Ayer decidí eliminar mi cuenta de Foursquare. No me refiero a dejar de usarlo por un tiempo, sino a borrar completamente mi perfil, y abandonar para siempre la red social de localización por excelencia. Las razones son variadas y completamente personales, pero fundamentalmente se reducen a una: me he hartado de la gamificación.

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Me di de alta en Foursquare atraído, como tantos otros, por la moda de turno, y lo cierto es que me pareció buena idea disponer de un servicio en el que guardar de una manera fácil y rápida los lugares que visito que más me gustan.

En qué consiste

Por explicarlo de forma breve a los que no la conocen (puedes ir directamente al siguiente punto si ya estás familiarizado con ella), Foursquare es una aplicación que permite llevar un registro de los lugares que visitamos, sean restaurantes, bares, hoteles, aeropuertos, puertas de embarque o hasta jardines y playas. El programa utiliza el GPS del móvil para ofrecernos una lista de lugares cercanos en los que registrar nuestro paso pulsando un simple botón de Check-in. También es posible crear nuestros propios lugares, añadir fotos, comentarlos, o colgar consejos sobre ellos para otros usuarios.

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El programa experimentó todo un boom en 2010. Foursquare dispone de su propia red de contactos a los que seguir, pero su conexión con Twitter, o Facebook también permite a los usuarios comunicar a sus amigos en estas redes todas sus correrías. Como toda red social que se precie, tiene un componente importante de ego. No es lo mismo registrarnos en un McDonalds que en el restaurante de lujo de turno.

Foursquare se vale también de un adictivo sistema de gamificación. Cuantos más check-ins hacemos, más puntos coleccionamos con los que aventajar a nuestros amigos en el ranking. Además, registrarse en determinado número de lugares o bajo ciertas condiciones permite ganar condecoraciones, llamadas badges. Visitar cinco aeropuertos, por ejemplo, nos da la medalla Jetsetter, mientras que hacer check-in en varios puntos destacados de una ciudad nos da la medalla de esa población. Igualmente, si nos registramos mucho en un mismo lugar, podemos ser declarados 'Alcaldes' virtuales del mismo.

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¿Te acuerdas de cuando usabas Foursquare?

Si te has incorporado hace poco a Twitter o Facebook, es posible que hayas oído hablar muy poco de Foursquare, la razón es que el abuso de check-ins compartidos generó un cierto movimiento de repulsa hacia la aplicación.

Poco después de la fiebre de Foursquare en Facebook y Twitter, muchos usuarios vertieron comentarios muy sarcásticos sobre los usuarios que estaban todo el maldito día compartiendo los lugares que visitaban. Algunos puntos especialmente frecuentados por los 'gurús', como la Terminal cuatro del aeropuerto de Barajas, en Madrid, propiciaron hasta la aparición de vengativos bots en Twitter que al mensaje 'Estoy en la T-4', respondían automáticamente con 'En tu culo mi aparato'. Claramente, nos estábamos geolocalizando por encima de nuestras posibilidades, o de la paciencia de la comunidad.

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Personalmente, esto de compartir públicamente mi localización dejó de tener su gracia el día en que un desconocido me abordó en un pub de Barcelona, en plena feria Mobile World Congress, para contarme un proyecto de software suyo tras ver que había hecho check-in en ese establecimiento. Aunque el caso no revistió más gravedad que una cita en un stand al día siguiente, me abrió mucho los ojos sobre el hecho de que compartir continuamente tu posición puede no ser tan buena idea. A medida que pasó el tiempo, dejé de compartir en Facebook o Twitter la mayoría de mis check-ins, y otros tantos hicieron los propio. Foursquare dejó de ser el último grito chic 2.0 para convertirse en algo 'muy del año pasado'.

La app de geolocalización que no sabe dónde estás

Con todo, seguí utilizando Foursquare hasta hace unos días, cuando me sorprendí a mi mismo perdiéndome unas espectaculares vistas desde el castillo de Edimburgo por estar mirando al móvil mientras esperaba a que la condenada aplicación me localizase para poder hacer check-in.

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No es la primera vez que me pasa. Resulta que Foursquare no es, ni de lejos, la mejor aplicación para explorar nuevos lugares. De hecho, puede ser desesperantemente lenta, a menos que estemos conectados a una red WiFi, algo que no suele ser posible en la mayor parte de lugares.

He notado esa lentitud de respuesta de la aplicación desde hace tiempo, tanto en Android como en Windows Phone o en iOS, pero siempre se me olvidaba chequear el problema hasta que vuelvo a viajar, que es cuando más uso sus servicios. El problema no es de GPS. Como podéis apreciar en las capturas adjuntas, la aplicación reconoce perfectamente donde está (en este caso una de las terminales del aeropuerto de Heathrow). El problema es que la lista de lugares cercanos no carga. Cuando nos conectamos a una red WiFi, la citada lista sale en unos pocos segundos, aunque tampoco es raro que lo que aparezca sean los establecimientos cercanos al último punto donde hicimos Check-in, incluso aunque esté a miles de kilómetros.

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Sin WiFi a mano, la lista de lugares cercanos puede demorarse por un período de entre unos pocos minutos a nunca. En el mismo punto donde Foursquare falla como una escopeta de feria, Google Maps, Google +, Facebook o Tripadvisor proporcionan su lista de lugares en unos segundos, sea bajo 3G, o WiFi.

El problema parece ser muy aleatorio y algunos aseguran que depende del país en el que estés, del operador al que estés conectado, y del sistema operativo y móvil que utilices. Con todo, si un servicio de localización funciona y otro no en el mismo momento y lugar, pocos balones se pueden echar fuera. Lo que fallan son tus servidores, amigo.

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¿Qué nos queda?

Podría perdonarle a Foursquare su lentitud y ocasional inoperatividad si a cambio me ofreciera algo realmente valioso, pero ¿Qué es lo que me da al final? Una interfaz poco usable, consejos malos y fotos peores colgadas por otros usuarios, pérdida de privacidad, y unas relucientes medallitas y alcaldías virtuales que no le importan a nadie salvo, quizá, a otro usuario de Foursquare. ¡Ah! sí, también hay esporádicas promociones en algunos establecimientos si mostramos el móvil con el Check-in, pero no son tan sustanciosas como para que merezca la pena el esfuerzo.

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Puestos a obtener información de un lugar que visitar, o un buen restaurante en el que cenar, Yelp, Tripadvisor o Minube son tres aplicaciones infinitamente más valiosas. Aunque las tres son competentes, mi favorita con diferencia es Tripadvisor por su rapidez, y por su volumen de información. La app incluso es capaz de guiarnos hasta un establecimiento concreto o darnos sus teléfonos, algo que ya quiesiera hacer Foursquare. Me sigue gustando llevar un registro de mis lugares favoritos, pero creo que hay maneras mejores, más eficientes y, sobre todo, que consumen menos tiempo.

Jugar por jugar no, gracias

Foursquare no es la única aplicación de gamificación que he abandonado en los últimos años. Ya he dejado otras antes como GoMiso, un software cuyas dos únicas habilidades consisten en permitirte llevar un registro de las películas y series que ves, y lograr que se te enfríen las palomitas.

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Mi salida de Foursquare marca el fin de la última aplicación de gamificación que quedaba en mi dispositivo, y me lleva a reflexionar sobre esta nueva herramienta de valor añadido llamada gamificación, juguetización o ludificación. Al final, y como ocurre con el SEO, las nuevas herramientas social media deben utilizarse con mucha precaución, y estar respaldadas siempre por algo tangible qué ofrecer. Añadir un componente de competición y juego a un servicio online es una buena idea, pero ello no debe descuidar el que haya una utilidad real porque, para quemar mi tiempo jugando, ya tengo las consolas y el PC.

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