El pasado 21 de agosto de 2017 tuvo lugar un eclipse total de Sol que atravesó los Estados Unidos. Una mujer, emocionada por ver tan majestuoso acontecimiento, miró al cielo sin usar gafas especiales que protegieran sus ojos. En apenas seis segundos consiguió un daño irreparable en su visión.

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Ese día millones de personas viajaron para ver el eclipse, y algunos incluso lo presenciaron desde el cielo. Esta mujer lo hizo sin proteger sus ojos, y después de sentir dolor lo volvió a intentar usando gafas especiales de protección, pero era demasiado tarde. Tres días después fue a ver a un médico en la enfermería del ojo de Mount Sinai en Nueva York, y tras realizar exámenes se descubrieron varias lesiones en sus dos ojos.

El ojo después de mirar directamente al Sol. (Imagen: JAMA Ophthalmology)

Más allá de lo lamentable del caso para esta mujer, esto ha servido para conocer exactamente el tipo de daño y lesiones que puede sufrir un ojo cuando miras directamente a nuestra estrella, como lo detalla el estudio publicado en la revista científica JAMA Ophthalmology. Aunque el Sol estaba cubierto en un 70% por la Luna al momento de que lo observara, sufrió lesiones en sus dos ojos, dejando daños permanentes en sus retinas, en especial la de su ojo izquierdo. Sus fotorreceptores quedaron lesionados para siempre.

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Lamentablemente no existe un tratamiento para corregir estos daños oculares, al igual que lo pudo comprobar aquel anciano que vio directamente al Sol durante el eclipse de 1962 y quedó con daño permanente desde entonces. Aún así, quizás este caso ayude a entender mejor las consecuencias. [JAMA Ophthalmology vía Verge]