Imagen: Leaf Brands.

Las galletas de Hydrox debutaron en 1908, fabricadas por Sunshine Biscuits cuatro años antes que las Oreo. Sin embargo, cuando piensas en una galleta negra rellena de crema, sólo piensas en Oreo. Aunque ocurrió hace casi un siglo, su historia es la del paradigma de una buena marca: da igual quién llegara antes, lo importante es a quién recuerda el comprador.

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Una marca registrada es un tipo interesante de propiedad. Es diferente de una patente, o de poseer los derechos de una canción. Una marca puede ser una sola palabra, un lema, un logotipo, o todo lo anterior. Representa todas las cosas que hacen que el negocio sea distinto y reconocible, lo que lo distingue. Sirven para dos propósitos: evitar la confusión en los consumidores, por un lado, y desalentar a competidores, por otro.

No hay nada mejor que ser la marca por defecto de un producto. Aspirina, por ejemplo, lo sabe: cuando alguien tiene dolor de cabeza piensa que por defecto lo que necesita es una aspirina. No se le viene a la mente otra cosa. Cualquiera que intente entrar en el mercado deberá competir con ese nombre y, a más bueno y fuerte sea tu nombre, más difícil lo tendrá el competidor.

Imagen: Sitio de la antigua panadería Sunshine Biscuits, ubicada en Oakland, California. CC/ Darin Marshall.

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Hydrox no era, probablemente, un buen nombre

En 1902, un hombre de negocios americano, Jacob S. Loose, compró una compañía de galletas y dulces que eventualmente sería conocida como Sunshine Biscuits y posteriormente lanzó las galletas conocidas como Hydrox.

El nombre, pensaban, supondría una reminiscencia de la pureza del producto. Intentaban recordar al agua. Mala idea pues, a la hora de la verdad, implicar el hidrógeno y el oxígeno tuvo una connotación más química que comestible. Evoca, de hecho, al peróxido de hidrógeno, un producto que probablemente no quieres beber.

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Tampoco ayudó que ya existiera en el mercado la Hydrox Chemical Company —laboratorios que fabrican precisamente productos con peróxido de hidrógeno— para hacer de referencia. O que incluso hubiese un juicio de marca en ese momento entre estas dos empresas por el uso de la palabra “Hydrox”.

Oreo lo hizo mejor

Entonces llegó Oreo. Fue una de las tres galletas introducidas por Nabisco el 2 de abril de 1912 (las otras dos se llamaban Mother Goose y Veronese). Aunque al principio Sunshine Biscuits supo plantar cara competitivamente hablando (digamos que Jacob Loose murió rico), para finales de los 90 la mayoría de la gente daba por hecho que Hydrox no era el producto original sino el nuevo, el segundo, el forastero…

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Imagen: Hydrox originales. CC/ Historical Society.

“El nombre demostró una desviación tan grande que Hydrox sólo tuvo 4,2 por ciento de las ventas de Oreo en 1998”, afirma Ellia Kassoff, CEO de Leaf Brands, LLC., la compañía que actualmente vende las galletas Hydrox. “Trataron de cambiar el nombre, por supuesto, las llamaron galletas Droxies, pero el cambio no fue suficiente ni llegó a tiempo”.

Al final, Hydrox pasó por una lista enorme de manos. Resumiendo: Sunshine Biscuits fue comprada por Keebler en 1996, y en 1999 estos reemplazaron el nombre de Hydrox a Droxies. Keebler fue adquirida posteriormente por Kellogg’s en 2001 y estos retiraron las Droxies del mercado en 2003.

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Imagen: Hydrox®. Leaf Brands.

Actualmente Leaf Brands, de Newport Beach, California, quien fue una vez el cuarto productor de caramelos más grande de Norteamérica, las comercializa de nuevo desde 2015 con la fórmula original.

Leaf se dedica a traer de vuelta productos icónicos y clásicos, así que podría decirse que explota el último resquicio que queda de la nostalgia. Según comenta su gerente: “Nuestro enfoque en Leaf no es obtener ganancias a gran escala con esta marca, sino dar a las personas las experiencias que recuerdan”.

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