La antimateria es una forma de materia que surge como oposición a la materia común y está constutuida por antipartículas. La teoría es algo compleja y requiere algunos conocimientos de Física de partículas pero la esencia, y lo que nos interesa conocer en nuestro caso, es que cuando una partícula y una antipartícula se juntan se aniquilan mutuamente. No se destruyen (puesto que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma) sino que sufren una transformación que da lugar a fotones de alta energía.

La antimateria apareció por primera vez en los cálculos del Nobel Paul Dirac en 1928. Unos años más tarde, en 1932, se descubrió el positrón (la antipartícula del electrón) y posteriormente se descubrirían también el antineutrón y antiprotón.

Desconocemos con exactitud por qué no se conocen grandes estructuras de antimateria, lo interesante sin embargo es que en 2011 un grupo de científicos consiguió crear 300 átomos de antihidrógeno y almacenarlos durante 1000 segundos, casi 17 minutos.

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Algunas de las particularidades detrás de este logro son, por ejemplo, que la antimateria es la sustancia más cara del planeta, con un coste aproximado de 63000 millones de dólares. Lo interesante, sin embargo, es preguntarse cómo es posible almacenar antimateria durante un periodo de tiempo relativamente tan prolongado si, como mencionaba, la antimateria y la materia se aniquilan al más mínimo contacto.

Esquema de una trampa iónica.

La respuesta está en los campos electromagnéticos. Algunos dispositivos como una trampa de Penning (del inglés Penning Trap), más conocidas en español como trampas iónicas, permiten usarlos para crear una zona "muerta" en el centro donde es posible almacenar antimateria. ¿Por qué desaparece la antimateria entonces? Principalmente porque es muy inestable, la mayoría de antipartículas se destruyen en nanosegundos.

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Las trampas iónicas son la manera más común de almacenar no sólo antimateria sino también los qubits utilizados en la computación cuántica. Aunque son efectivas, parece que por el momento estamos muy lejos de que la antimateria sea considerada una opción válida tanto por su coste como por lo complicado que es manipularla. Sus posibles usos, sin embargo, van desde tratamientos oncológicos, siendo 4 veces más efectivos que los métodos actuales eliminando células cancerosas, al combustible para cohetes, puesto que genera una reacción cuya energía es diez mil millones de veces mayor que la producida por una reacción química, la que se usa en los cohetes actuales.

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