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El V-22 Osprey es uno de los aviones más fascinantes que existen. Mitad helicóptero, mitad avión, el objetivo es que reúna le mejor de ambos mundos en un aparato que tiene la precisión de uno con la velocidad de crucero y el aerodinamismo del otro. Ver cómo despliega sus hélices es lo más parecido que existe a un Transformer real.

El proceso es todo un espectáculo, pero una vez acaba la pregunta más inmediata es ¿Por qué? ¿Por qué pasar por todos esos pasos complejos para retraer las hélices del Osprey?

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La foto de abajo de una pista el V-22 fue construido para operar en portaaviones (donde el espacio es un lujo) y sobre todo se ideó como sustituto de su predecesor, el famoso helicóptero de doble hélice CH-46 Phrog, igual de espectacular pero mucho más compacto.

Dicho de otro modo, y como explican en Foxtrot Alpha, el Osprey es una máquina mucho más compleja y hasta cierto punto ineficiente por haber sido diseñada para estas características y para entornos anfibios tierra-mar. Mientras siga siendo así de espectacular, con todo, a mucho nos vale.

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Ya sea desplegando las hélices, con gafas de visión nocturna o aterrizando en medio del desierto en los Balcanes o como particular ejemplo del efecto de Kopp-Etchells las imágenes que suele dejar el Osprey son espectaculares.

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Su sucesor ya está en camino, el V-280 Valor de Bell Labs y que no difiere mucho de algunos aviones de la ciencia-ficción:

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