tiempo (esto es un chiste) y a mediados del siglo XX llegó un descubrimiento científico importantísimo: el reloj atómico. El primer reloj atómico se construyó en Estados Unidos cuando los físicos observaron un proceso que era extremadamente regular, la resonancia magnética que se produce a niveles atómicos. Los primeros no eran mucho más fiables que los analógicos de la época funcionando con cuarzo (lo siguen utilizando, de hecho, es el “Quartz” que puede leerse aún hoy en muchos de ellos, pero poco a poco fueron perfeccionándose.

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Relojes atómicos y dolores de cabeza

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En 1967 ya eran tan precisos que la Oficina Internacional de Pesas y Medida determinó que la frecuencia de vibración atómica determinaría el nuevo estándar. Así, el segundo pasó a corresponderse con 9.192.631.770 ciclos de radiación de un isótopo de Cesio-132 a -273 grados bajo cero. Había nacido un nuevo estándar, el Tiempo Atómico Internacional.

La adopción de el Tiempo Atómico Internacional puso en evidencia que medir el tiempo en base al paso del Sol por un lugar determinado (Greenwich) era en realidad una poco chapuza. La Tierra lleva, en realidad, su particular ritmo de rotación y además se ve afectada por fuerzas como la de las mareas que la van “frenando”. Influyen también la luna, cuya gravedad “tira” de la Tierra y las fuerzas tectónicas. La perfección imperfecta.

Este hecho dio lugar a otro problema, el derivado de la existencia conjunta del Tiempo Atómico Internacional y la Hora Universal (UT). Por diversos motivos, no es 100% posible prescindir de UT (lo utilizan los marinos, entre otras cosas) así que se creó un “estándar de estándares”, el Tiempo Universal Coordinado (UTC). El UTC es, en esencia, un mix entre ambos que se corrige a mano cuando es necesario para ajustar las variaciones entre la rotación de la Tierra y el Sol. Dicho de otro modo, los relojes atómicos son demasiado precisos hasta para la mismísima Tierra.

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¿Por qué ocurre?

UTC nunca puede variar más de 0,9 segundos del tiempo Universal (UT), y cuando eso ocurre porque la rotación hace de las suyas y aumenta esa diferencia, es necesario añadir o sustraer un segundo extra, un procedimiento que se realiza normalmente en diciembre o en junio, como es el caso.

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La medida puede parecer inocua, y de hecho lo es en gran parte, pero en algunos ámbitos como el de los sistemas informáticos acaba suponiendo en realidad un pequeño dolor de cabeza. El último ajuste, en 2012 y que tocó aquella vez en diciembre/enero, provocó la caída de sitios como LinkedIn, Reddit e incluso nuestra querida Gawker Media.

Esta vez el cambio no ha pillado con la guardia baja y la mayoría de sitios ya han tomado precauciones. Google, por ejemplo, está añadiendo manualmente lotes de milisegundos a lo largo del día para que cuando llegue el momento la transición sea inexistente, la bolsa de Nueva York ha decidido que hoy cerrará antes para dejarse de complicaciones.

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La manera en la que medimos el tiempo es, en realidad, una simple invención humana, una manera de medir algo perfecto con métodos que siempre serán imperfectos. Cuando eso ocurre, nada como corregir a mano con métodos de la vieja escuela.

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