Resulta curioso cuando para elaborar la crítica de un juego no puedes hablar, precisamente, de lo mejor del mismo. En el caso que hoy nos ocupa, Firewatch, eso es su historia. Una historia increíble, absorbente y bien contada. Con un diseño artístico soberbio y con ideas muy ingeniosas, sí, pero sobre todo una gran historia.

Nota: como precisa el primer párrafo, esta es una review 100% libre de spoilers, ni tan siquiera de pistas sobre la trama, puedes leer tranquilo.

¿Qué es Firewatch? Es una aventura en primera persona que te pone en la piel de Henry, un cuarentón con un pasado dramático que decide prestarse como voluntario a ejercer como vigilante de incendios en el Parque Nacional de Soshone, en Wyoming, Estados Unidos. Allí descubre, vía walkie-talkie, que su jefa es Delilah, una mujer algo dicharachera con la que conversa continuamente a través de las ondas.

Firewatch es, en esencia eso, la relación entre dos personas que se va desgranando poco a poco a partir de sus diálogos, diálogos que puedes elegir para establecer el tipo de relación que quieres con Delilah. Cuando crees que has pillado el “truco” al juego, es cuando la historia comienza a complicarse y la relación comienza a trastabillar. ¿Quién es, realmente, Delilah? ¿Quién más hay en el bosque? ¿Por qué hay partes de la historia que, simplemente, no encajan?

Es complicado describir qué tiene exactamente Firewatch que lo hace tan atractivo sin volver a caer en el mismo argumento: es una historia increíble. Contada con delicadeza, con ingenio y con unas mecánicas que la multiplican, en cierto sentido. La dirección artística, a cargo de Olly Moss, funciona de maravilla estableciendo el tono y el ambiente para cada momento del juego, para cada instancia de esa historia. El sonido ambiental, que cambia según entramos y salimos de la cabina de observación, por ejemplo, o según las zonas del bosque, es también de una factura exquisita. El doblaje es, directamente, el mejor que había visto en un videojuego probablemente desde GTA (aviso: está exclusivamente en inglés, con subtítulos). Y... eso es todo, Firewatch no tiene mucho más porque no le hace falta.

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La historia, y el bosque con ella, está lleno de misterios de los cuales, con unas cuantas horas a mis espaldas calculo que todavía no he descubierto ni la mitad. Firewatch es una gran historia por el placer de contar una gran historia, que no es poco.

¿Tiene fallos? Los tiene, algunas partes se hacen demasiado lentas, ciertas partes de la interfaz son confusas y no siempre está muy claro lo que hay que hacer (aunque ese detalle precisamente le aporta algo de gracia, la sensación de estar “perdido” en medio de la nada). Cuando hay que recorrer el bosque de punta a punta acaba por hacerse bastante tedioso, pero la mayoría de “peros” y puntualizaciones acaban ahí. En PlayStation 4, la versión que yo he probado, hay ciertos tirones en los gráficos de vez en cuando. Nada grave, pero notable.

¿Debería jugarlo?

No juegues Firewatch si buscas una experiencia multijugador o el ritmo más o menos frenético que tienen la mayoría de títulos triple A del mercado. Es un juego que se disfruta con calma, con detenimiento.

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Juega Firewatch si te gustan las aventuras de un jugador, rejugables, exquisitamente contadas y los misterios. Bajo cierto punto de vista, Firewatch es más una experiencia que un juego. Esta última frase suele usarse para vender títulos que acaban siendo un auténtico despropósito, pero créeme, no es el caso. Tampoco es caro ($20 dólares, 2o€) para lo que contiene y está disponible para PlayStation 4, PC, Mac y Linux, si tiene éxito sus responsables lo llevarán también a Xbox One.

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