Imagen: Wikimedia Commons

Dejar entre un 15 y un 25% de propina en los restaurantes de Estados Unidos no es una cuestión de costumbre: es lo que debes hacer para que el mesero tenga unos ingresos dignos en lugar de un salario por debajo de la línea de pobreza. Lo que muchos estadounidenses no conocen es el pasado racista de esta práctica.

Dar propina se consideraba una costumbre antidemocrática y poco americana hasta que empezó a extenderse entre los ricos de Estados Unidos tras la guerra de Secesión, a mediados del siglo XIX. La propina, que había sido inventada por los aristócratas europeos en el siglo XVII, se convirtió en un hábito popular de los acaudalados americanos en su trato con los esclavos negros recién liberados.

Los antiguos esclavos se habían mudado a las grandes ciudades en busca de trabajo, pero solo habían conseguido puestos “no calificados” entre los que destacaba el de mesero de un restaurante. Ahora una investigación realizada por la autora Saru Jayaraman y Teófilo Reyes, del Restaurant Opportunities Centers United, revela cómo los propietarios racistas de esos restaurantes usaban las propinas como una forma de emplear a los negros sin tener que pagarles ningún salario.

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Para colmo recibían la complicidad de los clientes, quienes acabaron aceptando la nueva práctica porque creían que era natural dar propina a sus “inferiores”. Así lo refleja esta cita de un reportero publicada en 1902, solo una muestra de la actitud racista y clasista que imperaba en aquella época:

Nunca había conocido a un sirviente que no fuera negro. Los negros aceptan propinas, por supuesto; uno espera eso de ellos, es una muestra de su inferioridad. Pero dar dinero a un hombre blanco me resultaba embarazoso.

En 1880, los trabajadores negros representaban casi la mitad de la industria hostelera, así que con el tiempo las propinas se convirtieron en una norma. Fue concretamente en 1939 cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó la primera ley de salario mínimo, que permitía a los estados establecer un sueldo más bajo para los trabajadores que recibieran propinas.

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Hoy en día el salario mínimo para las personas que reciben propinas es de 2,13 dólares la hora, que es precisamente el salario mínimo que establecen 17 estados distintos para los meseros de los restaurantes. Sí, muchos de los empleados de tus restaurantes de comida rápida favoritos cobran $2,13 la hora y dependen completamente de las propinas para sobrevivir.

Pero lo peor de esta historia es que el racismo siga muy ligado a la polémica costumbre estadounidense de vivir de las propinas, y es que los trabajadores que no son blancos se llevan a casa un 56% menos de propina que sus compañeros blancos. Quizá sea hora de pagarles un salario completo, como ocurre en buena parte del resto del mundo.